Modulación descendente

El dolor es ese sentimiento que todos conocemos, por haberlo vivido en alguna ocasión y que expresa en la conciencia un estado evaluativo de daño consumado, inminente o imaginado.

El sonido de la sirena de un dispositivo de seguridad es ese sonido que todos conocemos por haberlo sentido alguna vez y que expresa en la conciencia de quien lo oye un estado evaluativo de suceso violento consumado, inminente o imaginado por el sistema, no por el individuo.

Hechas las pesquisas correspondientes, podemos evaluar lo sucedido como alarma justificada y productiva o como falsa alarma, es decir, como un error evaluativo.

La incidencia de falsas alarmas (errores evaluativos) en nuestra especie es más que notable, por más que dichos errores queden camuflados como etiquetas diagnósticas de supuestas enfermedades: migraña, dolor crónico, fibromialgia…

Para explicar esa impresionante tasa de error se inculpa a la genética, eventos emocionales mal gestionados, toxicidad ambiental, dietas inadecuadas, estrés o personalidades maldaptadas al trajín psicológico de la “vida moderna”.

La red neuroinmune que evalúa amenazas no es que se equivoque sino que estaría alterada, por la confluencia de todos esos factores.

Hay muchas evidencias a favor de ello, se argumenta. Una de ellas es que la “modulación inhibitoria descendente del dolor”, es decir, los opiáceos endógenos que el cerebro libera en la médula espinal para facilitar o impedir el flujo de información de los tejidos en apuros, no funciona adecuadamente.

En condiciones normales, el cerebro puede liberar esos opiáceos y así, aunque haya destrucción de tejidos (nos persigue el león), la información que generan esos tejidos dañados, codificada en trenes de señales eléctricas, se bloquea en la médula gracias a los opiáceos liberados por orden cerebral. Las áreas que generan sufrimiento no reciben esa información y actúan como si nada sucediera. De ese modo podemos seguir huyendo, aunque resultemos dañados.

La “modulación inhibitoria descendente” ha funcionado. Hemos salvado el pellejo, gracias a los opiáceos que han bloqueado la información.

Cuando se produce la situación contraria, no hay león, no hay daño consumado ni inminente, duele y mucho. ¿Por qué?

Se revisan en cada etiqueta diagnóstica cómo funcionan esos mecanismos de “modulación del dolor”, por ejemplo los opiáceos internos, y resulta que “no funcionan adecuadamente”. No se liberan cuando los valoramos experimentalmente.

Por eso, entre otras cosas, duele. Eso dicen.

Pienso que es justo lo contrario. Funcionan perfectamente, pero al servicio del estado evaluativo de ese momento, lugar y circunstancia.

Si está activado un estado evaluativo de amenaza lo lógico es que se eliminen vendas de los ojos, tapones de los oídos y de las narices, para captar cualquier indicio de confirmación de la amenaza. Cualquier información sensorial puede informar.

La modulación inhibitoria descendente se bloquea y se activa la excitatoria descendente, que también existe. Es lo lógico, si se evalúa amenaza.

En las etiquetas de daño imaginado, error evaluativo, todo tiene sentido, si persiste el error.

Un estado de alerta-protección eliminará las sordinas y sensibilizará todo lo sensibilizable para dar con lo peligroso.

Si la proyección a la conciencia del sentimiento doloroso es valorado como la consecuencia de un fallo de la “modulación inhibitoria descendente” y no como la consecuencia lógica, perfectamente funcional, de un error evaluativo no detectado ni corregido, persistirá el bucle del sesgo de confirmación, favoreciendo una dinámica de progresión del problema.

El organismo no está enfermo ni se ha vuelto loco, hipersensible. Sencillamente actúa desde una evaluación errónea y no puede cambiar la dinámica de la pescadilla… a no ser que facilitemos información al sistema que permita detectar y corregir el error.

Ese es el fundamento de los abordajes pedagógicos: Educación en Biología Neuroinmune y exposición gradual a la actividad normal, requisada por el estado persistente de error evaluativo.

Hay algo mucho más mortificador e invalidante que una enfermedad real: una imaginada, vivida como enfermedad misteriosa e irreversible.

Un error evaluativo es algo tan biológico como el mecanismo de los opiáceos. El no ser consciente de ello puede bloquear la resolución del error.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
Esta entrada fue publicada en Medicina y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Modulación descendente

  1. Usaola dijo:

    En el momento actual de conocimiento científico de esas enfermedades, su rintintin eterno de imaginarlas imaginarias es un prejuicio perjudicial y un atentado sangrante a la dignidad e inteligencia humanas.

  2. Marcos dijo:

    Imaginarias? Dónde y cuándo se ha dicho eso en este blog?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s