El músculo no se estira, se relaja

Los músculos son estructuras biológicas complejas, especializadadas en generar acortamiento cuando reciben la orden de hacerlo, vía estímulo nervioso de una motoneurona. Mientras persiste la orden se acortan y relajan. Si dejan de recibir el impulso nervioso, dejan de contraerse y quedan relajados.

La contracción (acortamiento) del músculo se produce por deslizamiento de una proteína (miosina) sobre los carriles de actina. La miosina dispone de unos cabezales a modo de remos que se anclan en la actina y tiran hacia el interior. La liberación de calcio, como consecuencia de la recepción de la orden nerviosa, pone en marcha el proceso, con consumo de energía (ATP). Para devolver la miosina a su posición inicial debe recapturarse el calcio y devolverlo a sus depósitos, consumiendo también energía (ATP). Si desaparece el calcio, porque ya no hay orden nerviosa, la actina se recompone espacialmente y los cabezales vuelven a su posición inicial. El músculo se ha relajado.

La contracción y relajación son, por tanto, dos procesos activos que se producen uno tras del otro mientras llega orden motora. Las fibras musculares no quedan atrapadas en fase de contracción y sólo un estiramiento podría desenganchar la miosina de la actina. Eso sólo sucede en el rigor mortis y en raras enfermedades musculares. La falta de relajación se denomina miotonía y, como digo, sólo sucede en alteraciones congénitas musculares, raras.

Al “estirar” el músculo podemos conseguir un aumento del recorrido articular, gracias a que hemos alargado (relajado) un músculo previamente acortado (contraído) pero ello es posible porque hemos reducido el número de impulsos nerviosos que mantenían activo  (calcio liberado) el proceso de “remo” de la miosina sobre la actina.

Al “estirar” (alargar) un músculo acalambrado no desenganchamos nada. Simplemente generamos un estímulo de tensión en los receptores de Golgi y estos receptores inducen un reflejo de inhibición de la orden nerviosa que contrae ese músculo acalambrado.

Los músculos no se estiran. En todo caso se rompen sus fibras, a veces, si el estirón sobrepasa la capacidad de protección de los sensores de alargamiento y tensión.

El “estiramiento” del músculo es pura relajación, es decir, un proceso neuromuscular. Reducimos la orden de acortamiento (contracción) y el músculo se relaja, se alarga.

Contractura, estiramiento muscular.

Mejor, contracción, relajación neuromuscular.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a El músculo no se estira, se relaja

  1. Laura Pacheco dijo:

    Según su opinión, el estiramiento actúa sobre el componente contráctil del músculo (actina miosina.
    En mi opinión, también sobre las estructuras conjuntivas .
    Por su exposición, si se rompen las fibras con el estiramiento, siempre que hiciéramos estiramientos activos sea dinámicos, o activos con contracción y alargamiento del agonista (tensión activa) tendríamos una micro lesión -dígase DOMS- aunque el sujeto esté entrenado?
    Gracias por su atención

  2. Laura: estirar es un verbo utilizado por profesionales y ciudadanos. En estiramiento pasivo tratamos de aumentar el rango de recorrido articular. Si lo conseguimos, probablemente es porque hemos relajado los músculos que se oponen al “estiramiento”. Las resistencias a la libertad articular tienen más que ver con patrones centrales que con condiciones locales, viscoelásticas. Normalmente el proceso biológico de la contracción-relajación de los sarcómeros está bien protegido por un aprendizaje digamos sensato. Los sensores de elongación-tensión afinan los patrones de reclutamiento, junto con vías de modulación local (colateral de neurona motora a la célula de Renshaw) o central (circuitos inhibidores).
    Lo que quiero resaltar en estas entradas “musculares” es que nada del músculo es ajeno al aprendizaje y ese aprendizaje, al final, queda reflejado en patrones exquisitamente regulados, que protegen razonablemente la integridad fçisica del músculo, en el ciudadano normal (en el deporte habría otras cuestiones).
    El problema está en los patrones centrales, si han podido organizarse libremente, sin miedo, o desde una evluación crónica de vigilancia-alerta-protección, on todo tipo de bucles evaluativos que generan sesgos de confirmación.

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