El dolor y sus evidencias

—-la percepción de dolor no sólo depende de la existencia de estímulos nocivos, tales como la severidad del daño en los tejidos, sino que es modulada por muchos factores psicológicos y cognitivos, como los estados emocionales, la atención, las emociones, expectativas, memorias y creencias. Los efectos de dichos factores se explican por el carácter complejo del dolor, que es parte de un Sistema de respuesta que alerta y prepara al organismo para hacer frente a situaciones de amenaza. Es más, tal como sucede con cualquier otra modalidad sensorial, el dolor no es nunca un mapa o representación perceptiva directa de un espacio físico. Sólo necesita ser eficaz para evocar respuestas conductuales adaptativas. Por ejemplo, en determinadas circunstancias puede no percibirse dolor en presencia de una lesión, mientras en otros casos, se percibe a pesar de la ausencia de daño en los tejidos. 

Además, la percepción debe ser fiable a pesar de la incertidumbre que facilita la información sensorial, y todo esto nos lleva a la teoría de la probabilidad.

A Bayesian perspective on sensory and cognitive integration in pain perception and placebo analgesia.

Anchisi D, Zanon M.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4321992/

Siguiendo la recomendación de una colega y amiga y dado que se exige la evidencia a todo cuanto se propone, abro con esta entrada una serie de propuestas teóricas habituales de este blog y que se explican a los alumnos en los cursos (migraña, fibromialgia, dolor crónico), precedidas de artículos que las soportan, con el label de la corrección formal de su publicación y la autoridad de quien las firma.

En los cursos explicamos conceptos de Biología del Sistema Neuroinmune, sólidamente fundamentados en la evidencia científica. En ocasiones se nos tacha de hablar sin el soporte de esa evidencia.

No hay que confundir la evidencia estadística (objetivable científicamente) de la mejoría experimentada por los alumnos, con la evidencia científica de los conceptos que explicamos.

Si bien tenemos constatación de la excelente respuesta «terapéutica» del alumnado, no nos centramos en ese objetivo sino en el de conseguir optimizar los recursos pedagógicos para trasladar en modo comprensible conceptos básicos del Sistema Neuroinmune.

Si los alumnos, consciente o inconscientemente, han asimilado lo que explicamos, hemos cumplido con el propósito.

Todos compartimos el deseo de que al modificar factores esenciales como la cognición, emoción, atención, expectativas, motivaciones, creencias y afrontamientos, más o menos conscientes, disminuya o cese la mortificación e invalidez del estado de alerta-protección innecesario.

A veces el deseo se cumple. Otras no.

Habremos cumplido con el objetivo si conseguimos que el alumnado sea consciente de la trama de los síntomas, su sentido evolutivo, su dependencia cultural en el curso del aprendizaje.

En esta primera entrada quiero resaltar las cuestiones fundamentales.

El dolor no informa directamente de lo que está sucediendo en los tejidos de la zona doliente.

La información generada en los tejidos amenazados se recoge y conduce a una extensa red de áreas del Sistema Nervioso Central, en las que se evalúa, junto a toda la información previa recogida a lo largo de la vida. De la integración de esa información sensorial de tejidos y del conocimiento previo disponible emerge en la conciencia el sentimiento doloroso.

El procesamiento es emocional. Basta el temor, la incertidumbre, para que aparezca el sentimiento de dolor en la conciencia, aun cuando nada amenazante suceda.

El organismo anticipa, predice, evalúa probabilidades, riesgos. Prefiere el por si acaso, mejor temer…

¿Duele?

Descártese un suceso nocivo actual en la zona.

Una vez descartado, analícense los factores psicológicos (memorias, creencias, atención, miedo, motivación, expectativas…)

Ignorar el trabajo continuo de los circuitos de vigilancia y protección que caracterizan a la especie humana es ignorar lo sustancial.

El individuo consciente no abarca todos los planos de actividad del organismo. La actividad biológica es absolutamente inconsciente, pero proyecta sus evaluaciones en la conciencia. En ese ámbito es en el que cabe una intervención del individuo, pero para que esa intervención sea productiva debemos dotar al alumno del conocimiento necesario.

De otro modo estará a merced de lo que consciente e inconscientemente ha ido aprendiendo a lo largo de la vida.

 

 


2019-07-25 11.12.31

Acerca de arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.
Esta entrada fue publicada en Neurociencia y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.