Aprendizaje evaluativo

 

No venimos al mundo con todo aprendido. Nuestras acciones no siempre son reflejos seleccionados por la evolución, y codificados en el genoma.

Existe también la genética del aprendizaje, la dinámica de explorar y catalogar las consecuencias de nuestra conducta, interactuando con un entorno complejo, que no siempre muestra sus señas de identidad.

El aprendizaje no garantiza el acierto. Hay una cuota inevitable de error en los ensayos.

El Sistema Neuroinmune es el que se encarga del aprendizaje defensivo, de etiquetar como amenazantes cada uno de los escenarios con los que interactuamos.

Complejas cadenas moleculares de procesamiento de las células vigilantes inmunes, determinan el que agentes externos e internos, gérmenes y células propias, sean tolerados o señalados con el punto rojo de peligro.

Complejos y cambiantes estados de conectividad en la red neuronal generarán, así mismo, estados de evaluación de amenaza que se expresarán en la conciencia como percepciones somáticas (dolor, cansancio, desasosiego, adinamia), es decir, síntomas, cogniciones, emociones y sesgos atencionales, centrados en el contenido del proceso evaluativo.

La red neuronal defensiva también cometerá errores en su exploración de ese entorno incierto. La detección de error permitirá ir reduciendo los fallos y afinando la segregación de las acciones en inofensivas o peligrosas.

Habrá agentes ofensivos que burlarán la vigilancia neuroinmune y serán tolerados y otros, inofensivos, que desencadenarán respuestas de protección innecesarias, mortificadoras, invalidantes, o, incluso, letales.

El aprendizaje es un proceso biológico, con un correlato de complejísimas reacciones moleculares.

En mi opinión, diversas etiquetas diagnósticas, como la migraña, fibromialgia, dolor crónico inexplicado… expresan un error evaluativo, no detectado ni corregido como tal error, sino todo lo contrario.

Los síntomas no son valorados como la expresión en la conciencia de que determinados recursos están activados por error (evaluar amenaza-enfermedad sin haberla) sino como prueba de que existe, necesariamente, una enfermedad, que debe investigarse como tal, para dar con la terapia curativa o paliativa correspondiente.

El cáncer es la consecuencia de un error evaluativo inmune, que codifica como células seguras, tolerables, a las que no lo son, permitiendo o, incluso, colaborando, con el crecimiento patológico de la colonia que ha conseguido burlar la vigilancia inmune con el punto verde falso (“don´t eat me”).

Las enfermedades autoinmunes expresan el error contrario. Componentes normales, fisiológicos, de determinadas células o del espacio extracelular, son codificados (evaluados) como señales de amenaza y el sistema inmune los destruye, poniendo en peligro la integridad y función de los órganos marcados erróneamente con el punto rojo (“eat me”).

La función evaluativa es una función biológica, fundamental.

Los profesionales debiéramos ayudar a la catalogación correcta de lo amenazante.

El primer paso es el de visualizar, explicar, el proceso, su trama interna, en la medida que vamos conociéndola.

Negar el proceso de aprendizaje evaluativo defensivo no es la solución. Si lo hacemos, colaboramos inconscientemente a consolidar el error en vez de disolverlo.

Para algunos, con la propuesta del aprendizaje evaluativo estamos sugiriendo que el origen de la enfermedad es psicológico. No es así. En ningún momento decimos ni sugerimos eso.

Con la pedagogía y exposición gradual a la actividad normal pretendemos corregir los catálogos erróneos y recuperar la actividad perdida, secuestrada, por el error evaluativo.

No se trata de gestionar emociones, templar ansiedades ni levantar ánimos decaídos. Pueden colaborar y siempre vendrá bien considerarlos, pero de lo que hablamos no es de eso, sino del complejo proceso evaluativo neuronal.

Proponer la enfermedad misteriosa como origen de los síntomas, a la vez que se niega el proceso evaluativo, no ayuda.

Tratar de corregir el error, con Pedagogía del proceso, y la recuperación de la actividad, está ayudando a muchos.

Optamos por esa vía.

No es una vía psicológica, ni física.

Es una vía biológica. Química, sólo química, pero con historia, con aprendizaje, con narrativa, con creencias y expectativas, con tutela de expertos.

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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Una respuesta a Aprendizaje evaluativo

  1. francisco dijo:

    Hola
    Las mayoría de los médicos, cuando no se justifica un dolor dicen que es un problema psicosomático, derivan al psiquiatra y psicólogo y en algunos casos mejoran con medicación y terapia. Ansiedad, nervios, etcc. Muchas personas con ansiedad sufren dolores injustificados, dolor muscular, articular, dolores de cabeza, etcc
    Las llamadas enfermedades psicosomáticas, tienen algo que ver con la sensibilización central?
    Saludos

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