Una evaluación implícita de amenaza

 

No hay ningún contenido de la conciencia que no resulte de un complejo y desconocido proceso evaluativo.

Para nosotros el flujo de la conciencia, con sus contenidos perceptivos, cognitivos, emocionales y conductuales, nos parece algo simple, natural, espontáneo.

Me doy un golpe y me duele. Lógico. Me he dado un golpe.

Me levanto y no me caigo. Lógico. ¿Por qué me iba a caer?

Muevo los ojos, la cabeza, me agacho y el mundo no se mueve. También lógico. Está quieto.

Me hablan en mi idioma y lo entiendo.

Sin embargo, cada una de estas cuestiones aparentemente simples y lógicas resulta de un complejo proceso de aprendizaje en una red inimaginable de circuitos que procesan infinidad de datos.

Duele… luego en ese instante aparece en la conciencia el resultado de un complejo proceso evaluativo, que considera toda la información relevante procesada del pasado y la probabilidad de que los nuevos datos sensoriales de cada escenario confirmen o cuestionen lo anticipado.

A veces la causa es evidente: una herida, una quemadura. La información sensorial es coherente con la información disponible.

En otras, no hay ninguna evidencia sensorial de daño que confirme lo anticipado pero en la red debe existir el temor de que algo amenazante suceda. El dolor es coherente con ese temor, a pesar de la falta de evidencia sensorial de daño. No es necesaria.

Lo que importa es obtener una conducta del individuo adaptada al momento evaluativo.

El dolor, su cualidad apremiante, consigue habitualmente la conducta de seguridad que el estado evaluativo solicita.

– Me muevo y me duele la columna. Algo roza o pinza. Una contractura, quizás.

El individuo ronronea el estado evaluativo. Lo acepta.

El diálogo cerebro-individuo a través de la conciencia es fundamental. Generalmente sintonizamos con el flujo evaluativo y no nos pasamos el día llevando la contraria a nuestra narrativa, a la historia que el organismo nos presenta en la conciencia, referida a cada escenario.

Damos por bueno el relato automatizado del dolor.

Imaginamos la columna que ese relato ha construido y actuamos en coherencia.

No considerar críticamente la evaluación subyacente en el dolor es dejarse llevar por un posible error, cerrar el círculo de una creencia disfuncional, mortificadora e invalidante.

¿Duele? ¿Hay un motivo biológico que explique y justifique esa evaluación de amenaza?

Si no lo hay, el individuo debe interiorizar su discrepancia, relajar los circuitos alertados y centrarse en lo que en ese momento le ocupa.

El dolor es una percepción aversiva que contiene, implícitamente, una evaluación de amenaza…  

El organismo no expone, hace visible, el proceso evaluativo. Hay que darlo por descontado y ocuparse de él, si pensamos, consciente y argumentadamente, que es erróneo, que tal amenaza no existe.

– Me duele. Tengo fibromialgia. Lógico.

No es tan simple. No hay un estado real de amenaza que explique y justifique ese dolor. La red neuroinmune está cometiendo un error.

No retro-alimente en positivo ese error.

Al enemigo, ni agua.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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