Sólo células

 

Somos una sociedad celular. Procedemos de células y no hay nada en nosotros, que yo sepa, más allá de las células y sus productos.

A algunos les puede sonar a poco. Reduccionismo.

Una célula es, en realidad, algo de una complejidad que sobrecoge. La membrana no es un simple pellejo, por poner un ejemplo.

Si ya una célula es compleja, qué decir de la complejidad de la integración funcional de todas las células de un organismo pluricelular.

Una neurona es, también, una célula. Nada más que eso. No tiene ninguna propiedad sustancial añadida que la diferencie de otras células.

Cada célula se especializa en una función y se organiza en módulos (órganos, aparatos, sistemas) que integran su trabajo para aportar una prestación al conjunto del organismo. Disponibilidad de nutrientes, respiración, metabolización, eliminación de restos moleculares, etc.

Las neuronas se organizan en circuitos cuya función es obtener información de variables internas y externas y gestionar el funcionamiento del organismo, evitando estados y agentes potencialmente letales.

Las neuronas aportan productos psicológicos: memoria, aprendizaje, percepción, emociones, pensamientos, decisiones, predicciones, conciencia, sentimientos.

El dolor es un producto neuronal, luego psicológico, aunque generado por la actividad física de un patrón complejo de conectividad.

Los tejidos no tienen la capacidad de generar esos productos psicológicos, exclusivos de la actividad compleja de los patrones cambiantes de conectividad de la red neuronal.

El sistema nervioso no es infalible. Comete errores y no siempre los detecta y los corrige. A veces, ve acierto en lo que predice aun cuando haya errado (sesgo de confirmación).

No disponemos de un sistema de detección de errores evaluativos que permita corregirlos. La red neuronal da por bueno lo que los expertos dan por bueno, por imperativo biológico de nuestra especie. Sólo los expertos podrán detectar los errores y facilitar su corrección.

Las neuronas de los expertos son también células y no tienen ninguna potencialidad añadida. No tienen organelas intraneuronales exclusivas que liberan conocimiento. Simplemente han dispuesto de más información para procesar, en la dirección del acierto o el desacierto.

Es la comunidad de expertos la que debiera organizarse en una compleja red de procesamiento de información, que eliminara lo manifiestamente desechable y guardara lo apreciable.

Esa comunidad de expertos debiera funcionar como un superorganismo integrado y no como un agregado de organismos “cancerosos” que sólo velan por su desarrollo, desvinculado del interés general del colectivo humano.

La función evaluativa (coste-riesgo-beneficio-aceptación social) es la función más compleja e importante. Está a cargo del cerebro. El cerebro podría reducirse a una unidad, el individuo, su “historia”, insertado en un organismo pluricelular, la sociedad. Este superorganismo generaría la cultura experta, que es la que dictaría las creencias y expectativas que modularán las decisiones de cada cerebro individual, en relación a la gestión de las cosas del organismo.

En ausencia de un daño que explique y justifique biológicamente la proyección de dolor en la conciencia (un estado de conectividad) es la cultura experta la responsable y es la que debe autoevaluarse y modificarse.

Esa cultura experta debe ser capaz de detectar y corregir sus errores, pero, en muchas ocasiones incurre en el sesgo de confirmación.

La cultura del sufrimiento e invalidez inexplicada e injustificada exige una auditoría urgente, desde una visión de conocimiento integrado no competitivo.

Los ciudadanos tienen derecho a saber que sus tejidos contienen neuronas y que estas se organizan en una red que trata de hacer acopio de conocimiento para predecir, anticipar la realidad interna y externa y que depende, irremediablemente, de lo que los expertos divulgan sobre lo que es bueno y malo.

Hay veces que las neuronas no pueden evitar el daño en los tejidos. Otras muchas, los tejidos son inocentes y competentes, pero la red evaluativa no lo ve así.

Neuronas. Complejas. Peligrosas por su dependencia de expertos, para bien y para mal.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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7 respuestas a Sólo células

  1. Julián Nevado dijo:

    Tan complejo pero tan simple cuando tú lo explicas, Arturo.
    Acabo de recibir tu libro de “Cerebro y dolor. Esquemas en dolor neuropático”, estoy seguro de que cumplirá mis expectativas.
    Un saludo,
    Julián

  2. Julián Nevado: no sabía que ese libro estuviera vivo, disponible.

  3. Julián Nevado dijo:

    Arturo, ayer mismo me llegó vivito y coleando!!!

  4. Gaston dijo:

    Muy interesante y practica. Felicitaciones por la apuesta valiente. Espero que el neurocentrismo y la confusión entre “función y fin teleologico” no sea parte de la educación necesaria e impartida por su equipo.
    Saludos

  5. Gaston: no creo en la teleología. Los procesos están ahí sin ningún objetivo, pero funcionan de un modo determinado, absolutamente ciego, aunque habitemos ese misterioso ámbito de la conciencia. Desde ese ámbito podemos, aparentemente, influir en ellos, adquiriendo conocimiento e intentando con nuestras “decisiones” generar experiencias que modifiquen los errores del sistema evaluativo

  6. Gaston dijo:

    Gracias por su respuesta, me conformó. Sé por experiencia personal que lo que usted propone sirve porque sirve. Este tipo de abordaje es necesario, si también es suficiente es otra discusión.
    Gracias. Saludos.

  7. Gaston: cualquier complemento útil será bien venido, siempre que no cuestione o desbarate el cuerpo teórico. Es mi opinión.

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