De ilusión también se malvive

Residimos en un universo virtual servido por el organismo, un híbrido en el que cohabitan realidad e imaginación en una proporción variable, en cada momento, lugar y circunstancia.

El pasado, presente y futuro se funden en lo que percibimos, pensamos, sentimos y hacemos.

Nuestra biología nos impulsa a ser ilusos, anclándonos en lo que pudiera ser, en perjuicio de lo que, “realmente”, es.

Por fin se acaba la Navidad, con el epílogo majestuoso de la Noche de Reyes, la noche de la Ilusión.

No me gusta la Navidad. Instala la ilusión como estilo de vida, los buenos y evanescentes propósitos, el gordo y el niño, los regalos, la nieve.

La mente, que ya es de por sí ilusa, se deja arrastrar por ese circo mediático navideño, que promete el oro y el moro, año tras año, a pesar del batacazo de la cuesta de Enero.

Dicen que los Reyes traen todo lo que se les pide… si uno es bueno. Si no hay nada de lo pedido, se deduce que hemos sido malos, algo que siempre está al alcance de cualquiera.

Algo similar sucede con el dolor.

El Organismo no duele si está todo correcto, si uno es bueno.

Si duele, es que algo está mal o hemos hecho mal.

Los expertos en detectar incorrecciones de uso del organismo se multiplican. El catálogo de transgresiones posibles que justifica que el organismo nos ponga el carbón del dolor es infinito.

– Este año voy a ser bueno, a ver si consigo que no me duela.

Nos rascamos los malos hábitos: nos apuntamos a natación; consultamos con el nutricionista; probamos el yoga y el mindfulness; dejamos el pitillo y el chupito; nos tomamos la vida con “otra filosofía”; somos positivos…

Carbón.

El esfuerzo ilusionante se viene abajo y deja la secuela de una frustración crecida, engordada con las privaciones.

– No soy yo. Algo tengo que tener…

El camino hacia la etiqueta de enfermedad está abierto.

Los predicadores del saber vivir, los expertos en la vida privada, rebosante de privaciones, hacen otra vez el Agosto proponiendo excesos y defectos del organismo.

Son los genes o errores del pasado que dejan huella indeleble en las células del Sistema psiconeuroinmunoendocrinosteoartromiológico. Ya nada volverá a ser normal. El organismo (el “sistema”) ha quedado desquiciado.

¿Puede ser real ese desquiciamiento celular o ser, simplemente, una ilusión? ¿Quién lo puede saber?

El chequeo experto detecta marcadores biológicos múltiples de ese fallo sistémico. Las células vuelcan mensajes alarmistas en la vecindad y en la red general. Las citoquinas malas, la “inflamación de bajo grado” se impone.

El dolor crónico es secundario a la activación glial. Toda la red neuronal está “inflamada”. La corteza cerebral ha adelgazado; la amígdala ha engordado…

Se propone un régimen para la obesidad amigdalar; ejercicios contra el miedo. Puede que en el futuro se proponga cirugía.

.La hipertrofia amigdalar no deja que fluya con normalidad, sin la marca del miedo aprendido, condicionado, la información sensorial.

– Hay que operar

En fin. Es Navidad, por poco tiempo.

Yo a los Reyes les he pedido racionalidad, menos ilusión.

Me temo que, una vez más, me pongan carbón y siga dando tumbos ilusorios.

Voy a ser positivo. Lo de colgar los hábitos lo veo más complicado.

¡Feliz post-Navidad!

 

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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3 respuestas a De ilusión también se malvive

  1. karlosrt dijo:

    Tendemos a categorizar todo como bueno o malo, blanco o negro, alto o bajo…

    El chino y el caballo.
    Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día su hijo le dijo:
    – “Padre, qué desgracia, se nos ha ido el caballo”.
    Su padre respondió:
    – “Veremos lo que trae el tiempo…”.
    A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo. Unos días después, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.
    – “Padre, qué desgracia, me he roto la pierna”.
    Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
    – “Veamos lo que trae el tiempo…”.
    El muchacho se lamentaba. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas.

  2. evavill dijo:

    Igualmente, Arturo.
    Y gracias por todas tus entradas, mucho más iluminadoras que las luces navideñas.

  3. Santiago dijo:

    “Inflamación de bajo grado”. Hay que dejar el gluten y los lácteos y tomar omega 3, ubiquinol, magnesio, ribosa…entre otras cosas.

    ¿Hay evidencia científica de esto?

    Gracias.

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