Dolor injustificado

 

Hay dolores comprensibles y justificados.

Los odiamos porque nos mortifican e invalidan pero, aun a regañadientes, los aceptamos. Sin ellos, estaríamos desprotegidos.

El dolor de la angina de pecho, de la claudicación intermitente, nos avisa de que el músculo cardíaco o los de las piernas están en peligro, por no recibir suficiente sangre ante el esfuerzo requerido. Hay que pararse. Alejado el peligro, el dolor se va.

Otras veces el dolor se comprende y justifica ante un evento de destrucción (necrosis) consumada. No es más que un síntoma de un evento superficial conocido (quemadura, herida, infección) o interno, que nos obliga a indagar en el interior.

En ambos casos disponemos de un diagnóstico: una estrechez coronaria (angina de pecho) o de la arteria que aporta sangre a las piernas (claudicación intermitente).

– Tengo una oclusión arterial.

Nadie dice “tengo un dolor torácico” o ando con “dolor en una pierna”.

– Tengo un infarto.

– Me he roto el fémur.

Esos son diagnósticos, como la Biología manda.

Cada día, un porcentaje sustancial de la población sufre un dolor mortificador e invalidante pero huérfano de una causa que lo haga comprensible y justificado.

– Me duele la cabeza

– Me duele la columna.

– Me duele todo.

Aparentemente, los profesionales aportamos esa causa, con una etiqueta

– Tiene usted migraña

Lumbalgia

Fibromialgia.

Realmente, la etiqueta no aporta nada. El dolor sigue siendo incomprensible e injustificado.

También se puede aportar una causa aparente que explica y justifica el dolor, aun cuando no sea cierto:

– Desgaste de cervicales.

– Artrosis.

– Varias hernias en la resonancia.

La necesidad de encontrar el evento culpable cuelga el Sambenito a cualquier variable de imagen, aun cuando ese dato radiológico se dé en ciudadanos que no padecen dolor.

En muchos caso ni siquiera hay Sambenitos físicos que colgar.

– Es todo normal. Le envío a Psiquiatría…

Se pasa el Sambenito a lo psicológico, en busca de ansiedades y desánimos que, se dice, pueden explicar (¿y justificar?) el origen del dolor.

Hablando con propiedad biológica, el dolor sólo se explica y justifica en presencia de eventos que contienen daño consumado (necrosis) o inminente.

Hablando con propiedad biológica, el hambre y la sed sólo se comprenden y justifican cuando el organismo necesita agua o sustento.

No es comprensible ni justificable que sintamos hambre acuciante cuando nos sobran unos cuantos kilos.

“Los nervios” no explican ni justifican el hambre.

Tampoco explican ni justifican el dolor.

Con el sentimiento de sed y hambre el organismo (en ausencia de deshidratación e inanición) nos presiona, incomprensible e injustificadamente, para que bebamos y comamos, simplemente porque disponemos de agua y comida fácil.

Estamos ante un requerimiento absurdo, que sólo genera obesidad y trabajo extra para eliminar el excedente de agua.

Con el sentimiento de dolor, en ausencia de un evento que lo explique y justifique biológicamente, el organismo nos presiona para que renunciemos a la actividad normal.

En el fondo, el organismo tiene miedo.

Miedo al daño por deshidratación, desnutrición, actividad, movimiento.

Es un miedo absurdo.

Es un dolor absurdo. Incomprensible, injustificado.

Las etiquetas (migraña, fibromialgia, lumbalgia…) no salvan los muebles del absurdo.

Los falsos datos de imagen, tampoco.

Lo mismo vale para “los nervios”.

Al dolor hay que exigirle razón biológica. Si no la tiene, hay que explicárselo al paciente y animarle a que participe activamente en desactivar las creencias y expectativas que alimentan la emergencia improductiva del sentimiento de dolor en la conciencia.

Hay que hablar de neuronas…

– El dolor siempre surge del cerebro

A veces debido a una causa que lo explica y justifica.

Otras sin motivo actual que lo explique y justifique.

– ¿Por qué?

Hay que explicar el aprendizaje, la dependencia cultural…

Hay que hablar de muchas cosas.

La Biología es compleja, aunque no nos guste y prefiramos las explicaciones simples y conocidas

La columna… los nervios… la dieta…

Las etiquetas: migraña… fibromialgia…

Nada de eso:

Las neuronas… el cerebro… el aprendizaje… los miedos…

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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6 respuestas a Dolor injustificado

  1. Julián Nevado dijo:

    Normalmente los pacientes acuden a nuestra consulta con conceptos erróneos sobre el dolor, la inflamación y el estrés claramente generados en parte por la información que proviene de los mismos profesionales de la salud, en el que me incluyo como fisioterapeuta.

    – ¿Tiene usted dolor – inflamación? Tómese un ANTI-inflamatorio, es más potente.
    – Tranquilo, su problema es muscular hay que “relajar-liberar” con punción seca, terapia manual, etc…

    Claramente el cambio de paradigma al enfoque neurobiológico del dolor requiere un esfuerzo por parte del profesional, la curva de aprendizaje es amplia y tanto desaprender lo aprendido como “desengancharse” de los tejidos cuesta. ¿Qué hacemos sin nuestras mejores armas, los fármacos, la terapia manual, etc…?

    En mi práctica clínica, principalmente pacientes con dolor crónico, hacer pedagogía del dolor comienza a dar su fruto. Es más enriquecedor ofrecer al paciente la posibilidad de aprender a manejar su dolor que a depender de procedimientos terapéuticos que posiblemente no modifiquen apenas la historia natural de su enfermedad.

    Pero Arturo, cuando llegamos al escalón del miedo que proyecta dolor sin causa orgánica ¿cómo podemos manejar a estos pacientes? ¿estamos suficientemente capacitados para tratarlos sin todavía una formación reglada, sin un cambio de paradigma en las universidades?.

    Atentamente,

    Julián Nevado

  2. Julián: estamos ante un universo inexplorado, bastante virgen. Estamos solos ante el peligro. Sólo nos asiste el conocimiento y la pasión por encontrar nuevos caminos, porque sabemos que los viejos no conducen a ninguna parte.

    Saludos

  3. Marina dijo:

    Arturo, soy una persona hecha pedazos. Mi cuerpo me da muchas señales de advertencia o enciende alarmas pero no se por donde tratar mi mal, he tratado horas, días enteros de escuchar a mi cuerpo pero no se que tiene. Ya mas de 11 años en esta situación, estoy llena de miedo, no tengo un solo día de bienestar y apenas tengo 34 años, miedo a quedarme asi el resto de mi vida o a empeorar debido a que siento que mis sintomas estan empeorando.

    He asistido con multiples especialistas y muchos diagnosticos que aun no me dicen por donde irme. Por supuesto la ansiedad severa es la más diagnosticada, unos otros me dicen de fibromialgia, y lo cierto es que todos los días me duele la cabeza y estoy mareada y muy cansada, con nauseas y mis cervicales muy rectificadas y muy rigido mi cuello ya no soporto, lloro mucho todos los días porque no se que es esto. Me han dicho que tengo epilepsia pero yo nunca he tenido convulsiones, pero el Dr dice que hay diferentes niveles de epilepsia, es esto posible?

  4. Marina: no debo ni puedo juzgar casos individuales pero nada de lo que me cuentas tiene que ver con la epilepsia.

  5. Almudena dijo:

    Entiendo el dolor protector de por ejemplo una rotura muscular repentina….entiendo el dolor absurdo y puñetero de un miembro fantasta….Pero entre estos dos extremos veo una amplia gama de dolores no tan fáciles de clasificar…¿está siempre claro cuándo estamos ante un dolor justificado o por el contrario injustificado? ¿Cómo saber el momento el que un dolor justificado deja de estarlo y se convierte en dolor sin función?.
    Como fisioterapeuta novata en esta “dimensión” tan diferente de enterder muchas cosas, para empezar me resulta incluso difícil llevar a cabo la tarea de evaluar si la evaluación del cerebro de los pacientes es correcta….
    Muchas gracias de antemano por descrubirnos este nuevo campo de conocimiento…a mí me está sin duda, atrapando!

  6. Almudena: esa esmla responsabilidad del profesional: evaluar la prestación biológica del dolor: su justificación y protección efectiva frente a su pryección a la conciencia por efecto de una valoración de amenaza injustificada. Un ejemplo claro de esta situación sería lam igraña y la fibromialgia. Más confuso resultaría la cuestión del llamado “dolor músculoesquelético” pero parece que también contiene más componente neuronal (cerebral) evaluativo erróneo (alarmista) del que se supone. Lo que es incuestionable es la importancia potencial de las expectativas y creencias. No se debería ignorarlas, haya o no daño actual.

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