Aprendizaje evaluativo

 

No nacemos con todo sabido. No disponemos de recursos genéticos que nos clasifican toda la realidad en conveniente o inconveniente y nos indican el camino a seguir.

La incertidumbre acompaña a nuestras decisiones.

Hay dos opciones extremas. 1) Exponernos y probarlo todo para ver qué hay de bueno o de malo en lo que decidimos hacer o 2) Evitar lo incierto habilitando un reducto-burbuja que contiene sólo las condiciones de total seguridad.

Los cuidadores-expertos nos ayudan a decidir. Nos informan con anticipación de las posibles consecuencias de nuestras acciones.

También los cuidadores adoptan una de las dos opciones: 1) No pasa nada. Actúe a su antojo. 2) Tenga mucho cuidado. Todo es potencialmente peligroso.

Coste-beneficio. Corto, medio y largo plazo.

El aprendizaje y la tutela evaluativa no son fáciles.

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El dolor no tiene sentido

Hay quienes hablan o escriben sobre el «sentido del dolor»… en dos posibles sentidos.

Se dice o escribe, en un primer sentido, que el dolor se produce en los tejidos y que el organismo dispone de la capacidad de sentirlo (detectarlo). Los clásicos cinco sentidos (gusto, olfato, oído, vista y tacto) sentirían (detectarían) sabores, olores, sonidos, imágenes y diversas propiedades de los objetos palpados para poder clasificarlos en apetitivos o repulsivos.

La realidad, además de apetitiva o repulsiva puede ser ofensiva o inofensiva. Lo ofensivo nos genera dolor y este, al ser detectado, nos permite evaluar lo que hacemos como inconveniente y, así, evitarlo.

En este primer sentido se dice que disponemos, afortunadamente, del sentido del dolor. Lo acabo de leer en una publicación de una página universitaria de difusión de la cultura científica.

No es cierto. No disponemos de sentidos que detectan sabores, olores, sonidos, imágenes, pesos, texturas, formas… ni dolores.

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Sueños insensatos

El organismo se sueña sin tregua a través del cerebro.

La red neuronal construye, imagina, predice la realidad, lo que sucede y pudiera suceder.

Nuestro hábitat es ese organismo soñado. Nos sentimos mejor o peor en función de la idea que cada escenario genera.

Los sentidos toman la medida a lo que, realmente, sucede. Ponen coto a lo que el cerebro sueña, teme y desea. Cuando dormimos el sueño cerebral se libera de los sentidos. Las pesadillas acaparan el espacio de la consciencia. La realidad se ha vuelto in-sensata, sin-sentido.

Cuando el cerebro nos despierta, el sueño cerebral recupera la sensatez, la contención de lo que ojos, oídos, piel, narices y paladar detectan. El mundo real delimita lo que puede ser, sensatamente, imaginado.

– Me duele todo. Me despierto agotado.

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Fibromialgia reumática

Si padeces fibromialgia, en GoiGroup podemos ayudarte. Te lo contamos todo aquí.


Rosa Montero dedica su atención a la fibromialgia en El País Semanal.

Comparto la crítica a la actitud extendida entre muchos profesionales de despreciar la enfermedad y herir a quien la padece.

Concuerdo también con el criterio de considerar a la fibromialgia como una enfermedad, desde la perspectiva del sufrimiento e invalidez que genera. La OMS así lo considera.

Sin embargo:

La OMS encuadra la fibromialgia en el apartado de ·»reumatismo de partes blandas».

La fibromialgia es una enfermedad «reumática».

¿Qué es un «reumatismo»?

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Sobreprotección

 

La supervivencia es incierta. Estamos inmersos en un entorno potencialmente peligroso. Somos vulnerables.

Nos lesionamos. Enfermamos. Nos desnutrimos, deshidratamos o intoxicamos, enfriamos o sufrimos golpes de calor.

Hay que protegerse. Conocer las caras ocultas del peligro. Detectar las amenazas; evitarlas, antes de que sea tarde.

El objetivo de sobrevivir, en un entorno insano, con un organismo delicado exige renunciar a la vida normal, confiada. El abrumador catálogo de normas de prevención es incompatible con un día a día aceptable.

No sólo se trata de proteger la integridad física. Hay que mantener, además, el tipo del YO, la autoestima propia y de los otros. No deprimirse ni angustiarse. Cargarse las pilas en positivo y aparentar normalidad, temple.

¿Realmente es así?

¿No estaremos sobrevalorando el peligro, la vulnerabilidad, e infravalorando la capacidad de adaptación del organismo humano?

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