El dolor es un input

 

Para simplificar, podríamos considerar a las neuronas como células especializadas en detectar estímulos, valorarlos y generar una respuesta. La red neuronal contendría tres capas: 1) Input (entrada) 2) evaluación 3) output (respuesta). Neuronas sensitivas que detectan; neuronas psíquicas, que piensan-evalúan; neuronas motoras que ejecutan la decisión tomada en el gabinete evaluador.

Toda la ciudadanía, salvando una minoría despreciable (estadísticamente), considera que el dolor es algo que surge en unos tejidos (huesos, nervios, músculos, estómago, piel…) que han recibido el impacto de un estímulo (input) inconveniente, un estímulo doloroso. Los tejidos agredidos responden con algo así como un ¡Ay! a ese estímulo.

Puede que para muchos eso lo explique todo. Los músculos duelen, por ejemplo, cuando se agarrotan. Sentimos el dolor y punto.

– ¿Neuronas? No. A mí me duele aquí. Haga algo con ese músculo. No sé, un masaje…

Todos los profesionales sabemos, sin embargo, que el ¡Ay! muscular debe detectarse y transmitir la noticia hasta el cerebro para que lo sintamos. Si saboteamos la transmisión,  el ¡Ay! muscular no le llega al individuo.

La anestesia local y la anestesia general impiden la transmisión de la noticia al individuo.

– Vale. Necesitamos neuronas para que sepamos que nos está doliendo… ¡el músculo!

Incluso esa apreciable mayoría que cree que el dolor se origina en el tejido en problemas, aceptará sin problemas la explicación de unas neuronas-policía que detectan los diversos ¡Ays!, los codifican en una señal y con esa señal comunican al individuo que ese músculo está en un ¡Ay!… está doliendo.

A todos los profesionales nos han explicado el proceso de la codificación del dolor de los tejidos en una señal electroquímica neuronal.

Para que esas neuronas detecten el dolor deberían disponer de los correspondientes receptores de dolor.

Las neuronas-policía de los tejidos disponen de esos receptores. Cuando un músculo o cualquier otro tejido, duele, los receptores lo detectan y lo codifican.

Paso 1- : los tejidos reciben el input de un estímulo doloroso y responden con el output dolor.

Paso 2) : la policía neuronal detecta el output de los tejidos, su queja, con los correspondientes receptores de dolor. Para las neuronas ese output-quejido es un input y responden a él con el output de la señal electroquímica.

Input-output-input-output…

La señal electroquímica, el output neuronal, se libera en diversos centros de evaluación-respuesta. Primero en la médula espinal (asta posterior) y más adelante, en dirección ascendente, en otros de complejidad creciente.

En cada uno de esos centros, se reproduce el esquema input-output. Lo que era un output para el nivel previo es un input para el siguiente.

 

En todas las oficinas se recibe la noticia de que se está produciendo dolor en un músculo.

Todas las oficinas disponen de capacidad de respuesta al mensaje dolor, pero deben integrarse esas respuestas. Coordinación. De otro modo resultaría caótico.

En la red neuronal todo se sabe. El cotilleo es la norma sagrada. Todos saben qué haría cada centro si le llega el mensaje dolor. La red dispone de medios para coordinar todas esas respuestas previsibles y controlarlas.

El mensaje dolor fluye (duele, duele, duele…) y también lo hacen las órdenes de contención. Los de arriba controlan los bajos instintos de respuesta inmediata.

Toda la ciudadanía acepta sin problemas que el mismo estímulo doloroso se soporta mejor o peor, según los individuos.

¿Qué explica que unos sientan mucho dolor y otros prácticamente ninguno, ante el mismo estímulo?

– Digamos que la respuesta está en el cerebro.

– De acuerdo. Los nervios, el temperamento, la ansiedad, el ánimo, el temple, el dormir poco y mal…

– Exacto. El dolor del músculo puede sentirse con más o menos intensidad en función de lo que el cerebro considere oportuno.

Los músculos pueden generar un grito de más o menos volumen cerca de los micrófonos (receptores de dolor) de las neuronas-policía-de-dolor.

– El cerebro puede liberar endorfinas y hacer que usted no sienta dolor, como si le pusieran morfina.

Tampoco hay problema para aceptar ese poder cerebral de controlar el dolor.

Finalmente, y en función de muchas circunstancias, unas de los tejidos y otras de “los nervios” y contextos, el dolor aparece más o menos tuneado en la conciencia.

El individuo recibe el input dolor. Es el último nivel de transmisión.

Todo el proceso previo tiene como finalidad el que el individuo sepa que su músculo, u otro tejido, está doliendo.

Otra vez estamos en el esquema inicial

Paso 1) el individuo recibe la noticia dolor.

Paso 2) el individuo evalúa

Paso 3) el individuo decide una conducta, su propio output.

Punto final.

Dice una minoría despreciable (estadísticamente) que el dolor no es un input que llega al cerebro, una noticia de los tejidos, sino un output, una opinión-decisión que sale, expresada no ya como señal electroquímica sino como sentimiento de dolor.

El dolor expresa el estado de evaluación de amenaza. El proceso evaluativo no sólo considera lo que pasa, sino también el contexto y lo que resultaría, según creencias y expectativas, si el individuo recibe la noticia de que algo está produciendo dolor… en los tejidos…

Buena parte de la ciudadanía aceptará, si nos tomamos el tiempo necesario para explicarlo, que el cerebro puede silenciar o amplificar el dolor.

Todos los profesionales aceptarán también que esto es así.

Ahora bien: ¿es cierto que el dolor se origina en los tejidos?

No. Aunque lo neguemos una despreciable (estadísticamente) minoría de profesionales.

¿Es cierto que existen neuronas con receptores de dolor?

No. No existen tales receptores.

¿Es cierto que existen señales de dolor que se conducen por vias del dolor y llegan a centros del dolor en los que se decide si se mengüa o intensifica?

No. No lo es, aunque lo neguemos la misma despreciable (estadísticamente) minoría de profesionales.

Para unos el dolor es un output de los tejidos y un input al cerebro. Para la mayoría estadísticamente apreciable.

Para otros, el dolor es un output del cerebro y un input al individuo consciente. Minoría estadísticamente despreciable en la que me incluyo.

– ¿Qué hago, entonces? ¿Qué output me recomienda?

Paso 1) Cuide sus tejidos. No los dañe sin motivo. Manténgalos activos en la banda razonable.

Paso 2) Instruya las oficinas de evaluación. Imponga la sensatez. El conocimiento le ayudará.

Paso 3) No haga lo que el dolor le dice. Una vez los profesionales han descartado daño relevante, líbrese del miedo a la actividad y cultive el miedo a tener miedo.

¡Salud!

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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