De pensamiento y de obra

 

Nadie se comía un rosco pero todos teníamos el magín agitado tratando de acercarnos a una realidad imposible.

El pecado de obra era una rareza pero el de pensamiento nos torturaba a todas horas.

Todos éramos pecadores a expensas de lo que imaginábamos, y sufríamos tanto o más por ello que por el ayuno extremo que padecíamos.

Con la enfermedad sucede algo parecido.

Hay enfermedades reales, de obra, y enfermedades imaginadas, de pensamiento.

Los síntomas, el padecimiento, aparecen tanto si la enfermedad es real como si sólo existe en la imaginación.

Paradójicamente, duele más, con más intensidad y persistencia, cuando imaginamos un mal que cuando lo tenemos ya instalado.

La realidad acota el padecimiento, le pone límites.

La imaginación supera con facilidad a la realidad.

Los pensamientos enfermizos no nos hacen enfermar. Sólo mortifican e invalidan pero lo hacen con más ensañamiento que la enfermedad real.

El pecado imaginario se alimentaba de pensamientos “impuros”.

La enfermedad imaginada lo hace con pensamientos erróneos, nocebos.

Al pensamiento pecaminoso se accedía por la condición humana, proclive a tansgredir, a alejarse del buen camino.

Los genes sapiens contenían la pulsión a pecar y sólo una vida ordenada, dominada por todas las privaciones imaginables, podía ofrecer un sosiego mínimo a la atormentada y frágil mente humana.

La migraña es genética. Evite todo lo que pueda ser evitado. Orden, mucho orden.

El ser bípedos nos pasa la factura de la sobrecarga lumbar. Siéntese bien. No coja pesos…

El organismo humano ya no funciona como lo que realmente es sino como es imaginado.

– ¿Qué me aconseja?

– Cuide su imaginación. Está usted razonablemente sano.

– Qué más quisiera. Me han encontrado varias hernias. Mucha artrosis. Los años no perdonan.

– Su dolor es real. El sufrimiento es real, pero no están justificados. Su organismo debiera actuar como un organismo sano pero lo hace como si estuviera enfermo.

– No imagino. Me duele.

La imaginación es la función biológica más importante. En todas las especies. Predecir, anticipar. Actuar sin esperar al impacto de lo real.

El imaginario sapiens está especialmente habilitado para construir y habitar mundos imaginarios.

El organismo no es consciente de ello. Nadie le ha advertido de los excesos. Valida los síntomas como prueba de enfermedad y no como exceso imaginativo.

En ocasiones un grupillo de células se burla de la vigilancia del Sistema Inmune y se habilita un organismo libertino, parásito, que vive a expensas del organismo real. Cáncer.

El Sistema Inmune ha estado en la inopia. No ha imaginado el peligro que contenía el egoísmo de ese miniorganismo canceroso, real pero no imaginado.

Otras veces el Sistema Nervioso imagina peligro y actúa desde la convicción de que los síntomas confirman lo que temía (sesgo de confirmación).

El pensamiento impuro, erróneo, campa a sus anchas.

Lo que importa no es la verdad, la certeza, la Biología.

Ahora lo que interesa, lo que se lleva, es la postverdad, el camelo.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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Una respuesta a De pensamiento y de obra

  1. Cuando dice que el sistema nervioso imagina peligro, no entiendo exactamente a qué se refiere. Yo tengo una lesión crónica en las raíces L5 y S1, con patrón neúrogeno en algunos músculos. Esa lesión me provoca síntomas, ¿son reales? , ¿puedo convencerme que habito en un cuerpo relativamente sano? ¿Mi cerebro se lo tragará?

    Cuando tenía la estenosis foraminal, tenía sentido ese aviso de que había un problema. Ahora, no, estoy más que convencida de la ínutilidad de los síntomas, solo valen para mortificarme. Por mucho distractor que uso y que me exponga, es decir hacer lo contrario que me indica mi cerebro, no consigo alcanzar esa calidad de vida que persigo. Tolero la mortificación un tiempo, pero termino claudicando, el dolor se hace insoportable. Puede que no me funcione debido a que realmente hay limitación funcional debido a la lesión, si el músculo da para caminar 15 minutos y yo quiero 30 pues es imposible. Como padeciente uno no sabe en dónde está el límite de lo que uno se autolimita, por la historia personal y lo que es la realidad, la propio limitación física. Soy víctima o culpable.

    Un saludo,

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