Padecer dolor

Un padecimiento es algo que nos hace sufrir, sentirnos mal. Podemos padecer por muchos motivos, físicos y psicológicos.

El estado de padecimiento, como todo contenido consciente, contiene un proceso dinámico de conectividad neuronal que lo hace posible.

Podemos padecer estando despiertos o dormidos (pesadillas). El sueño y la vigilia son dos estados de la conciencia, entre varios posibles.

En el sueño los sentidos están desconectados y el imaginario cerebral impone su extraña dinámica, libre de las ataduras de los datos sensoriales del mundo real. Padecemos la realidad virtual amenazante que el cerebro procesa, aun cuando no esté sucediendo nada. Sólo es cine cerebral.

Estando despiertos el imaginario cerebral sigue construyendo una teoría anticipada de lo que sucede y pudiera suceder, pero esta vez con el concurso y contención de los sentidos y la colaboración del individuo (voluntad, atención).

La imaginación es una función cerebral, inevitable, continua. La gestión de órganos y sistemas del organismo está modulada por el contenido de lo que el cerebro contempla como realidad potencial.

El corazón se acelera, la respiración se vuelve suspirosa, la piel palidece o se sonroja, en función de las necesidades reales del organismo, enfrentado a un escenario real, o a su representación imaginada.

Podemos padecer hambre, sed, angustia, miedo, cansancio, desgana, frío, calor, picor, hormigueos, mareo, vértigo, toda la parafernalia de síntomas que los expertos organizan como “síndromes”, enfermedades o “trastornos”. Todos ellos pueden irrumpir en la conciencia por el empuje de la realidad, por el de la imaginación cerebral o por una mezcla variable de ambos.

El estado subjetivo de padecimiento no informa con garantía de lo que sucede al organismo. Sólo nos permite conocer cómo y qué está siendo evaluado en ese momento, lugar y circunstancia por el cerebro.

Para padecer necesitamos que se active la conectividad de una red extensa de áreas cerebrales, que podríamos denominar: “neuromatriz del sufrimiento”. El encendido generaría ese sentimiento emocional desagradable de “estar sufriendo por algo”.

Sobre ese estado de sufrimiento se proyectaría el componente específico, la cualidad perceptiva de cada apartado concreto de relevancia, que incitaría al individuo con más o menos apremio a actuar en la dirección correspondiente: hambre para inducir la búsqueda de comida, sed la de bebida, miedo para salir huyendo, picor para rascarse, mareo para sujetarse…

El componente específico que cualifica lo que percibimos se genera en un núcleo de activación neuronal que concreta el tema al que se refiere el sufrimiento.

El dolor es un padecimiento. Aparece en la pantalla de la conciencia cuando el organismo, a través del cerebro, imagina (evalúa) daño consumado o inminente, con una cuota variable de realidad, en cada caso.

Las ganas de comer no certifican desnutrición ni las de beber deshidratación. Sólo sabemos que en ese momento, lugar y circunstancia el organismo nos invita-incita a comer o beber, a través de la poderosa herramienta de las “ganas” (“wanting“).

El dolor tampoco certifica nada: sólo lo que en ese momento el organismo evalúa y propone al individuo.

El dolor es un padecimiento referido al ámbito del daño físico consumado o potencial.

Integra, como todos los contenidos de la conciencia, componentes sensoriales, cognitivos, emocionales y conductuales, en proporción variable. En ocasiones mandan los hechos: el daño consumado. Otras manda el imaginario.

Por imaginar que duele no duele, ni por imaginar que el dolor se va, lo hace.

Es en el cerebro donde se teje y desteje la conectividad de la imaginación. De esa actividad emerge o no en la conciencia el padecimiento de dolor, con más o menos motivo.

El sistema neuroinmune humano, que es el que nos defiende, es el responsable de imaginar y evaluar peligro en todo momento.

Una reacción alérgica es la expresión de un estado imaginado erróneo y no corregido por el Sistema Inmune.

El dolor, en ausencia de daño consumado o inminente que lo explique y justifique biológicamente, expresa también un estado imaginativo que evalúa amenaza aun cuando esta no exista.

La función imaginativa neuroinmune es peligrosa, tanto por defecto como por exceso.

No pasa nada, puede imaginar el Sistema Inmune: cáncer.

Puede pasar (imagina) aunque no pase: alergia, enfermedades autoinmunes.

No pasa nada (cerebro): infarto de miocardio indoloro.

Puede estar pasando: dolor sin daño que lo justifique.

Podemos intervenir en el proceso imaginativo-evaluativo de nuestro cerebro.

Podemos alimentar los errores por exceso o disolverlos.

Dicen que el dolor crónico es una enfermedad en sí, irreversible.

Los errores evaluativos son enfermedades. Mortifican e invalidan tanto o más que las enfermedades en sentido clásico.

El error puede cronificarse y ser irreversible, especialmente si se le niega la condición que lo define: es un error.

 

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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