Potenciando la migraña (IV)

Sigo analizando el contenido del programa Conviure amb la migranya.

Tras afirmar que el cerebro no siente dolor y que su papel en la migraña se limita a generar la “Onda de depresión cortical propagada”, un apagón de la actividad de la corteza (generalmente visual)  debido a la saturación de los neurotransmisores liberados por el bombardeo de estímulos y los “cambios bruscos”, se sostiene que …

El dolor lo sentimos fuera. En las meninges. Las meninges son una tela muy vascularizada, (en rojo las arterias y, en blanco los nervios) que dan la información de cómo está este sistema vascular. Pues bien, en el migrañoso ya no están así, sino que están completamente inflamadas (todo rojo, saturado).

Una migraña es, al parecer, una meningitis (meninges inflamadas). Eso sí, una meningitis aséptica, sin gérmenes.

Es una afirmación gratuita, radicalmente falsa.

La inflamación es una respuesta biológica defensiva frente a incidencias de muerte celular violenta (necrosis). El sistema neuroinmune de defensa detecta señales moleculares de esa muerte (DAMPs- Damage Associated Molecular Patterns-, alarminas) y activa la respuesta defensiva con liberación de mediadores inflamatorios que inducen la vasodilatación local, la apertura de poros para que los efectivos de leucocitos lleguen a ese foco de muerte y hagan su trabajo y la sensibilización de las terminales de las neuronas vigilantes. El lugar inflamado estará rojo (vasodilatación), caliente (por contener más sangre), hinchado (por la extravasación de plasma), y generará señales neuronales de daño consumado que llegarán a la red defensiva cerebral (“neuromatriz del dolor”) proyectándose el sentimiento de dolor en la conciencia.

Ni asomo de inflamación.

Lo único que existe en el cerebro migrañoso es un estado de alerta que se va autoalimentando a sí mismo, como si algo peligroso fuera a suceder. El estado de alerta excesivo consume energía y supera la capacidad de la red glial (células que mantienen las condiciones químicas del espacio perineuronal necesarias para que las neuronas generen señales eléctricas) de mantener la actividad de la corteza. Ese estado produce a veces el aura y otras el sentimiento doloroso, pero no una respuesta inflamatoria.

No es inflamación sino una alerta. No se ha destruído tejido para ser reparado. Sólo expectativa, miedo.

Las meninges… Están sobreexcitadas y eso es lo que causa dolor. El dolor llega a través del trigémino, al centro de dolor del cerebro.

Desde la perspectiva de la Neurociencia actual afirmar que el dolor se origina en las meninges, que ese dolor es detectado por las terminales del nervio trigémino y que las señales que este genera se transmiten al “centro cerebral del dolor” es un error de bulto.

Nada de eso es cierto. En las meninges no sucede nada. Tampoco en sus vasos. Las terminales del trigémino están sensibilizadas como corresponde a un estado de alerta, para detectar cualquier estímulo potencialmente nocivo. La neuromatriz cerebral defensiva también está en alerta. Todo el sistema neuroinmune defensivo está en alerta, frente a un daño imaginado que ni se ha producido ni se va a producir. El sistema no se satura sino que se retroalimenta como en un bulo: dicen que…; hay policía…; algo pasa…;

El dolor aparece y confirma el estado evaluativo. Suena la sirena del dispositivo y ese sonido se acopla hasta que alcanza el máximo nivel posible. Se satura. No hay peligro. No sucede nada. Falsa alarma.

Si esta inflamación persiste, llega un momento en el que, el propio nervio, de alguna manera ya asustado, comienza a generar como sistema de defensa, vasodilatadores y neuroestimuladores que aún empeoran la situación. Es como si el sistema le dijera a esa persona, “ei, paráte que alguna cosa está yendo muy mal”. El paciente se vuelve hipersensible, le molesta la luz y el ruido, solo quiere que, en paz y con medicación baje la inflamación y, con ella, el dolor.

El trigémino asustado…

El trigémino se limita a responder a condiciones locales: algo ha sucedido (DAMPs, alarminas) o a evaluaciones cerebrales (algo pudiera suceder, alerta).

Es el cerebro el que “está asustado” y acaba contagiando a través de los sentimientos proyectados a la conciencia al individuo, que teme una nueva crisis.

El individuo está en manos de sus expertos. Les consulta y recibe mensajes que sosiegan y desbaratan la alerta o los contrarios, los que potencian y consolidan el miedo.

El sistema defensivo en una crisis está en estado de alerta, desde las terminales del trigémino al experto que cuida al padeciente.

Algo y/o alguien debe deshacer el bulo.

Terapias-placebo. “Duérmete. Ya le he dicho al ogro que se vaya”

Educación en Neurociencia del sistema defensivo neuroinmune. Los ogros no existen.

Usted mismo.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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3 respuestas a Potenciando la migraña (IV)

  1. Rafa dijo:

    Extraordinario artículo. Hablando mal y pronto, me jode que toda esta información no se extienda entre la red pública de sanidad, en los departamentos de neurología, medicina interna, etc. El individuo está en manos de sus expertos !!Uf!! eso si que da miedo. Un saludo

  2. Dacil dijo:

    Esta información no se cuenta a los pacientes por falta de tiempo, saturación del personal por falta de personal y porque sigue existiendo la creencia de que los pacientes son tontos

  3. Alicia Martín dijo:

    Estoy de acuerdo, extraordinario artículo y extraordinaria visión de dolor. Puede que sí empiece a extenderse, al menos sí se ha transmitido en el congreso nacional Semfyc celebrado en Madrid la semana pasada, a través de Iñaki Aguirrezabal. Su ponencia, breve pero intensa, “Reconceptualizando el dolor”, nos dejo sorprendidos a unos cuantos médicos de familia y, al menos a mí, con ganas de acercarme a esta perspectiva de la Neurociencia de la que nada nos han hablado en la facultad de medicina. Muchas gracias. Un saludo.

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