Emergencia

En los sistemas complejos, aquellos en los que sus componentes individuales están fuertemente integrados, de tal manera que cualquier variación en uno de ellos afecta a la totalidad del sistema de modo impredecible, aparecen (emergen) en un momento de su evolución propiedades o capacidades nuevas, ligadas a la evolución en el tiempo del sistema.

Por ejemplo, de la materia emergió la vida; de la vida, las células; de las células y su interacción compleja, los organismos pluricelulares; de los organismos pluricelulares, las sociedades; de las sociedades, la cultura; de la cultura, el mundo actual.

Homo sapiens (m.n.t.) contiene  en su modus vivendi  actual varias emergencias integradas de modo complejo. La más característica podría ser su mente, una emergencia inicial que interactuó en el tiempo y el espacio con otras mentes y el entorno, dando lugar a la cultura, otra emergencia madre que alumbró sucesivas herramientas emergentes como el lenguaje, la imprenta, internet… y las ciudades físicas y virtuales (redes sociales).

La cultura ha generado emergencias que nos afectan en todos los ámbitos.

El organismo no puede sustraerse al impacto de esas emergencias que forman parte de nuestro hábitat.

Para algunos existen enfermedades emergentes, patologías misteriosas que no pueden ser explicadas por los modelos actuales, y que serían la consecuencia emergente de factores ocultos tóxicos, infecciosos, alimentarios, emocionales, con los que un aturdido organismo tendría que lidiar, abocado al fracaso sistémico.

Sin negar la existencia de todos estos componentes modernos del entorno y su posible capacidad de generar patología, por sobrepasar la capacidad del organismo de digerir y metabolizar toda esa carga psicofísica estresante, creo que debe incluirse tambien en ese entorno potencialmente patologizante a la propia cultura, la información.

El organismo debe metabolizar y procesar también la información. A través de la imaginación (otra propiedad emergente del cerebro humano) deberá gestionar su salud física y social, atendiendo los requerimientos del organismo real y del imaginado.

Puede que tengamos un problema con la agresión cotidiana de lo que comemos y respiramos, con los estreses psicosociales que nos abruman, con el desánimo de bregar sin éxito con el día a día. Pero, pienso que lo que imaginamos puede imponer una carga infinitamente más poderosa, mortificadora e invalidante.

Puede que la cultura haya potenciado extraordinariamente el miedo a la residencia en un organismo supuestamente vulnerable, sobrecargado y desquiciado por el entorno y puede que ese organismo no esté tan enfermo como lo suponemos sino que la patología resida en las expectativas y creencias que la información sobre el organismo y entorno genera.

No hay duda sobre la necesidad de controlar y minimizar la toxicidad y agresividad psicosocial del entorno sapiens  pero esa preocupación debe extenderse también a la propia información.

El dolor y otros padecimientos, en ausencia de una patología que los explique y justifique, es una emergencia, en el sentido epidemiológico y en el de las propiedades de los sistemas complejos.

Para unos, es una enfermedad emergente, pendiente de ser desvelada.

Para otros, entre los que me incluyo, debe considerarse, al menos como una hipótesis, la explicación alternativa: la patología puede residir también en los contenidos informativos de la cultura.

En cualquier caso, estamos ante una emergencia.


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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