Inteligencia evaluativa

Dicen que nuestras decisiones provienen de una integración cambiante entre las propuestas de un supuesto cerebro emocional, caliente, instintivo, impulsivo, reflejo y las de su contrario: el cerebro racional, frío, reflexivo, lógico.

El cerebro emocional decidiría rápidamente, sin marear la perdiz, mientras que el cerebro racional se tomaría su tiempo; contaría hasta diez antes de decidir, conteniendo el impulso inicial de las respuestas emocionales.

Habría áreas en las que anidan las emociones, prestas a largar lo que los instintos, la intuición, los sextos sentidos proponen. Las contrarias contendrían el conocimiento racional, sensato, aquél que nos ayuda a ponderar los pros y contras de lo que decidimos.

El dolor es una decisión, una proyección-propuesta a la conciencia para que el individuo opte por una conducta de evitación.

¿A qué imputamos la decisión “dolor”: al cerebro emocional o al racional?

Dicen que la información nociceptiva, la que surge de los tejidos cuando estos tienen problemas que amenazan su integridad, camina por dos vías: la medial en dirección al cerebro emocional y la lateral al cerebro que analiza fríamente los datos.

Bloqueando el cerebro emocional sentiremos eso que habitualmente llamamos dolor pero no estará acompañado de sufrimiento. Seremos indiferentes a ese dolor descafeinado.

Bloqueando el cerebro analítico, el que nos dice cuándo, dónde y cuánto estímulo nocivo está produciéndose en una determinada área, no tendremos dolor propiamente, pero sí sufrimiento.

A través de la hipnosis podemos segregar estas dos facetas: la emocional que nos hace sufrir y la sensorial que nos permite ubicar y cuantificar el agente causante.

Aun cuando nos cuenten muchas veces que esto es así lo cierto es que el cerebro es un órgano altamente integrado entre sus diversas partes y el resto del organismo y este, a su vez, con el entorno y la historia que a través de todas esas interacciones se va construyendo.

La actividad cerebral tiene como objeto evaluar, desde el conocimiento y desde el miedo que ese conocimiento genera, el riesgo de posibles eventos, consumados, inminentes o simplemente posibles, aun cuando no exista ninguna evidencia de que se vayan a producir.

La evaluación integra el saber y el temer sin demasiadas garantías de que lo que se da por sabido y/o temido sea cierto o probable.

Muchos dolores afloran a la conciencia desde el puro miedo y el desconocimiento. Nada amenaza (ni parece que vaya a hacerlo) a un área corporal pero el miedo (emoción) y el desconocimiento (“tengo la columna hecha un asco”) se alían para concluir que la acción que pretende el individuo sea evaluada como amenazante, aunque sólo sea levantarse de la silla.

Evaluar riesgo en esa acción inofensiva es una acción poco inteligente por parte de los dos supuestos cerebros (emocional y racional).

No estaría mal considerar que tanto el cerebro emocional como el racional forman parte de la actividad evaluativa continua que precede a todas las “decisiones” del organismo.

El dolor emerge de un proceso evaluativo, en función de muchos factores coincidentes en tiempo, espacio y circunstancia.

Podemos y debemos evaluar conscientemente (emocional y racionalmente), ese proceso evaluativo y catalogar como erróneo, poco inteligente, un dolor que emerge fuera de cualquier amenaza real o potencial.

Ante una evaluación errónea lo que toca es mejorarla. Evaluar el dolor erróneo como tal y hacer algo para disminuir la probabilidad de que se repita. Aprender.

La evaluación errónea se combate considerando esas dos patas que dicen la conforman: la emoción y la razón, el miedo al daño y al dolor y la atribución errónea de enfermedad-lesión en la zona dolorida.

En estos casos el dolor certifica el miedo y el error de conocimiento.

¿La solución?

Combatir los miedos y corregir el desconocimiento

Pedagogía y exposición gradual a la actividad perdida, secuestrada.

Inteligencia emocional y racional, es decir, evaluativa.

Debe ayudar a su organismo a construir evaluaciones inteligentes. Usted forma parte consciente o inconsciente del proceso.

No sea un inconsciente…

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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4 respuestas a Inteligencia evaluativa

  1. Pilar dijo:

    Una vez más parece que hablas de mí.
    Vivo en un círculo de miedos e inseguridades y así me va, me queda el consuelo de que al menos hay algunas personas que si me entienden

  2. Pilar: el miedo es el enemigo a batir. Piensa en otros miedos y cómo debemos enfrentarlos y aplica la misma receta en el dolor. Decirlo y comprenderlo siempre es más fácil que hacerlo y tener éxito.

  3. Jon dijo:

    A mi a veces también me pasa q muchas entradas las veo q están escritas como para mi. Y efectivamente el meollo de la cuestión está en el miedo y en todas las evitaciones q hacemos y alimentan y mantienen vivo a ese miedo. Y en eso estamos en tratar de DESEVITAR, algunos momentos con mas éxito y otros momentos mas frustrado, tratando de que en el largo plazo ( aunq está siendo muy largo ) el relato y la interpretación de este relato cambie y no sea amenazante.

  4. Manolo dijo:

    Magnifica explicación , absolutamente esclarecedora, y , como siempre, destruyendo tópicos..
    Gracias,Arturo !

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