Pensar en el cerebro

Para conocer el dolor ajeno no hay más que interesarse por él haciendo preguntas a quien lo conoce en exclusiva, quien lo padece.

¿Dónde; desde cuándo; cuánto; en qué circunstancias; qué lo alivia; qué lo agrava?

Se completa la historia con otras preguntas y la exploración clínica para descartar una lesión-enfermedad que explique y justifique debidamente el dolor y se solicitan pruebas complementarias si quedan dudas.

Una vez despejadas las dudas con razonable certeza llega el momento clave:

– ¿Qué opina, doctor?

– Usted primero. ¿Qué opina de su dolor?

– No pienso. Quiero que se me quite. Ya sé que no tengo nada.

– El dolor es un contenido de conciencia, es algo que sentimos como consecuencia de un estado de valoración de amenaza en nuestro cerebro, en un momento, lugar y circunstancia del organismo. Esa valoración a veces nace de un peligro real, consumado o inminente pero en su caso, dado que no tenemos ninguna sospecha de que exista tal amenaza, se trata de una valoración errónea.

Esta sería una contestación correcta y deseable pero es impensable que se produzca en una consulta. Más impensable es que si se produjera fuera aceptada con naturalidad por el padeciente.

Sin embargo, las creencias y expectativas, la historia que cada organismo se cuenta a sí mismo para organizar el día a día, son las responsables de que emerja en la conciencia el sentimiento doloroso. Cada lugar, momento, escenario y actividad tiene su historia, su expectativa, su evaluación.

Si el profesional quiere comprender el dolor debe interesarse por esas historias.

– Necesito conocer sus historias, sus hipótesis, sus temores, sus deseos, su expectativa de la consulta. Sabemos que no tiene usted nada ¿por qué piensa que le puede doler?

Probablemente el padeciente echará mano de lo que le suena:

– No lo sé. Quizás el estrés, las malas posturas, los pesos… Hago poco ejercicio…

Es impensable que implique a su cerebro, las historias que se monta en el taller de la imaginación.

Este sábado hemos tenido un curso de migraña. A ninguno de los pacientes en su peregrinaje por las consultas oficiales y alternativas se le preguntó por lo que pensaba. Sólo interesaban los antecedentes familiares y los desencadenantes.

A ninguno se le habló del cerebro, de las neuronas. Sólo genes, arterias, inflamación, hormonas, personalidad, alimentación, desencadenantes y misterio, “no se sabe”.

El cerebro interesa y vende… menos en el ámbito de la salud-enfermedad.

El ciudadano piensa en su colesterol, en su columna, en sus genes y hormonas, en los desgastes, en la circulación, en la digestión, en el cuidado de la piel, en la asepsia y un sinfín de cuestiones publicitadas en los medios.

El cerebro, las neuronas, no tienen esponsor. El dolor no es una cuestión del cerebro. En todo caso puede ser “psicológico” pero eso es cosa del individuo, de sus estreses y desánimos.

– ¿No me va a dar nada para el dolor?

– Información, educación.

– ¿Así, sólo hablando?

– Usted me cuenta su historia, lo que piensa, desea y teme; yo le cuento la mía como profesional: lo que pienso, temo y deseo y luego decidimos entre los dos o más bien decide usted sobre la base de lo comentado.

Existimos luego pensamos. No hay ningún ser vivo, por muy elemental que sea, que no piense.

Pensar es memorizar, predecir, temer, explorar, decidir, comprobar, corregir.

Pensar en el dolor sin pensar en lo que uno piensa sólo trae consigo más dolor.

No ser consciente de que el organismo contiene un sistema complejo de neuronas, especializadas en contarse historias que se convierten en percepciones, sentimientos y pulsiones cuando contienen la fuerza suficiente para acceder a la conciencia, nos hace vulnerables. Nos deja en manos de los contadores de historias sobre organismo, sobre orígenes del dolor. En sus historias no hay sitio para el cerebro.

Piense con cerebro en el cerebro. No lo deje desprotegido a merced de los contadores de historias.

Si duele, siempre habrá un cerebro con sus historias.

Hay que saber si esas historias corresponden a un hecho real, un daño actual o sólo son la expresión de un temor cerebral a que se cumpla algo previamente publicitado.

Piense desde el conocimiento. Así podrá existir desde su propia historia y no desde historias de otros.

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a Pensar en el cerebro

  1. Hola,

    que razón tienes Arturo.

    Cuantos profesionales médicos dejan de lado el factor más importante: el paciente.

    “Usted se toma esta pastilla y se calla. Pero oiga Doctor, a mi esta pastilla no me funciona. ¿Quién sabe de medicina yo que llevo la bata blanca o usted que no sabe?”

    Resolver el dolor es un trabajo en equipo. A quien le duele explica y el experto explica. Y entre ambos encuentran un punto de encuentro que les permite llegar a la solución.

    Gracias por escuchar lo que dice el paciente.

    Un saludo.

  2. mechimos dijo:

    Hola Arturo, me gustaría que vieras las caras que me ponen algunos médicos cuando les hablo de dolor, neuronas y evaluaciones erróneas…

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