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¡Funciona!

Estoy leyendo un libro complicado. Droga dura sobre la trama cerebral del dolor: «Pain and the conscious brain» de Luis García Larrea y Philip Jackson.

En el horizonte a corto plazo varios encuentros con profesionales de nuestro grupillo de la «Pedagogía del dolor». Para explicarles algo debo entenderlo primero y luego traducirlo a un lenguaje asequible. El siguiente paso será simplificar aun más los conceptos y envasarlos en metáforas para que nuestros padecientes-alumnos lo comprendan y apliquen y puedan explicarlo a su vez a sus allegados.

– Pues mira, el dolor no viene de la columna. El cerebro…

– En la resonancia me han salido dos hernias de disco…

Bucear en el dolor es bucear en la percepción, en la consciencia, en el sentido de propiedad y pertenencia del cuerpo en el que uno reside, en la construcción de la idea corporal, sus fronteras, sus amenazas, su dependencia social y un largo etcétera de cuestiones complejas.

El antídoto de la complejidad es la simplicidad. La explicación esquelética, asequible y manejable.

– Tienes una contractura. La masajeo y te dejo el músculo blando, relajado, oxigenado…

o…

– Toma este analgésico…

El dolor surge del músculo contracturado, rígido y endurecido. Se masajea y punto.

El dolor tiene una química «mala». Damos una molécula «buena» anti-dolor y nos dejamos de historias.

A los profesionales en sus Universidades y a los ciudadanos en las consultas y en el cotilleo diario nos cuentan historias simples, directas, sólidas sobre el dolor, su origen y remedio.

– Eran las zanahorias. He dejado de comerlas y ya no me duele.

De ilusión también se vive. Lo hacemos todos. Armamos una teoría causal, nos dejamos llevar de la apariencia y si el dolor amaina se acabaron las historias.

En Biología todo es complejo. Un átomo es complejo. Una molécula es una sociedad de átomos. Una célula, una sociedad de moléculas. Un organismo, una sociedad de células. Una ciudad una sociedad de organismos… y así hasta un universo de sociedades interactivas con un grado de conectividad inimaginable.

El dolor tiene que ver con todo eso. No se puede explicar y disolver con cuestiones musculares, dietéticas o farmacológicas.

El libro se me estaba resistiendo pues exige un esfuerzo de concentración considerable. De repente me ha venido la reflexión a la cabeza: ¿»para qué comerme tanto el coco»? La reflexión me ha traído hasta el ordenador y esta entrada.

– Los pacientes no somos tontos, dijo una de las ex-padecientes del Congreso en Donosti.

Así es. Aceptan y agradecen las explicaciones y se sienten aliviados por disponer de un marco de conocimiento que les devuelve la convicción de residir en un organismo sano y apto para la brega vital.

La simplicidad puede ser rentable a corto plazo pero hipoteca el futuro. Lo barato acaba saliendo caro y lo caro acaba saliendo barato.

– El masaje me va bien pero el dolor vuelve en unos días. Tengo dos hernias. Me hablan de operar pero no se deciden…

Un organismo es una sociedad de sociedades inserto en otras sociedades interasociadas. El dolor tiene que ver, a veces, con algo destructivo físico que altera la integridad de alguna zona del organismo y otras muchas veces con expectativas y creencias, temores y deseos construidos en ese barullo intersocial complejo.

Tengo que volver a leer el libro de Luis García-Larrea para ver si capto la sencillez de la complejidad de lo que quiere explicarme. De momento lo único que recuerdo es que todo es muy complejo y que esta semana tendré que contar algo a mis compañeros de modo sencillo y comprensible…

– El paciente lo que quiere es que le quites el dolor.

El profesional lo que quiere es que su intervención funcione

– Ya pero ahora qué hago con todo esto…

La veracidad por sí sola no basta. necesita aportar consecuencias prácticas.

Lo que importa es que la apariencia nos beneficie. aunque sólo sea apariencia.

Un médico sin recetas y un fisio sin intervenciones manuales puede sentirse desvalido e invalidado socialmente y frente a sí mismo.

Volveré al libro de Luis.


Este blog es solo la punta del iceberg, se puede hacer mucho más.


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3 comentarios en «¡Funciona!»

  1. Tu cerebro no deja de pensar en cómo mejorarle la vida a los padecientes de dolor crónico o a los que temen volver a padecerlo. Un saludo Arturo

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