Cerebro, tejidos y personas

Vivimos un momento de reconceptualización del dolor.

Se pensaba, y así siguen haciéndolo muchos ciudadanos y profesionales, que el dolor surge de tejidos con algún problema. Duelen huesos, músculos, articulaciones, estómagos…

El dolor generado en los tejidos se detectaría por unos nervios o cables esparcidos por todas partes y, una vez convertido en señales eléctricas, se conduciría hasta el cerebro, lugar en el que se hace consciente lo que sucede en el organismo.

Los tejidos se dañan y duelen y el cerebro recibe la información correspondiente. Eso pensábamos.

Ahora sabemos que el dolor y cualquier otro contenido de la conciencia se produce en el cerebro y que sin él no existe la posibilidad de construirlo.

La creencia antigua “the tissue is the issue” (el tejido es la cuestión) ha muerto o debería haberlo hecho.

El nuevo paradigma ahora es “The tissue is not the issue; no brain, no pain” (los tejidos no son la cuestión; sin cerebro no hay dolor).

Desplazar la cuestión del dolor de los tejidos al cerebro ha generado recelos justificados en muchos profesionales pues el cerebro no es un órgano en-sí-mismado que imagina los tejidos desoyendo sus voces sino que todo lo que construye (por ejemplo, el dolor) lo hace de la mano de la información que constantemente le llega de todo el organismo.

No sólo cerebro. No sólo tejidos. Siempre cerebro. Siempre tejidos.

La disputa sobre la relevancia del cerebro frente a la de los tejidos puede generar desgarros en su propietario y residente, es decir, en la persona.

De ahí que se proponga zanjar la cuestión dejando de lado la diatriba estéril y absurda sobre qué manda, si el cerebro o los tejidos, la imaginación de la amenaza o los hechos consumados de daños y disfunciones diversas, reales y actuales. Lo que importa, se dice, es “la persona”, el individuo real y padeciente, quien sufre las consecuencias de lo que su cerebro imagina de lo que acontece o pudiera acontecer en los tejidos.

“La persona es la cuestión”. Ni cerebro, ni tejidos. El todo y no sus partes.

No entiendo muy bien qué se quiere dar a entender con esta propuesta.

Si aún sigue vigente la teoría celular, somos una sociedad de células y el espacio extracelular que ellas generan. Sólo hay tejidos, por tanto.

¿Y el cerebro?

También células y el tejido extracelular que generan.

Hay que estudiar y comprender la actividad celular. Su fisiología en condiciones normales y ante el estrés de la carga, la enfermedad o la incertidumbre.

El cerebro no es más que una de las muchas sociedades celulares que integran la supersociedad del organismo, que a su vez está insertado en el medio extraindividual que los individuos agregados en sociedades generan, es decir, en la cultura.

Una persona no es sino una sociedad de sociedades celulares que habitan un medio extracelular.

Esa sociedad celular puede memorizar y predecir. Tiene una historia que ha construido y que guia sus decisiones.

Nuestra labor como profesionales es conocer la complejidad del trabajo celular y aproximarnos a la historia que cada organismo construye, para sobrevivir física y socialmente.

Eso incluye, por supuesto, los tejidos clásicos, los músculos, huesos, articulaciones y vísceras, y los tejidos nerviosos, tan celulares como el que más.

No entiendo qué se quiere sugerir cuando se pone a la persona como objeto de nuestra atención, por delante de las consideraciones de tejidos y cerebro.

La persona,ante todo, tiene derecho a conocer lo que sus tejidos hacen y deshacen y eso incluye, por supuesto, al tejido cerebral, a ese telar encantado de células que teje y desteje la historia que teme y desea desde la contención de las noticias que recibe de lo que acontece en los tejidos en cada escenario.

Hay veces en las que los tejidos andan con problemas y por eso el relato cerebral contiene sufrimiento y preocupación.

Otras veces, es el miedo irracional al daño lo que alimenta el relato cerebral.

Hay un exceso de información sobre “tejidos” y poca sobre “cerebro”.

¿Que hablemos de personas?  Hagámoslo. Hablemos, por tanto, de células, hablemos de la historia como un producto celular. Hablemos de la cultura como medio extracelular.

Informemos a los ciudadanos de la importancia de las neuronas, de su trabajo, de su función predictiva, de su dependencia (domesticación) cultural. Hagámosles conscientes de los peligros de esa dependencia.

– Hábleme de su historia. Le escucho.

– Sólo sé que me duele…

– Sus tejidos están razonablemente sanos. Tenemos que revisar su historia.

 

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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4 respuestas a Cerebro, tejidos y personas

  1. norberto dijo:

    Hola Arturo, no dejes nunca de transmitir tan valiosos conocimientos. Un saludo!

  2. Querido Dr Goicoechea:
    Muchisimas gracias por sus planteamientos y su esfuerzo por compartirlos. Soy psicóloga (con formacion en terapia cognitivo-conductual, neurociencia e inmunologia) y con varios problemas relacionados con sensibilización central. Esa “doble”condición me hace tener, creo, una perspectiva peculiar del asunto donde se mezcla una comprension “facil, intuitiva, resonante” de sus propuestas con la “duda razonable” que seguro la alarma de mi cerebro sostiene. Queria preguntarle si cree que sería tb posible una intervencion pedagógica en el síndrome de sensibilidad quimica multiple. El llamado “control ambiental” que se recomienda a estos pacientes aumenta de manera exponencial la actitud cerebral/psicologica de alarma, miedo, peligro… pero por otro lado es cierto que una exposición no controlada o bien pensada recondiciona al organismo de una manera potentísima. Otra vez muchas gracias por su blog, encontrarlo ha sido para mí punto de inflexión. Seguro que seguiré comentando y preguntando así que hasta pronto. Un abrazo muy grande.

  3. Se me olvidó puntualizar algo. Mi duda razonable no tiene que ver con sus hipótesis. Tiene que ver con mi capacidad o mas bien la capacidad de mi sistema para ser lo suficientemente permeable a una “pedagogia de la configuracion de programas de alarma”, la duda de si mi sistema no se ha involucrado en un bucle endogàmico y parapetado, inmune (no serà casualidad utilizar este vocablo) a otras influencias de su propio àmbito… algo así como sistema limbico vs neocortex o quizàs neocortex en bucle permanente ante la señalizacion producida por los propios síntomas.
    Todo esto porque yo ya “sabía” sobre los mecanismos evaluativos cerebrales de alarma y aun asi he ido empeorando…aunque es posible que haya “sabido” pero no haya actuado lo suficiente, de forma reiterada, concreta y firme.
    Espero haberme explicado… me interesa muchísimo su respuesta ante mi duda, para mí ahora esencial.
    Muchisimas gracias de corazon.

  4. teresa dijo:

    Una vez más agradecer la difución de su sabiduría, de su conocimiento , de sus horas y horas de investigación, y como usted bien dice , tenemos que seguir insistiendo en reconceptualizar el dolor, pero tiene que ser con mucha pasión, por que hoy en día como paciente y como profesional sanitario todavía sigue imperando el módelo mecanisista, lo nuevo asusta, y sobre todo ¿donde ha quedado la persona? yo no la veo.. no me ven cuando voy a una consulta , solo ven una columna …. seguiré insistiendo con pasión la defensa de este nuevo paradigma. saludos

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