Tolerar o no tolerar, esa es la cuestión

Sobrevivimos dentro de unos límites. Nuestras células necesitan que las variables energéticas físicoquímicas que contiene su entorno se muevan dentro de una banda tolerable, compatible con la supervivencia.

Somos intolerantes a temperaturas extremas, estirones y compresiones, ácidos y álcalis. No toleramos la falta de oxígeno, agua, sal, minerales varios, vitaminas y un largo etcétera de nutrientes.

Nacemos con la intolerancia propia de nuestra especie. No hay que aprender nada. Los límites de la supervivencia vienen dados por nuestro genoma.

Sin embargo dentro de esos límites de tolerancia básica cada organismo “decide” aceptar o rechazar diversas variables, absolutamente compatibles con la vida. Cada uno tenemos nuestra banda propia de tolerancia-intolerancia. Lo que para uno es permisible o incluso apetecible, para otros es inadmisible, algo a evitar a toda costa.

El organismo dispone de la habilidad de ampliar los límites de la tolerancia a través del aprendizaje. El primer día que cogemos la azada nos aparece una ampolla por la intolerancia de la piel a la novedad del estrés mecánico, pero ese suceso inicia la respuesta de tolerancia a próximas exposiciones. Acabaremos tolerando la azada gracias a una oportuna callosidad.

– Tengo intolerancia a la azada. Me salen ampollas.

– Tolero la azada. Tengo callos.

La intolerancia puede acotar en exceso el margen de lo cotidiano.

Nos reconocemos a veces como responsables de nuestras intolerancias:

– No tolero la luz, los olores, el ajo, la cebolla…

Pero otras veces pasamos la responsabilidad, con razón,  a nuestro organismo:

– No tolero el polen, los gatos, la penicilina, el látex

A uno le pueden encantar los gatos (no es mi caso) pero su organismo decide evitarlos, en un extremo caso de intolerancia, activando los recursos de rechazo inmune, la reacción alérgica.

Frente a la intolerancia inmune poco podemos hacer. No cabe la rebeldía. Somos conscientes del despropósito pero saber que es así no nos ayuda. Sólo cabe aceptar la condición alérgica y actuar con sensatez, identificando todas las intolerancias para evitarlas.

La red inmune debe decidir lo que debe tolerar o evitar y no caben medias tintas. Una vez queda catalogado algo como peligroso, será evitado con todas las armas defensivas  disponibles. El individuo no pinta nada. Es un mandado.

La banda de tolerancia que define la red neuronal admite al individuo como sujeto de temores y deseos y como portador de información. La tolerancia neuronal propicia una manga ancha o estrecha dentro de la banda variable, individual, de los límites objetivos de supervivencia.

Los llamados “síndromes de sensibilización central” son casos de intolerancia neuronal injustificada a variables físicoquímicas permisibles que debieran ser toleradas o, incluso, promovidas.

– No tolero el fin de semana, el queso curado, la variación hormonal, la humedad, el sol…

– No tolero el ejercicio, que me toquen.

La intolerancia inmune se expresa de modo contundente y peligroso a través de la inflamación.

La intolerancia neuronal se expresa de modo también contundente, mortificando e invalidando al individuo pero sin poner en riesgo la integridad física.

La intolerancia inmune no admite la opinión del individuo.

La intolerancia neuronal es permisiva y considera la información que el individuo aporta.

El miedo irracional inmune es refractario, difícilmente reversible.Mejor obedecer sin rechistar.

El miedo irracional neuronal puede y debe neutralizarse con información y exposición confiada a las variables inofensivas.

Algunos consideran que la intolerancia neuronal es una enfermedad y no un aprendizaje. Desde la convicción de enfermedad mantienen y alientan, inconsciente e involuntariamente, la banda estrecha, exigüa y rígida, de intolerancia a casi todo.

El organismo intolerante convence al individuo y lo convierte en un aliado necesario.

Para algunos individuos, víctimas de la residencia en un organismo defendido y regulado por una red neuronal intolerante, el saber que habitan un organismo sano, protegido por un cerebro absurdamente intolerante resulta balsámico, liberador. Se libran del sambenito de la responsabilidad y tiran de tolerancia arrastrando con resistencia variable a su cerebro.

– He vuelto a recuperar el queso, el fin de semana, el viento sur. Los tolero otra vez.

Otros rechazan la cuestión de la tolerancia y apuestan por la hipótesis de la enfermedad misteriosa que algún día, a golpe de investigación, verá la luz del origen y el remedio.

– No tolero el frío, el calor, el contacto, los olores, la luz. Todo me duele y me cansa.

La tolerancia es una función importante. No es fácil acertar.

A veces el organismo tolera la proliferación celular descontrolada cuando debiera atajarla sin contemplaciones. Cáncer.

Otras niega el pan y la sal de la tolerancia a la vida.

– ¿O sea que la enfermedad la fabrico yo?

– En absoluto. Es su organismo pero si hablamos de errores neuronales usted, su libertad y voluntad, su conocimiento, también cuentan. Usted también es algo neuronal.

Aprender a tolerar. Difícil cuestión, para el organismo y para quien lo habita.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a Tolerar o no tolerar, esa es la cuestión

  1. Sonia dijo:

    Buenos días, Dr. Y cuando en un resultado de sangre de Histaminosis Alimentaria (Sindrome HANA) da ciertos alimentos positivo, es decir, que tienes que excluirlos mínimo un año de la dieta para que los mastocitos, que son los encargados de crear los anticuerpos mueran….. Estando justificado en unos resultados, cree que es el organismo intolerante y no los alimentos en si? Felicidades por sus artículos. Le sigo, e intento aplicar en la medida de lo posible su teoria. Gracias

  2. Sonia: la intolerancia alimentaria no es mi fuerte y prefiero no opinar pero parece que sea el organismo el intolerante. No puedo decirle cuál sería la conducta adecuada a seguir pero creo que existe un margen de adaptación con exposición graduada… pero, repito: no tengo conocimientos ni experiencia en ese terreno.

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