El cerebro sueña la realidad

Intuitivamente pensamos, en lo que se refiere al dolor, que este se genera allí donde duele.

¿Qué pinta el cerebro en todo esto? ¿Pinta algo, realmente?

Estamos instruidos a pensar en huesos, músculos, articulaciones, corazones y estómagos dolientes, generadores de dolor.

Cuando sentimos dolor en la zona lumbar damos por sentado que surge de “la columna”.

– ¿El cerebro, dice?

Si nos exigieran una respuesta sobre el papel que pueda jugar el cerebro en la génesis del dolor, en el hecho real de que lo sentimos en la región lumbar, probablemente no sabríamos qué contestar.

– Lo único que sé es que me duele. Estoy agarrotado. No puedo moverme. No veo qué tiene que ver el cerebro con que me duela.

Lo cierto es que si duele es porque un conjunto de áreas cerebrales, conocido como la “neuromatriz del dolor”, se ha activado conjuntamente. No hay otro modo de generar esa sensación desagradable específica del dolor. La activación de la neuromatriz es necesaria y suficiente.

La cuestión crucial es: ¿por qué se ha activado la neuromatriz?

Damos por sentado que, necesariamente, hay una zona vulnerable, dañada, sensible, que genera “señales de dolor”, que “sufre”. De alguna manera los nervios de la zona que duele captan esos mensajes de penosidad y los transmiten hasta el cerebro para que sepa que la columna no está para movimientos. Así será si así parece. Eso pensamos.

La conciencia está en el cerebro y para que sintamos lo que sucede tienen que llegar  los “mensajes de dolor” hasta los circuitos que generan conciencia de lo que está pasando. El cerebro tiene un papel pasivo. Es un órgano receptor de información.

No es así, aunque no lo parezca.

Sin solución de continuidad el cerebro imagina la realidad, construye hipótesis, al calor de las emociones, del miedo y del deseo. El individuo consciente es el receptor de ese mundo imaginado. Los sentimientos somáticos, por ejemplo el dolor, forman parte de ese sueño cerebral continuo.

Si duele, necesariamente, el cerebro está soñando, valorando peligro en la zona que duele.

– A usted no le duele la columna. Su cerebro “duelea” (proyecta dolor), sueña peligro sobre la zona lumbar porque trata de protegerla. El agarrotamiento expresa el temor de que algo se dañe si usted se mueve. Es un programa motor defensivo, protector.

El paso a la conciencia indica que el cerebro pretende la implicación del individuo en una conducta defensiva.

Desde la conciencia el individuo puede actuar pasivamente, obediente, o tratar de modificar lo que el cerebro valora y pide en ese momento.

No hay que dar por sentado que si duele algo hay dañado. En el dolor crónico es la excepción. Es más probable que estemos ante un cerebro que, injustificadamente, insensatamente, aplica un código de peligro a esa zona sin que nada ni nadie haga nada para modificarlo.

Pensamos también que el cerebro sólo sueña cuando estamos apagados (dormidos): inmóviles y sin voz ni voto. También sueña cuando recuperamos esa voluntad y libre albedrío aparentes, con movimiento, voz y voto. El problema reside en que no ejercemos esos derechos y oportunidades para truncar el sueño continuo del cerebro sino para ratificarlo y reforzarlo.

El sueño cerebral con el individuo “encendido” (despierto) puede ser tan terrorífico como cuando está “apagado” (dormido).

Hay pesadillas en ambos estados.

Dicen que la percepción es una alucinación (un sueño) controlado por los sentidos. Así debiera ser. Lo alucinado, las hipótesis, los sueños cerebrales, debieran tener sentido.

El dolor no debiera ser una alucinación incontrolada, insensata. En muchos casos no sucede nada en la zona en la que el sueño cerebral expresa sus temores improbables. Ya que estamos “encendidos” y disponemos de voz y voto, debiéramos proyectar sensatez a los circuitos, hacer valer los informes sensoriales de que nada está pasando, que no es más que un sueño desbocado.

– Tiene usted la columna hecha un asco. No me extraña que le duela.

Así no hay quien se libre del sueño-pesadilla del cerebro. Damos la voz y el voto al miedo. Reforzamos una idea errónea del estado de “la columna”.

Poco podemos hacer cuando estamos “apagados” (dormidos) pero cuando el cerebro nos “enciende” para que actuemos dentro del guión del miedo debemos aprovechar la oportunidad para modificar el contenido, las creencias y expectativas que alimentan ese sueño.

Claro que para ello necesitamos conocer, comprender y luego actuar desde la convicción, desde la sensatez.

Está usted despierto. Haga algo.

……………………….

Se me olvidaba: el titular de esta entrada no es mío sino de Rodolfo Llinás, conocido y prestigioso neurocientífico, autor del libro “El cerebro y el mito del yo”

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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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3 respuestas a El cerebro sueña la realidad

  1. RAFA dijo:

    Qué gran exposición. El mes que viene estoy de celebración. Desde que comprendí este nuevo marco de actuación para diferentes tipos de dolor sin daño y ponerlo en practica, va a hacer 1 año que no he vuelto a tener ninguna crisis de cuadros de lumbociática. Pasé muchos años (2 veces al mes) yendo de masajista en masajista, de fisio en fisio para aliviar mi dolor “de columna”, dolor en forma de “contracturas”, rigidez, espasmos y sobrecargas. Una vez puesto en practica el nuevo afrontamiento sin miedo cuando aparece el dolor, con los nuevos patrones de movimiento parece que mi cerebro ha dejado soñar esa realidad y como digo el mes que viene 1 año sin ninguna lumbalgía. Para mi ya no tienen ninguna importancia ni temor los diagnósticos que me habían dicho los “expertos” sobre el estado de mi columna (degeneración de la L4-L5, discopatía local, cierta estenosis sin comprimir el canal raquideo, etc….). Dado que padezco una discapacidad física (artrodesis de rodilla dcha), mi cerebro y yo consciente, siempre hemos asociado mis dolores de columna a dicha discapacidad y a los alarmantes diagnósticos de los informes (miedo, expectativas de empeoramiento con los años, nuevas intervenciones quirúrgicas). Desde que acudí a una consulta con Asier Merino (fisioterapeuta de la clínica donde hice el curso sobre migraña) sigo en plena mejoría con los nuevos patrones de movimiento y como me dijo Asier !ahora que te has quitado la migraña de tu columna, comienza a quitarte las migrañas de tus piernas! La clave está en una vez el yo consciente haya comprendido el proceso, pasar a la acción sin MIEDO, o sea que ante el dolor más movimiento. Como digo ya no le doy ninguna importancia a los informes trasmitidos por mi traumatólogo interior (cerebro). Un saludo

  2. Montserrat dijo:

    A cada nuevo episodio de existencia de “síntomas migrañosos” aplico esta especie de mantra des de la más profunda comprensión: no debe haber dolor dónde no hay daño; ergo no hay dolor. Y funciona. Gracias, gracias, gracias…

  3. Muy interesante… el dolor nos exige una respuesta. Una acción para tranquilizar el peligro que se produce en el cerebro. Genial, la frase: “No hay que dar por sentado que si duele algo, hay dañado”

    gracias por este post!

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