Adictos al dolor

El dolor es el componente perceptivo de la activación por parte del organismo de un estado de alerta frente a una amenaza consumada, inminente o imaginada, de pérdida de su integridad física.

Al dolor le acompaña una pulsión a buscar conductas que lo alivien.

El organismo pide-exige esas conductas, que incluyen los rituales terapéuticos codificados como eficaces.

El dolor, en ausencia de un daño relevante que lo justifique, expresa la incertidumbre del organismo, el miedo, y la necesidad de aplicar conductas que devuelvan la seguridad, sean cuales sean.

Una vez se cumple con la acción tranquilizadora exigida, el dolor se aplaca.

El dolor consigue que el individuo centre su atención y conducta en la ejecución del ritual  construido por cada organismo a lo largo del aprendizaje-adoctrinamiento.

Si la conducta “terapéutica” se sigue del alivio queda reforzada y será exigida una y otra vez, a veces con frecuencia y apremio crecientes y con menor eficacia.

Las drogas engañan al cerebro forzando la activación del sistema motivacional de recompensa cuando se ejecuta la acción del consumo en un escenario determinado. La acción del consumo queda erróneamente evaluada como deseable y es exigida cuando hay oportunidad o se promueve la búsqueda apremiante cuando no se dispone de ella.

La cultura también engaña al cerebro promoviendo a la vez expectativas y creencias alarmistas que facilitan la aparición de estados de alerta por valoración de amenaza y “acciones terapéuticas” que calman a un cerebro instruido en la necesidad del consumo de esas acciones.

Se promueven el miedo al agua y las terapias para flotar.

El padeciente solo sabe que siente dolor y que desearía dar con la fórmula que lo alivie. No entra en disquisiciones sobre el origen y significado de ese dolor. Busca el remedio y lo aplica si es eficaz, obteniendo la recompensa del “efecto analgésico”.

Se ha activado la alarma desde una evaluación alarmista del sistema a pesar de que no ha habido un ataque a la integridad física del edificio. La activación obliga a un ritual para desactivarse. Se ejecuta el ritual y la alarma deja de sonar.

En el contexto de la sociedad garantista actual el organismo actúa paradójicamente como si tal contexto no existiera y siguiéramos en el hábitat incierto del paleolítico.

Las ganas de comer y beber algo nos apremian y comemos y bebemos algo aun cuando el organismo no necesite comida ni bebida. Somos adictos a consumar la conducta de ingestión de alimento y bebida. Sólo así calmamos el apremio del organismo, “el mono”.

El individuo no es adicto al dolor: no lo necesita, no lo echa en falta, no busca escenarios y conductas que lo provoquen (bueno, hay gente “pa tó”…). La adicción surge del organismo en el que reside, que le exige conductas que alivien la incertidumbre de sus circuitos vigilantes.

Al dolor injustificado hay que hacerle frente, igual que a las ganas de comer, beber y descansar injustificadas.

El organismo tiene sus motivaciones ocultas, ancestrales, evolucionadas a lo largo de mucho tiempo de habitar la incertidumbre. La cultura puede alentar y confundir, llevar al organismo por caminos equivocados.

Cada vez hay más dolor, más ganas de comer y beber, más necesidad de descansar, más desánimo.

La biología de la motivación y la cultura de la disponibilidad fácil pueden generar la dinámica paradójica, disfuncional, de activar el miedo a todo y exigir el consumo de todo lo que se propone como “calmante”.

¿El antídoto?

Otra cultura.

Una más ilustrada. Cursillos de natación.

 

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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5 respuestas a Adictos al dolor

  1. Àlex dijo:

    Solamente ratificar el párrafo
    -“Las ganas de comer y beber algo nos apremian y comemos y bebemos algo aun cuando el organismo no necesite comida ni bebida. Somos adictos a consumar la conducta de ingestión de alimento y bebida. Sólo así calmamos el apremio del organismo, “el mono””.
    Desde mi personal y modesto ejemplo de como influyó su libro sobre la migraña aplicado a otros errores del organismo. He adelgazado 20 kilos ignorando señales de mi cerebro sobre el hambre y pautando las raciones y las horas de comida. Soy muy feliz porque lo estoy haciendo sin dietas pre establecidas y manteniendo siempre un dialogo cordial y sincero conmigo mismo.
    Gracias Arturo
    Àlex

  2. Alex: voy a seguir tu ejemplo y leer mi libro pues me he hecho con un excedente de varios kilos que necesitaría perder. Me alegra saber que te ha ayudado a conseguirlo en tu caso pero ya me contarás la fórmula 🙂 🙂

  3. jonfla dijo:

    Buffffffff hay q ver como se las gasta el cerebro cuando defiende lo q considera adecuado. Al final el dolor es como un sindrome de abstinencia puro y duro, y asi el cerebro trata de que volvamos a “drogarnos” de nuevo pero en vez de con alcohol o heroina con conductas y rituales de evitación.

  4. Maite dijo:

    Contarles que llevo más de un año sin tomar ni un sólo analgésico y con muy contados episodios dolorosos después de muchos años de sufrimientos y limitaciones en mi caso relacionados con la espalda, con el estómago muy tocado ya por la medicación y el bolsillo por la peregrinación de fisio en fisio, y ha sido gracias a la comprensión y repaso constante de la información aportada en este blog y a la lectura del libro del doctor enfocado en la migraña, que encontré en la biblioteca pública. Todo esto teniendo en cuenta que mi profesión es de limpiadora… me siento valiente y libre como pez en el agua y así me muevo!!! Mil gracias al Doctor Goicoechea y sus colaboradores de todo corazón!!!

  5. Maite: ya me has alegrado la mañana y me has dado energía para seguir en la brega. Gracias por dar tu testimonio.
    Un abrazo

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