¿Es la migraña una enfermedad?

Habitualmente se describe la migraña como una enfermedad. Lo mismo sucede con la fibromialgia y otras etiquetas diagnósticas de la franquicia “síndromes de sensibilización central”.

Desde de la perspectiva del concepto funcional de enfermedad (un estado del organismo que impide disfrutar de la vida) no cabe ninguna duda que la migraña es una enfermedad especialmente grave. Vivir con la tortura del dolor intenso de cabeza y la intolerancia digestiva y sensorial es un malvivir, una enfermedad: un estado del organismo que condiciona la vida severamente, aunque “sólo” sea un par de días a la semana.

La opinión experta más aceptada en este momento sostiene que el organismo que genera las crisis migrañosas está regido por una red neuronal defensiva hipersensible, fácilmente excitable. La condición sensible afectaría al despliegue neuronal defensivo de la cabeza si bien otras áreas vecinas, si se estudian, se encuentran también en estado de sensibilización, con umbrales de dolor disminuidos.

La sensibilización de la cabeza sería de origen genético. Las neuronas del despliegue defensivo de la cabeza habrían nacido con esa condición de alerta fácil, inmotivada, mortificadora para quien habita en ese organismo.

La condición genética de exceso de celo defensivo neuronal de la cabeza se concretaría en alguna peculiaridad molecular exclusiva de las neuronas. Hasta el momento no se ha descrito esa singularidad molecular. Más bien se ha descrito lo contrario: la ausencia de singularidad. La condición migrañosa genética, de ser cierta, generaría dolor recurrente y fácil por cualquier rincón del edificio. Habría “migraña” en la cara, en el hombro, en el abdomen, el tórax, en un pie o, por todas partes.

Puede que la condición sensible fuera universal, afectara a todo el organismo, pero la singularidad surgiría de los desencadenantes. Habría desencadenantes para la cabeza, distintos de los de la columna, el hombro, la tripa o la mano. Unos serían mecánicos (coger pesos, las malas posturas) otros psicológicos-tensionales (los agarrotamientos, contracturas y encogimientos musculares), otros alimentarios. Para la cabeza valdría cualquier desencadenante (sensorial, hormonal, meteorológico, alimentario, psicológico). Incluso el estrés mecánico podría operar desde las regiones articuladas vecinas (las “cervicales” y la ATM (articulación témporomandibular).

En definitiva: uno (o, estadísticamente, más bien una) nace sensible y, en función de lo que haga, expresa esa sensibilidad por regiones diversas del organismo que habita. Sólo cabe aceptar la mala pata genética y llevar un régimen de vida cuidadoso por encima del umbral de disparo de las neuronas defensivas: obedecer el toque de queda, el estad.o de excepción, los límites marcados por la condición hiperexcitable de la policía neuronal.

Los padecientes de migraña tienen dificultad para habituar: les cuesta catalogar lo inofensivo o irrelevante como tales. Los estímulos de todo tipo: sensoriales, psicológicos o ambientales (internos o externos) son potencialmente relevantes y alimentan la sospecha de amenaza. Toca mantener la vigilancia sensible y cuando esa valoración hipervigilante supera el límite de la incertidumbre tolerable empieza a formarse el nubarrón de la migraña, los “pródromos”, anunciando la tormenta que acabará descargando.

¿Qué se puede hacer contra el déficit de habituación?

Los neurólogos han predicado la abstinencia de todo aquello que irrita las neuronas hipersensibles: identificar y evitar los desencadenantes. Ese es el consejo.

La opción contraria sería: lleve a su organismo a la vida normal, inofensiva, y hágale ver que no pasa nada, que no tiene por qué temerla.

En el dolor “músculoesquelético” habría que quitar el miedo a la actividad, a coger los pesos de cualquier manera, a las “malas posturas” a los asientos poco ergonómicos…

Habría que abrir el espectro de lo que uno puede comer, especialmente si le resulta apetitoso.

Sería conveniente lidiar razonablemente con el bendito estrés para fortalecer la capacidad de respuesta a la condición incierta de la interacción social…

La migraña, la sensibilización, es un estado que debiera inducir el entrenamiento en la condición equilibradora contraria: la tolerancia, la habituación.

Etiquetar el sufrimiento, la invalidez funcional, como enfermedad cumple con los criterios funcionales del concepto enfermedad pero no debiera inducir una convicción de estigma que obliga a una conducta de enfermedad, con un régimen para hipersensibles e intolerantes. Lo contrario es lo aconsejable: la adaptación, la racionalización del miedo.

La migraña y el resto de expresiones del estado de sensibilización son enfermedades por déficit de tolerancia. Puede que contengan una condición genética o biográfica que facilita la condición intolerante, sensible, pero parece sensato promover la estrategia de aprender a tolerar.

No se trata de aceptar, sobrellevar la condición de enfermedad y tolerar el dolor y otros padecimientos.

Se trata de permitir el aprendizaje razonable del organismo.

Habitúese a habituar la irrelevancia.

-No tolero los olores, el frío, el calor, los pesos, las posturas, muchos alimentos…

-Tendrá que aprender a tolerarlos.

La batalla a la migraña y afines se libra en los escenarios de intolerancia de cada uno, a poder ser sin ayudas externas, sin terapias.

¿Enfermedad? Vale… pero no sin retorno.

Siempre nos quedará el aprendizaje.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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5 respuestas a ¿Es la migraña una enfermedad?

  1. Nieves dijo:

    Gracias por las explicaciones. Estoy de acuerdo en que ya tenemos bastantes condicionantes en la vida de los migrañosos como para sumar mas.
    LLevo 15 años conviviendo con mi migraña y durante muchos de ellos tenía un calendario detallado de mi vida, hora de levantarme, qué comía, hora de empezar el dolor, intensidad y un largo ect. que lo único que hacía era no poder desconectar los pocos días libres que tenía sin dolor. Sé que no he podido reducirlos, pero lo que sí he conseguido es disfrutar algunos días de mi vida en los que no tengo dolor como un regalo, no acordándome de que igual al día siguiente vuelve a estar conmigo. Un saludo.

  2. Nieves: como dicen los futboleros: “los partidos hay que jugarlos” y, en expresión taurina, “hasta el rabo todo es toro”.

  3. Hola Arturo, un post muy interesante. En la consulta me vienen clientes que quieren mejorar su migraña. Creo que tu blog es de obligación que se lo lean. Hay muchos clientes que sufren este dolor que vienen con muchas “alarmas” encendidas. Muchas veces, sin saberlo, los terapeutas las encendemos aún más…

  4. Mechimos dijo:

    “¿Enfermedad? Vale… pero no sin retorno”
    Que me vas a contar…. Absolutamente de acuerdo, excelente entrada.

  5. Mercè dijo:

    Reblogueó esto en LA MIGRANYA.y comentado:
    Si heu llegit les entrades del meu blog ja sabreu que des que vaig conèeixer del Dr Goicoechea la meva vida va canviar, la meva migranya va passar de ser habitual a ser excepcional. Encra no he aconseguit que desapareixi de la meva vida, però mica a mica…

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