“Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (III) –   Encontrar un camino… (Mercedes Gasca)

laberinto.jpg_869080375

      Como decía en el segundo de los puntos de la introducción… ya que estamos de confesiones, yo “confieso” que no estoy bien, que me enredé por el camino y que adquirí miedos irracionales, igual de irracionales que el miedo cerebral cuando no hay daño en el organismo. Yo no me atrevía a tomar ningún tipo de medicación, ni tan siquiera para aliviar el malestar de una gripe. También adquirí un miedo irracional al “no” movimiento o a hacerme cualquier tipo de prueba por si la información “alarmista” que aportara la misma empeoraba mi situación. También pensé que, si me creía el marco teórico y no conseguía darle la vuelta a mi situación de dolor crónico, no había nada más que yo pudiera hacer. Y eso supone una vuelta a la indefensión. Esto, por supuesto, no le ocurre a todas las personas, pero a quien le haya ocurrido, que sepa que no ha sido el único, y que también puede dar su testimonio en este sentido. Todos los miedos irracionales deben ser disueltos, no sólo los del cerebro. Como bien dice Arturo hablando sobre medicación, “no sucede nada habitualmente si la dosis es razonable”. Hay que lograr un equilibrio, no ser extremista. Yo caí en ese error.

Mercedes Gasca es una ex-padeciente que tuvo la suerte de toparse con la pedagogía del dolor en su búsqueda por salir del laberinto de dolor y síntomas invalidantes con los que convivía. Al igual que yo, se enredó un poco por el camino, pero supo reconducirlo. Llevar en la mochila un mapa (la información) es imprescindible pero, en ocasiones, meter también una brújula ayuda a no perdernos o reorientar nuestro camino.

Gracias Merche por tu testimonio.

LAS VACACIONES

vacaciones_MERCHE

Mercedes Gasca

Me llamo Mercedes, tengo casi 40 años, he vivido en el infierno y hace un año prácticamente que me he mudado a otro sitio. Aquí se vive mejor. Mucho mejor. Estoy de vacaciones.

Mi historia es ésta:

Un día estando de viaje con mi mochilón de taitantos kilos a la espalda, me dio un lumbago. Nada nuevo bajo el sol, me daba uno de vez en cuando desde los 18 años. Ni caso, ibuprofeno para no dejar la actividad y a seguir. Con los años me había dado cuenta de que si hacía reposo el lumbago me duraba más que si me movía. Por lo que, como siempre, seguí mi instinto. Pero el lumbago no se iba. Se quedó como un dolor a diario. No podía estar de pie, ni andar mucho, ni agacharme, ni levantarme de la cama, ni casi toser. La resonancia me dio la sentencia: 2 hernias discales y artrosis de columna. El traumatólogo y más tarde mis búsquedas por Internet, me pintaron una escena de operaciones, hierros en la columna, invalidez y dolor constante.

De repente empezó a dolerme la parte dorsal. Como un cuchillo ardiente clavado entre las escápulas. Más pruebas. Descubren una antigua lesión ya curada.

– Ah, ¡pues será eso! Tus huesos deben ser frágiles. ¡Ten cuidado con lo que haces!- me dijeron.

Empecé a tener miedo de verdad, el dolor no se me iba y además coincidió con otros problemas que tuve de salud, al margen del dolor crónico, que me tuvieron en el hospital una temporadita y que contribuyó a empeorar bastante mi dolor crónico. Todo ello me volvió una persona ansiosa y terriblemente angustiada por mi salud.

El dolor se empezó a extender: mandíbulas, hombros, codos, caderas, rodillas, pies, problemas de ojos, migrañas, etc. Problemas de todo y sobre todo desesperación, tristeza e indefensión.

Me hicieron todo tipo de pruebas y al final me dieron el diagnóstico: FIBROMIALGIA. Tuve la suerte de que mi reumatóloga insistió en que a la fibromialgia se le puede ganar la mano cambiando de actitud hacia el dolor, ella lo había visto en algunos pacientes. Pero tampoco sabía explicarlo muy bien. Aunque esa puerta que dejó abierta me hizo seguir investigando.

Y así, después de dar tumbos por toda una suerte de pseudo-terapias y rollos new age varios, llegué al blog de Arturo. Leí su entrada “Confieso que he sufrido” y me sentí tremendamente confortada. Esa misma semana leí su libro “Migraña, una pesadilla cerebral” de un tirón y todo empezó a encajar, me di cuenta de pronto que aquello era exactamente lo que me pasaba. La alarma había saltado y mi cerebro, predispuesto y acompañado por traumatólogos, fisioterapeutas y muchas desafortunadas lecturas en Internet, había olvidado cómo desactivarla. Mi cuerpo se encontraba en “modo enfermedad” constante. Una semana separó el infierno de la normalidad. Una sola semana. Me sentía estúpida. ¿Mi cerebro había orquestado aquel infierno? Si, así era. Mis síntomas empezaron a remitir, la espalda dejó de dolerme así como el resto de articulaciones y poco a poco volví a ser una persona normal. La tristeza me abandonó y empecé a pensar en cosas normales, como en ropa, deporte, familia, viajar, salir… y no en morfina, dolor y desesperación. Sólo el que estuvo allí sabe de lo que hablo.

Mi forma de afrontar el dolor dio un giro de 180º. Si me dolía la espalda de pie, permanecía de pie, con obstinada determinación. ¿Y por qué no iba a estarlo? A mi espalda no le pasaba nada. Unas cuantas cicatrices de batallas ya olvidadas. Estaba tan convencida de no tener nada que justificara el dolor! Empecé a coger pesos, empecé a desaprender ergonomía. Empecé a moverme, tanto que me pasé al extremo de la hiperactividad. Desaprender, ¡es tan difícil! Mi cerebro estaba y aún está intoxicado de información alarmista, vivimos rodeados de ella.

Pasaron aproximadamente 6 meses de despreocupada felicidad, casi no me creía que esto me hubiera pasado a mí. Salir de la fibromialgia, ¡nada menos!

Este octubre me fui de viaje a Marruecos y de allí volví con diarrea. La diarrea no se me pasaba, ya me duraba varias semanas y empecé a preocuparme y a tener ansiedad. Empecé a leer de nuevo en internet y a pensar que tenía algo grave. De repente empecé a notar los hormigueos que me daban por todo el cuerpo y el dolor de espalda, al principio leve y después más fuerte. Llegó… ¡LA TEMIDA RECAÍDA!

Esta vez sabía el camino, no necesitaba ir dando palos de ciego. Pero no sabía qué hacer esta vez para salir. Afortunadamente en el blog de Arturo escribía una tal Sol de Val, que era psicóloga, padeciente de migrañas y vivía cerca de mí. Me puse en contacto con ella y empezamos una terapia que me ha ido fenomenal. Además, visité al psiquiatra para contarle mis miedos y mis pensamientos obsesivos y consideró que un antidepresivo suave me ayudaría junto con la terapia.

Después de unos meses de terapia y de tratamiento farmacológico suave, me empecé a encontrar muy bien de nuevo. Animada y sin dolor. Y sin miedo. Dejé los antidepresivos y estoy en proceso de terminar la terapia con Sol.

Ya no tengo miedo, los síntomas hacen amago de volver levemente de vez en cuando, pero siempre se van. He aprendido a desaprender todo lo leído y escuchado y a no temer al futuro. Mis migrañas son ocasionales y las articulaciones no me duelen. La espalda me duele algún día esporádico pero se acaba yendo.

Mi cerebro se niega a desconectar la alarma al 100%, pero la ha desconectado al 98%. Ahora soy una persona NORMAL.

En esta andadura he pasado por estas fases.

  • Antes de la pedagogía del dolor: Indefensión, pánico y fobia al movimiento (percepción de organismo frágil y enfermo). Depresión.
  • Después de la pedagogía del dolor: Fobia al no movimiento, miedo a la medicación e hiperactividad (necesidad constante de demostración de que mi organismo está sano y mi cerebro equivocado mediante la sobre exposición al movimiento, cargas de peso y actividad en general).
  • Después de la recaída y la muleta de la psicología y la medicación: Ya no tengo miedo a no hacer ejercicio ni a las recaídas. Tampoco a tomar algún medicamento esporádicamente. Mi actividad es la normal, no me sobreexpongo ni me demuestro constantemente mi falta de síntomas. Simplemente vivo.

Podría contar mucho más extensamente mi experiencia, ha sido una andadura muy larga donde no han faltado los vende humos ni los saca perras. He llegado a un punto medio, un equilibrio y creo que ésta ha sido la base del éxito que un grupo de personas hemos tenido en mi particular lucha para superar la fibromialgia. Vosotros, ya sabéis quiénes sois, siempre tendréis un lugar en mi corazón.

La pedagogía del dolor no es una terapia, ni mucho menos una terapia más. La pedagogía del dolor es la realidad, es ciencia. Así funciona el dolor. Así funciona el cerebro. El dolor también se aprende. Desaprender lo aprendido.

Madrid, a 21 de mayo de 2015

Esta entrada fue publicada en Invitados y colaboraciones y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

27 respuestas a “Escuela de dolor: explorando vías de afrontamiento” (III) –   Encontrar un camino… (Mercedes Gasca)

  1. Blanca dijo:

    Muy buenas a todos, en primer lugar, agradecer esta iniciativa. Yo personalmente, también me he enrededado. Tenía migrañas, me medicaba constantemente. Después de asistir al curso de Arturo y de leer el libro, me remitieron los dolores y dejé la medicación. No es que me olvidara de ella, pero mejoré en calidad de vida, incluso me sentía más motivada. Pero llevo unos meses que han vuelto con fuerza, tanto en intensidad como en duración, y eso me asusta, sé que no debo, pero me da miedo, miedo que esto vaya a peor, miedo al bucle, a que no haya nada más que pueda hacer, lo peor de todo es que me está afectando al estado de ánimo, a las ganas de hacer cosas, incluso la relación con mis cercanos, sobre todo con mi pareja. Es como si ya hubiera perdido la batalla y asumir que él gana….yo lo intento, de verdad, pero, últimamente, me sobrepasa……¿Miedos irracionales? Pues no sé, yo tengo miedo al dolor, a que ese dolor me impida ser feliz, a que ese dolor me aleje de mis personas queridas, ese es principalmente mi miedo……¿cómo se vence ese miedo?

  2. Blanca: el miedo se reconstruye con una maldita facilidad. Como dice Mercedes la irracionalidad puede aparecer en forma de una actitud excesivamente fundamentalista de la pedagogía. Encontrar el punto medio de la batalla es importante. El testimonio de Mercedes es importante y esperanzador. Las recaídas no son raras y hay que hacerles frente con sensatez y frialdad emocional. Yo también las he sufrido en el ámbito del dolor lumbar. También tuve miedo de volver a las andadas pero me apliqué lo que predico y el lumbago se fue disolviendo. Ronronea a menudo, al igual que el dolor por las caderas, ocasionalmente el hombro… pero no cuaja.

    Dos días antes del último curso intensivo de migraña me dí un buen golpe con el occipucio contra una columna tratando de devolver una pelota jugando al frontenis. Se me coló la incertidumbre de la posibilidad de alguna complicación. Tuve un leve dolor que iba y venía tratando de ganar mi atención pero parecía que todo iba a disolverse. Al ir a tomar el café del descanso del curso, al cabo de dos días, tuve un mareo como el que me mortificó durante años en el pasado. Pensé por un momento que no iba a poder controlarlo, que no podría afrontar el escenario de seguir hablando… Pasé un mal rato hablando entre nubes con los cursillistas pero volví con la clase y con algún altibajo el mareo se fue, hasta hoy.

    Creo que hay muchos pacientes que pueden contar historias similares de recaída, que vuelven a controlar los síntomas y otros que no lo consiguen. Saber que existe la ayuda psicológica disponible reconforta pero, lamentablemente, la Pedagogía del dolor no es conocida o reconocida como marco teórico. Creo que tampoco debes sentirte indefensa, sin solución, si no cuentas con esa ayuda.

    Puedes contactar con Maite, por teléfono y te invitamos a asistir a la siguiente revisión de pacientes, si así lo deseas.

    Suerte

  3. Blanca: el miedo al dolor no es irracional, yo no me refería a ese miedo que es comprensible de todo punto, me refería a otro tipo de miedos que también comenta Mercedes en su escrito, “fobia al no movimiento”, miedo a la medicación hasta para paliar el malestar de una gripe, etc. Todos los miedos de la persona no son irracionales, y los tuyos están fundamentados en tu “experiencia previa”, miedo a que venga el lobo y se coma de nuevo todas las ovejas, y me refiero con esto a que el dolor vuelva a acaparar todos los espacios de tu vida.

    Acabo de leer el comentario de Arturo antes de colgar el mío, y creo que no puedo añadir más a su respuesta, has hecho una pregunta difícil de también difícil respuesta. Pero una forma de tener un poquito menos de miedo sí es sabiendo que tener recaídas es algo habitual y que el proceso se puede reconducir.

    Un saludo.

  4. Blanca dijo:

    Gracias, el hecho de seguir habitualmente los comentarios del blog me ayudan a saber que en efecto las recaidas se pueden producir y no por ello es el fin, lo sé y seguiré intentando reconducir a ese “lobo”. También me ayuda asistir de vez en cuando a las revisiones a las que tan amablemente me invitáis y de las que salgo con los conceptos reforzados para poder afrontar esas recaidas.
    Un abrazo

  5. mechimos dijo:

    Una recaída por supuesto que no es el fin por más que dure. Es muy fácil que un cerebro sensibilizado vuelva a las andadas, cualquier cosa puede hacer saltar las alarmas. Para mi lo importante ha sido perderle el miedo a recaer y a los detonantes de dicha alarma. A veces, si me duele la espalda, me permito el lujo de tumbarme a ver la tele y descansar en vez de irme al gimnasio a machacarme como hacía antes. Ya no le tengo miedo a que eso dispare el dolor.

  6. Mercedes: muchísimas gracias por tu testimonio. Ayudará a muchos a reponer fuerzas y encontrar el punto medio.

    En tu relato hay un dato que es revelador y frecuente. Un episodio de diarrea sirve de detonante para reconsgtruir las memorias del pasado. Es un hecho frecuente. Cualquier incidencia adversa de salud activa el nivel general de alerta y eso hace que el pasado cobre vida y consiga el peso de conectividad necesario para proyectarse a la conciencia. Las transiciones siempre son peligrosas.

    Un abrazo y, nuevamente, gracias

  7. Merche: con eso de “a veces, si me duele la espalda, me permito el lujo de tumbarme a ver la tele y descansar en vez de irme al gimnasio a machacarme como hacía antes” has traducido a lenguaje coloquial esta frase de Arturo tan importante: “la irracionalidad puede aparecer en forma de una actitud excesivamente fundamentalista de la pedagogía”, 😉

    Gracias de nuevo por tu aportación.

  8. MARIAM dijo:

    A mí también me ha pasado lo que acaba de comentar Arturo, una gripe me vuelve a disparar las alarmas y vuelvo a engancharme a la migraña, y vuelvo a tener mucho tiempo que la situación vuelva a ser la de antaño, miedo, siempre miedo…Ahora tengo miedo a tener gripe…es como si al bajarnos las defensas (físicas y emocionales) aprovechara para reconectarse el circuito de alarmas injustificadas. Creo que hay que tener claro el paradigma SIEMPRE.

  9. MARIAM dijo:

    …vuelvo a tener mucho MIEDO…no tiempo (quería decir)

  10. Mariam: y el problema aún es mayor cuando la menstruación (pre-durante-post) tiene ese mismo efecto que la gripe … que suele ocurrir, incremento irracional de la sensibilidad, más dolor, más irritabilidad, más de todo… sin justificación biológica alguna. Eso decimos, el marco teórico siempre presente.

    Un saludo.

  11. norberto dijo:

    Hola a todos, mi nombre es Norberto, suscintamente les cuento he tenido muchos episodios de lumbalgias pero no les daba importancia, hasta que no se en qué momento se produjo algo en mi cerebro, algo asi como un stress post traumático y actualmente, si bien no los padezco con tanta asiduidad me ha quedado un miedo a moverme que a veces no puedo controlar, siendo mi unica actividad fisica la de caminar. Les agradecería algun comentario al respecto. Saludos desde Argentina.-

  12. Aurora dijo:

    Arturo: una amiga padece de vértigos y no sé qué decirle. ¿Tienen que ver también con lo irracional? Agradezco su respuesta de antemano. Yo poco a poco con lo mío, desentrañando los mecanismos del monstruo.
    Gracias.

  13. Norberto, por si te sirven de ayuda o te dan alguna pista, te pongo unos enlaces a otras lecturas del blog:

    Mi columna (21-06-2010)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2010/06/21/mi-columna/

    Dolor e inacción (27-01-2011)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/01/27/dolor-e-inaccion/

    Y sin embargo… no duele (11-02-2011)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/02/11/y-sin-embargo-no-duele/

    Movimiento ¿voluntario? (3-07-2010)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2010/07/03/movimiento-%C2%BFvoluntario/

    El miedo cerebral al movimiento (13-01-2010)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2010/01/13/el-miedo-cerebral-al-movimiento/

    ¡A mover el esqueleto! (24-06-2009)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/06/24/%C2%A1a-mover-el-esqueleto/

    ¡Muévase sin miedo! (2-06-2011)
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/06/02/%c2%a1muevase-sin-miedo/

    Un saludo.

  14. Norberto: el miedo a moverse (kinesofobia) es el factor más importante en la cronificación del dolor. Debes neutralizarlo con la convicción de que nada se daña con el movimiento confiado sino más bien todo lo contrario y con una exposición gradual a la actividad perdida.

  15. Aurora: no puedo ni debo juzgar casos individuales pero el vértigo es una interpretación errónea del movimiento relativo del cuerpo respecto al entorno. Puede generarse por una lesión de los sensores del oído y centros de procesamiento o como un error de interpretación, en ausencia de lesión. En este último caso el vértigo comparte gran parte de la estructura de lo expuesto en relación al dolor. De hecho la migraña y el vértigo coinciden en muchos pacientes

  16. Mar dijo:

    Mercedes, me ha gustado mucho tu testimonio. Creo que es un ejemplo muy claro de la batalla de muchas personas.

    Un saludo

  17. norberto dijo:

    Muchas gracias por sus comentarios, pondré en práctica sus consejos. Saludos

  18. norberto dijo:

    Muchas Gracias Cristina, voy a leerlos con detenimiento y cualquier duda te dejaré un comentario. Saludos

  19. norberto dijo:

    Muchas gracias Arturo, sus palabras son de una enorme ayuda. Saludos.

  20. Aurora dijo:

    Muchas gracias por la información. Y por lo que nos enseña.

  21. maitane dijo:

    Hola a todos.
    Yo empecé con una faringitis y me dio por pensar que tenía un cáncer de garganta pues había sido fumadora.Después de las pruebas correspondientes me informaron de que no tenía nada.Así empezó el periplo de médicos y dolores.Ahora en los brazos luego en la espalda…Por suerte enseguida dí con Arturo,su blog y la pedagogía de la información y me ha funcionado con los dolores y dado la seguridad para saber que mi cuerpo no tiene ninguna lesión.Practico deporte a diario y voy a yoga donde no tengo problemas para realizar cualquier postura.Pero claro mi cerebro ya estaba sensibilizado y ahora me da por pensar que estoy perdiendo la cabeza pues he contestado algunas incongruencias,he tenido algún despiste que otro y ahora con la obsesión no doy pie con bola.Se que es mi cerebro jugándome malas pasadas pero una vez te has subido al tiovivo es difícil bajar.
    Espero conseguir darle la vuelta tal como hice con el dolor.
    El problema es que doy clases y en cuanto me surgen dudas con algo vuelve la obsesión de estar perdiendo facultades mentales .El miedo se apodera de ti y ya no puedes ni siquiera hablar correctamente.
    La ventaja es que ahora cuento con la información que todos conocemos pero la obsesión sigue encontrando su camino y como una culebra , sibilinamente, sabe por donde entrar en el cerebro.Ahora que no tienes miedo a un problema físico voy a atacar por la salud mental.
    Mucho animo a todos.Por lo menos conocemos al enemigo.

  22. Francisco F. dijo:

    Mercedes. Es así. Quiero decir que los padecientes en dolor crónico o disfuncional, como es mi caso, tenemos recaidas. Yo soy uno de ellos, pero cierto es que con la “cultura del dolor” tenemos un aliado enorme y que, pese a que vuelven los miedos, el “run run” cerebral y otra vez la incertidumbre sobre todo a creer que estamos denuevo con un grave problema, finalmente ese aliado es el saber que somos ahora activos en la resolución de esa nueva recaida y que sabemos decirle “basta” a nuestro “alien” particular que llevamos y que más temprano que tarde, volveremos a ganar la partida.
    Solo un apoyo desde el otro lado: que te comprendo en las recaidas, que se que son duras, pero sigue adelante con tu gestión cerebral y aprovéchalo al máximo en los momentos de más entereza. Como dice Arturo, “escolaricemos al cerebro”.
    Se que sabrás que ahora estas herramientas son nuestras aliadas y que nos ayudan a recomponernos, pese a la dificultad.
    Yo no cedo, me expongo gradualmente denuevo ante una recaida y sigo.
    Adelante con el blog, con los testimonios y con toda esta iniciativa. Lo que también reconforta en todo esto es ver que no estamos solos.
    Francisco F.

  23. Ana M. Reyes dijo:

    Mercedes, me ha encantado leer tu relato. Me hace feliz saber que sigues en ese punto medio. No te muevas de ahí, que ceo que casi estoy contigo 😉
    Un abrazo

  24. Sol Del Val dijo:

    Merche: Gracias por compartir tu proceso .
    Has llegado a un punto medio,, al equilibrio y lo has hecho supongo porque has perdido el miedo a mirar a la cara a tus fantasmas. Continúa mirándoles siempre de frente en el gimnasio o tirada en el sofá es la única forma de romper el hechizo.
    Un beso

  25. Loretta dijo:

    Gracias Mercedes, a mi también me ha servido de mucho tu comentario. Sigo el Blog de Arturo desde hace un par de anios. Desde el primer artículo tuve la sensación de que la Pedagogía del Dolor es lo más interesante, lo más lógico y lo más humano de todo lo que había leído y experimentado sobre el tema. Durante un tiempo muy corto lo conseguí, pero las recaídas llegaron y con ellas otra vez el miedo, ese inmanejable huésped de mi cabeza. Arturo lo pone muy bien en palabras: “el miedo se reconstruye con una maldita facilidad”
    Hoy estoy segura de que esto es lo que tengo que desarmar, también me pregunto CÒMO?. Y aunque soy de las que no baja los brazos, siento que nunca es suficiente lo que hago, el miedo sigue adelantándome en el camino, a pesar de eso estoy dispuesta a seguir andando.
    Abrazos:
    Loretta.

  26. Maitane: la incertidumbre por inicio de deterioro cognitivo, alimentada por errores frecuentes de bloqueo en la evocación de datos, es normal como expresión de esa incertidumbre ansiosa. Era un motivo de consulta habitual. No resultaba fácil convencer a quienes consultaban que no existía el temido deterioro cognitivo. Desgraciadamente la incertidumbre está potenciada por la cultura de la vigilancia en la detección precoz del Alzheimer y por las recomendaciones absurdas del comercio del fitness mental.
    Se nos olvida que la función más importante de la memoria es el olvido: la capacidad de no malgastar recursos en tareas improductivas y portificadoras como la auditoría continua de nuestro rendimiento cognitivo.

  27. mechimos dijo:

    Muchas gracias, Mar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s