Neurorecelos

La red neuronal es un sistema celular extendido profusamente por el organismo, cuyo oficio es el de extraer información de los datos que recibe, memoriza y procesa, a través de sus diversos sensores, internos y externos. La digestión informativa es un proceso rumiativo, continuo, que incorpora nuevos datos de la interacción del organismo con un entorno siempre cambiante.

Las conexiones de la red están sometidas a un proceso continuo de actualización. Cada punto de contacto debe ganarse el derecho a la subsistencia y cada asamblea de puntos de conexiones debe disputar su razón de ser frente a otras múltiples asambleas neuronales que ofrecen otras alternativas a la interpretación de la realidad.

El proceso continuo de procesamiento de la red es inconsciente y opaco para el individuo. En la pantalla consciente sólo se proyecta el resultado final de cada instante de disputa entre las posibles interpretaciones de la realidad, pasada, presente y futura.

La red neuronal es tan física como cualquier otro sistema celular. Sin embargo, su condición física, material, biológica, está envuelta en un halo misterioso, inmaterial, espiritual, energético, mental… que invita a considerar el contenido de la consciencia como algo que esa supuesta capa inmaterial gestiona sin someterse a las restricciones del mundo físico.

Las neuronas sólo serían testigos mentales de los sucesos físicos del organismo, sujetos pasivos que se limitan a recibir informaciones de cuanto acontece en huesos, músculos, articulaciones, cabeza, abdomen, tronco y extremidades. El dolor surgiría necesariamente de tejidos lesionados, degenerados, sobrecargados o inflamados. Las neuronas detectarían ese dolor y comunicarían a la sede cerebral de la conciencia que hay problemas en el universo físico.

El dolor y cualquier otro contenido consciente, sea perceptivo, cognitivo o emocional es un estricto producto neuronal. Es una decisión surgida del procesamiento de la red cambiante de asambleas neuronales conectadas. Es una decisión evaluada, sopesada, apoyada en experiencias pasadas, en temores futuros… y, por supuesto, también en los datos actuales de los sensores.

El dolor puede reflejar el presente, un suceso actual de amenaza a los tejidos, o un supuesto estado de vulnerabilidad y posible amenaza en un futuro inmediato.

Duele. Salta la alarma. Una de dos: 1) están robando o han entrado a robar conocidos ladrones o 2) se han detectado señales que hacen pensar que se va a producir un robo.

El dolor no tiene más fiabilidad que la que puede tener el sonido de la sirena del sistema de seguridad. Por sí mismo no informa ni garantiza nada. Sólo contiene una probabilidad variable de informar sobre una posible amenaza.

Los que nos dedicamos a explicar estas cuestiones estamos acostumbrados a lidiar con los recelos de los padecientes. La incertidumbre sobre un estado de daño físico que explica bien el dolor funciona como una certeza de que si duele algo habrá allí donde duele. La propuesta del origen evaluativo (potencialmente erróneo) de la decisión cerebral de proyectar dolor a la conciencia desde los sistemas de memoria predictiva siempre que en sus circuitos así esté establecido, suena rara, poco creíble, etérea, filosófica… No tiene fuerza persuasiva suficiente para disolver la convicción de lesión-enfermedad.

– He leído su libro. No me convence.

Hacemos dejación del limitado poder de la autogestión, rechazamos el ámbito del aprendizaje y seguimos solicitando la ayuda terapéutica para neutralizar una condición de supuesta enfermedad.

Nos consideramos incapaces de hacer nada por nosotros mismos. La ayuda del conocimiento es trivial. ¿Sólo la información?

– El coche no anda porque las ruedas no tocan el suelo. Está en una plataforma elevada. Tiene que inhabilitar el gato y dejar que el peso del coche transforme el giro de las ruedas en movimiento útil…

Hay muchas metáforas para explicar el problema. El cerebro es un constructor de metáforas. Hay un debate continuo en los circuitos sobre metáforas. La que gane se lleva el gato al agua.

– YO sólo sé que me duele y que YO sólo no podré solucionar el problema

– ¿Cuál es su metáfora?

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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5 respuestas a Neurorecelos

  1. Aurora dijo:

    Tan fácil y tan difícil…

  2. Aurora: como la vida misma

  3. Sergio dijo:

    En muchas ocasiones me he visto en la circunstancia (en alguna discusión de pareja por ej.) de estar exponiendo argumentos racionales con el fin de que la otra persona cayera en la cuenta de un posible error.

    Finalmente lo daba por imposible y normalmente acababa desquiciado. En su momento llegué a la conclusión de que era muy difícil persuadir racionalmente a nadie que hubiera tomado un convencimiento de algo equivocado (celos infundados por ej.) si esas conclusiones no habían surgido mediante un proceso donde la razón hubiera participado.

    Si la racionalidad participa y se equivoca en una valoración, veo mucho mas fácil conseguir que la persona se de cuenta de su error si contrarrestamos con argumentos racionales.

    ¿Y si sus conlusiones erróneas parten de la visceralidad o desde la emoción, por ejemplo desde un miedo atávico al abandono?
    Obligatoriamene la racionalidad tendrá que hacer acto de presencia y ser la base del cambio, pero lo veo mas complicado.

    En el dolor crónico sin base orgánica suficiente y en el miedo a moverse, parte del convencimiento del sujeto de que su cuerpo es muy frágil (recomiendo la lectura del Licenciado Vidriera de Cervantes) y de que no es apto para realizar sus funciones. Este enorme error valorativo, no surge mediante un proceso donde la racionalidad participó en su momento, de ahí, pienso yo, las grandes dificultades que tenemos los padecientes para resolver nuestro problema.

  4. Sergio: la emoción tambien es un acto evaluativo, sólo que está sustentado en el aprendizaje evolutivo del organismo, el miedo al daño. Las emociones contienen un sesgo hacia la probabilidad de lo temido. Normalmente la experiencia no manipulada y la instrucción fiable no interesada, aportan sensatez a los sistemas de creencias y expectativas. Sin embargo, la cultura actual de organismo amplifica el sesgo del miedo somático al daño y consigue extender ese sesgo al individuo consciente.

  5. Sergio dijo:

    D. Arturo:

    El miedo se amplifca y se extiende (yo lo experimento así) de ahí la expresión de “sentirse inundado por el miedo”, tanto es así, que hay momentos en que uno lo percibe como si este llegara hasta el último resquicio de si mismo.

    Gracias por la puntualización.

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