Los lipopolisacaridos y la cultura

                                                                 (cápsula bacteriana)

Los lipopolisacáridos son unas moléculas que se encuentran en la cápsula de un grupo de bacterias.

El Sistema Inmune de los mamíferos “sabe” que la presencia de esas moléculas en sangre indica que han entrado bacterias peligrosas y, por tanto, una vez detectado el polisacárido se activa la respuesta inmune.

El polisacárido no es una bacteria. Sólo un componente de su cápsula. El polisacárido es inofensivo pero genera la misma reacción inmune que una bacteria. Si administramos polisacárido “engañamos” al sistema inmune. Le hacemos “creer” que ha habido invasión bacteriana. Puede, incluso, que la respuesta inmune sea tan violenta que pongamos en peligro la vida del individuo.

– ¿Cómo? ¿Dice que es inofensivo pero puede matar?

– Exactamente. Lo que mata es la “creencia”, el error de interpretar que polisacárido es equivalente a bacteria. Si el sistema inmune “supiera” que hay engaño, que, en este caso, el polisacárido se ha administrado artificialmente, sin bacterias, quizás no respondiera…

La Evolución permite el aprendizaje del sistema inmune. Lo aprendido se guarda en el genoma. Disponemos de células vigilantes con receptores que identifican los polisacáridos y hacen saltar las alarmas.

La respuesta a los polisacáridos (sin bacterias) es errónea. Comprensible, pero errónea. Peligrosa pero errónea. Un polisacárido no es una bacteria. Tampoco es un veneno pero mata. Lo hace por inducir, innecesariamente, la respuesta inmune.

Los errores del sistema inmune son peligrosos. El error por omisión (falso negativo) permite el desarrollo del cáncer. El error por exceso (falso positivo) dispara las reacciones alérgicas y las enfermedades autoinmunes.

El sistema inmune no es infalible. Hay una patología del error. Hay investigación sobre ella. Vamos sabiendo cosas sobre esa patología, cómo se llega a generar. Qué podríamos hacer para minimizarla. Es una patología del aprendizaje del sistema inmune sobre señales moleculares que desvelan agentes (gérmenes) y estados (cáncer) peligrosos. Los catálogos de indicadores moleculares de peligro nunca son completos ni del todo fiables. Ni están todos los que son ni son todos los que están.

La red neuronal es una red que aprende. A lo largo de la vida de la especie (evolución por selección natural) y a lo largo de la vida del individuo. El aprendizaje evolutivo se expresa en el genoma. El aprendizaje del individuo se contiene en la conectividad neuronal. Hay errores genómicos y errores en los programas adquiridos a golpe de experiencia e información.

La cultura provee información sobre peligrosidad. La cultura no es infalible. Puede alimentar incertidumbre o, incluso, certeza errónea de amenaza. El cerebro expresa incertidumbres y certezas a través de sentimientos de alerta y urge al individuo a actuar “como si” hubiera amenaza real.

El picor expresa evaluación de amenaza en la piel. Parásitos y tóxicos químicos de procedencia externa o interna. Expresa el “deseo” cerebral de proceder al rascado enérgico. A veces hay una amenaza y el rascado nos libra de ella. Otras no existe más peligro que el de rascarnos.

Si la evaluación de amenaza es errónea, el picor pone en riesgo la integridad de una piel sana. Con el tiempo, la piel mostrará “lesiones de rascado”. El picor no afecta la piel. Lo hace el rascado.

Picor y dolor comparten muchas similitudes.

El dolor incita al individuo a luchar-huir, es decir, librarse de un peligro externo, o a limitar la actividad física si el peligro valorado es interno.

El encendido continuado del programa genera cambios estructurales en el cerebro (“se encoge la corteza”). No es el dolor lo que los produce sino el programa.

Si dejamos de rascarnos la piel se recupera. Si dejamos de responder al dolor del modo que el cerebro quiere, la corteza cerebral recupera su volumen.

Sobre cerebro sabemos poco pero suficiente como para estar advertidos de su condición poco fiable, su dependencia de la cultura.

Sigue siendo escandaloso que a estas alturas del siglo XXI resulte novedoso y difícilmente comprensible y/o admisible que el cerebro comete errores en la gestión del peligro y que dichos errores sean los causantes de la mortificación de muchos, cada vez más ciudadanos.

Es descorazonador que divulgar esa realidad genere recelo y, a veces, rechazo.

Este blog nació con la pretensión de hacer visibles los errores del cerebro. Los padecientes esperan (comprensiblemente) que se visualice la enfermedad. Es razonable, si tal enfermedad existe. Si no hay tal y el cerebro mantiene inalterada la evaluación de organismo enfermo, vulnerable, no podemos hacer nada si no aceptamos la teoría del error, al menos como un posible apartado de la patología.

En los grupos de migraña se consigue con cierta facilidad la visualización del error.

– Hoy ha empezado a dolerme… Hablé con mi cerebro…

El efecto ¡ajá!

¡Lo he entendido! ¡Lo veo!

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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10 respuestas a Los lipopolisacaridos y la cultura

  1. Aurora dijo:

    El auto-engaño se utiliza muchas veces para poder sobrevivir… tal vez haya gente a la que le importe mucho enfrentarse a sus errores y fantasmas y prefiera no reconocerlos. Lo vemos en todas las caras de la vida. No se quiere ser independiente aunque se hayan saboreado las mieles de la libertad…
    Pero otros sí queremos. Y podemos gracias a quienes nos han abierto los ojos.
    Por ello ¡gracias!

  2. Mar dijo:

    Bendito abrir de ojos…

  3. Marite dijo:

    Cuando noto un picor me pide arrascar, pero procuro que sea lo justo, porque ya me he dado cuenta del peligro añadido del rascado (lesiones en la piel).
    Pero no recuerdo ponerme a rascar hasta el punto de “lesionar” la piel sin tener un motivo para hacerlo (picadura, quemadura o cualquier otra “alteración” en la piel) que me incite a ello.

  4. Mar dijo:

    Yo sí he tenido que atender a personas, niños incluso, con lesiones por rascado por un picor sin motivo. Los errores por exceso del cerebro son más frecuentes de lo que creemos.

  5. Bárbara dijo:

    Hace un año que estoy trabajando en reprogramarme. Siento que en general estoy mejor, la frecuencia de las crisis es más baja y la intensidad tambien es menor. Pero las crisis siguen apareciendo y no todas puedo enfrentarlas. Me siento un poco frustada, me gustaría haber avanzado un poco más. A veces me gustaría un poco de ayuda, como acudir a esos grupos de migraña aqui en Buenos Aires. No sé estoy bastante desilusionada…

  6. Mar dijo:

    Hola, Bárbara:

    Es normal que te desilusiones pero recuerda como estabas antes de empezar. Imagino que bastante peor. En los procesos de cambio (o reprogramación) es normal que haya etapas de recaída o de no avance. Pero no desesperes, eso forma parte del camino. Relee antiguas entradas y verás como vas encontrando ánimo en sus recovecos.

    Un saludo.

  7. Cristina dijo:

    Bárbara: recuerda que el objetivo es conseguir que el cerebro haga una gestión razonable del dolor y demás respuestas de enfermedad y que la reprogramación es un proceso, por lo general, con altibajos. Lo importante es el conocimiento y la constancia, el hecho de que la frecuencia y la intensidad de las crisis sea menor es un gran logro, motivo de ilusión y de darte cuenta de que vas por el buen camino, el hecho de que las crisis no hayan desaparecido por completo o que no seas capaz de vencer en todas las ocasiones es algo habitual y forma parte del proceso, de la pelea contra la irracionalidad cerebral.

    De todas formas, entiendo eso que dices de que a veces te gustaría poder tener un poco de ayuda extra, ojalá se pudiera organizar un curso de migraña virtual para p0der llegar a todos los rincones del mundo, pero no es fácil. Por si te ayudan, te pongo unos enlaces a unas entradas del blog que creo te puede ir bien leer o releer, como ahora no hay blog, te pongo todas las que se me ocurren y te las puedes racionar y leer una cada día. Un saludo.

    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2012/03/08/objetivos/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/11/15/%c2%a1que-no-recaiga/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2010/03/12/mas-dura-sera-la-recaida/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2010/03/13/ovejas-negras/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/07/17/como-en-los-viejos-tiempos/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2011/06/24/memorias-del-dolor-2/
    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/11/03/recuerdos-dolorosos/

    Un saludo y muchos ánimos.

  8. Bárbara dijo:

    Gracias Cristina y Mar por el animo, estoy segura que este es el unico camino para salir adelante. voy a seguir trabajando en ello.
    saludos!

  9. karlosrt dijo:

    Mi hijo de dos años, no para de rascarse, llegando a hacerse heridas, nosotros le ponemos crema para hidratar la piel, es bueno? O estaremos fomentando la idea de lesión en la piel que necesita cremas para recuperar su condición de normal? Como le explicas a un niño pequeño que esa necesidad que tiene de rascarse es perjudicial?

  10. karlosrt: no tengo experiencia en prurito. Hay muchas similitudes con el dolor pero no sabría aconsejarle. Está claro que el rascarse y utlizar fármacos teóricamente condiciona negativamente el medio y largo plazo pero aplicar la teoria es más complicado que predicarla, especialmente con un niño.

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