Copia eferente. La irrelevancia del YO.

Desde que se inician los primeros movimientos fetales la red neuronal registra con cada uno de ellos los efectos sensoriales. Una patadita produce estímulos cutáneos, articulares, musculares… Una vez fuera del útero las consecuencias sensoriales de las acciones se vuelven más complejas. Se añaden estímulos auditivos, visuales, olfatorios, tactiles.

Los programas motores contienen programas sensitivos colaterales. Sabemos que si vamos a decir A oiremos A. Sabemos que si vamos a rascarnos la nariz notaremos una sensación nasal concreta. Sabemos que si tomamos un helado sentiremos frío en la boca. Todo aquello que decide el YO motor anticipa lo que el YO sensitivo recibirá al cabo de unos milisegundos. Todo ello es así debido a que el programa motor pasa a las áreas sensitivas una copia de la acción que se ha ordenado.

– Muevo el brazo. Me siento. Miro a la izquierda…

– Veré elevarse el brazo. Sentiré el peso del cuerpo en las nalgas. El mundo se desplazará a la derecha…

En condiciones normales las consecuencias sensoriales de lo que decidimos son irrelevantes.  Cada vez que entramos en nuestra casa, no prestamos atención a toda la información sensorial que ello conlleva. No analizamos techo, paredes, cuadros, suelo. No comprobamos con recelo si podemos apoyar los pies. Nos fiamos de la seguridad del edificio. El cerebro filtra lo irrelevante, predecible y sin consecuencias. Filtra la casa y filtra el organismo que entra en ella. Casa y organismo son fiables. Si no hay novedad no hay percepción. El cerebro comprueba que la casa y organismo son los previsibles y no los hace presentes en la pantalla de la consciencia.

El filtro de lo predecible y fiable se apoya en unas convicciones, que predicen que nuestras acciones no generarán peligro por estados externos ni internos.

El filtro deja de operar si aparecen expectativas de relevancia, positiva o negativa o si aparece algo novedoso, imprevisto.

– Tenga cuidado con la escalera… La madera está como está. El otro día se accidentó un vecino…

La intención de subir por la escalera incierta no activa el programa motor normal, confiado, ni el filtro sensorial aplicado a escaleras fiables. Los pasos serán titubeantes, palpando cuidadosamente el suelo y el circuito sensorial mantendrá sensiblemente abiertos todos los centros de evaluación de las señales sensoriales.

Lo que se aplica a una escalera incierta vale para un organismo incierto. Andar con un cuerpo desgastado, frágil, con articulaciones rugosas, nervios pinzados, músculos sin energía… activará programas motores llenos de cautelas y percepciones acopladas al miedo a dar pasos con esa calamidad somática.

El YO motor se vuelve relevante, generador de peligro para el organismo y el YO sensitivo aplica a cada acción el miedo al daño.

– Me duele. La columna…

Podemos imaginar aquello que decidamos. Habitualmente es irrelevante. Sabemos que es pura imaginación.

– Voy a imaginar que hay un terremoto en Vitoria…

La ocurrencia no genera ningún impacto emocional. La escasa probabilidad lo anula.

Hay veces que lo imaginado por el cerebro cuenta con la atribución de una probabilidad y ello hace que se proyecten percepciones como si realmente estuviera sucediendo lo imaginado.

El YO motor es irrelevante sólo si el cerebro confía en su inocuidad para el organismo. Si las acciones son temidas los programas motores generarán la alarma de modo sensible. La sensorialidad cotidiana se hará insoportable.

El cerebro codificará el organismo como un tiempo-espacio de enfermedad. Nada de filtros. En su lugar amplificadores.

– El cerebro amplifica el dolor, dicen… Siguen pensando que algún dolor escondido anda por la zona dolorida y que el cerebro se limita a vocearlo.

El cerebro teme al individuo, a sus acciones. Las desmotiva y penaliza. el dolor no surge de unos tejidos supuestamente vulnerables sino de los sistemas de memoria del temor que anticipan terribles consecuencias a lo que el individuo hace o piensa hacer.

El YO ha perdido su irrelevancia. No tiene la confianza del cerebro. Ese organismo ya no es fiable.

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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6 respuestas a Copia eferente. La irrelevancia del YO.

  1. Cristina dijo:

    Creo que la entrada de hoy es una de las mejores del blog sobre la copia eferente, aún así, pongo un par de ejemplos (el grillo y las cosquillas) por si alguien quiere leer más sobre este tema:

    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/11/07/erase-una-vez-un-grillo-que-no-podia-cantar-porque-oia-su-cri-cri-disfuncion-de-copia-eferente/

    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/11/08/no-consigo-hacerme-cosquillas-copia-eferente/

    Un saludo.

  2. Miguel dijo:

    Arturo, dices que el programa motor pasa a las áreas sensitivas una copia de la acción que se ha ordenado. De esa manera, en condiciones de normalidad, antes de echar un culín de sidra mi yo sensitivo conoce lo que va a ocurrir… y generalmente lo filtra.

    Si los receptores tisulares perciben el gesto con normalidad, la información que envían a nuestro cerebro coincide con la información que nuestro cerebro esperaba recibir… continuándose el filtrado.

    ¿Qué ocurre si hay una alteración tisular en la estructura del tejido que contiene la mayor parte de los receptores? En esta situación la información enviada al cerebro puede no coincidir con la que nuestro cerebro esperaba recibir… y no ocurrir el filtrado.
    ¿Estoy muy equivocado? Hablaremos de ello en Noviembre. Gracias.

  3. Cuando no hay coherencia entre lo anticipado y lo recibido se interpreta como una novedad, es decir, algo pasa. Si hay lesión, el cerebro la evalúa como tal y gestiona la protección y reparación. Cuando hay miedo nociceptivo, anticipación, alerta se facilita la generación y tráfico de señal nociceptiva y se genera el bucle de realimentación consolidándose una ilusión de daño. La percepción refleja el error evaluativo. Manda el contenido alucinatorio.

  4. Miguel dijo:

    Una alteración tisular puede modificar los datos que los receptores “anotan” y envían. ¿Esto puede ocurrir (al menos inicialmente) sin que el cerebro se dé cuenta de que sucede “algo”, de que la información que percibe no es del todo correcta, de que el movimiento que se está realizando (echar sidra) no se gestiona correctamente?
    La idea que trato de analizar es si es o no posible que los datos que llegan al cerebro puedan filtrarse (nada aparenta fuera de lo esperado) durante un tiempo, a pesar de que sí está existiendo una mala gestión del movimiento, que está provocando la realización de gestos coordinados no de la manera más correcta o ideal… y que con su repetición pueden llegar a provocar un daño por ejemplo en una articulación o tendón (dolor en el supraespinoso por echar la sidra).

  5. Miguel: supongo que puede ocurrir. El cerebro no es perfecto. Se equivoca por exceso y por defecto, igual que el sistema inmune

  6. nikola dijo:

    Arturo : confianza,acción ,memoria,confianza….¿sería el ciclo de repetición suficiente para fijar una condición “normal”?¿será el modo en que cerebrito,le guste o no,se repliegue a sus castillos de invierno y deje lugar al YO ?

    Cuanto mas te leo,más me convenzo de la enorme,ENORME,fuerza de nuestras creencias.De lo que ” a MI me parece”.
    ¿Tendrá la confianza y certeza de cerebrito algo que ver con el funcionamiento de las religiones,grandes máquinas de confianza,sean del color que sean?

    saludos y gracias por tus escritos.

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