Síndromes de irracionalidad central

A veces lo que percibimos está determinado por la realidad y su impacto sensorial. Si estoy en un bosque y abro los ojos veré árboles.

Otras veces lo percibido no surge de las señales sensoriales sino de los sistemas de memoria predictiva, de lo que el cerebro imagina que pudiera suceder. El cerebro vigilante proyecta dolor a la conciencia cuando teme daño aun cuando los sensores (nociceptores) no hayan recogido ninguna señal en la zona.

En las memorias se guardan datos sobre episodios de daño propios y ajenos y sobre conocimiento referido a lo que puede perjudicar al organismo ( cultura de daño-dolor). Los contenidos de los archivos se actualizan constantemente a la luz de los nuevos datos. A espaldas de la conciencia hay una reconsideración de todo. Cada momento, lugar y circunstancia del cuerpo se acompaña de una cuota de temor que evoluciona con el tiempo.

En el momento menos previsto por el individuo, se genera el sentimiento de dolor. Puede suceder incluso durmiendo, con el YO inhabilitado, inocente, indefenso, víctima de su propio organismo.

El miedo cerebral al daño oscila en función de las señales que llegan de los tejidos y de lo que la memoria predictiva pre-siente. El umbral o límite de salida a la conciencia varía. Si duele es que el temor cerebral al daño ha superado ese límite.

Los padres que vigilan el juego del niño en el parque lo hacen con un nivel del temor a que se dañe, variable. En cualquier momento el temor supera el umbral del miedo a que se lastime…

– ¡Bájate de ahí que te vas a caer y abrir la cabeza!

Los padres no pueden hacer que el niño sienta dolor como si se hubiera caído y abierto la cabeza sin que ello suceda. Sólo disponen de la palabra. Con ella esperan contagiar su miedo al niño y forzarle a bajarse del tobogán.

El aviso paterno es una acción defensiva, preventiva. Es una apuesta a favor de un suceso de daño. La probabilidad real se desconoce. Depende de muchas circunstancias, de muchos recuerdos procesados una y otra vez reconsiderando anteriores caídas del niño propio y del ajeno.

El cerebro sí dispone del recurso al “como si”. Puede representar una realidad temida y hacer que el individuo sienta sus consecuencias sin que esté sucediendo lo que se teme. El cerebro es un órgano virtual.

– Me duele la cabeza. Es “como si” fuera a explotar…

– Me muero de hambre, me muero de dolor, me muero de sed…

No hay falta de comida, destrucción de tejidos ni deshidratación pero es “como si” las hubiera.

– Me muero de hambre. He ido al médico y me ha dicho que el peso está bien. Que no me encuentra desnutrición.

Los miedos cerebrales no siempre tienen racionalidad probabilística. Si uno lleva dos días sin probar bocado, la proyección de hambre se corresponde con una probabilidad razonable de que los depósitos de combustible anden mermados y podamos tener problemas si no comemos. No existe esa racionalidad con el sobrepeso, el frigorífico de casa rebosante y habiendo acabado de comer un plato de arroz.

– Tengo hambre. Necesito comer algo.

Es como si el organismo necesitara que comamos pero tal necesidad no existe. Más bien convendría que el cerebro fuera sensato y proyectara saciedad, el sentimiento razonable en la obesidad.

Los expertos llaman a la irracionalidad cerebral, sensibilización central.

“Síndromes de sensibilización central” Son misteriosos cuadros de origen y solución incierta. Se invocan genes, alimentos, estreses. conjunciones astrales y males de ojo pero no se habla de irracionalidad, algo muy común en los tiempos que corren.

– Tiene usted un problema con el cálculo de probabilidades de su cerebro. El “como si” de su percepción es absolutamente irracional, altamente improbable.

– ¿No hay nada contra la irracionalidad cerebral? ¿Cómo hago para que mi percepción se normalice y tenga que ver con lo que sucede y no con lo que mi cerebro teme?

– Usted misma

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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22 respuestas a Síndromes de irracionalidad central

  1. Félix dijo:

    La sensibilización central no deja de ser como bien apuntas un cálculo de probabilidades pero amañado. Caemos en la irracionalidad rápidamente. Una vez que nuestro cerebro establece el “como si” entramos en la vía rápida de la certeza aunque sea algo totalmente irracional. Hablando como paciente puedo decir que hace unos años desarrollé un dolor crónico: ciática izquierda. Evidentemente no tengo ningún tipo de radiculopatía. Pues bien, cada vez que a mi consulta acude alguien con este cuadro clínico, ¡no tardo ni dos días en padecer parestesias y molestias en el dinatoma L5-S1!.
    Mi cerebro ha considerado que el estímulo cognitivo asociado al tratamiento de un paciente con ciática es suficiente para activar la memoria de dolor. ¿Quién piensa a estas alturas que nuestro cerebro es racional?. Ahora, ya sé (y temo) que cuando tengo un paciente con ciática yo también voy a pasar unos días “raros”.
    En fin los fisios, al igual que los neurólogos según el famoso artículo,supongo que estamos expuestos a estas cosillas.

    Un saludo.

  2. Félix: no sé muy bien por qué damos por sentado que el cerebro es perfecto y sólo la patología puede llevarle al error, al dolor injustificado. La empatía es un recurso biológico para asumir el dolor ajeno, representarlo internamente e incitarnos a la prestación de ayuda. Lo fisiológico es que la empatía lleve al que va a prestar ayuda a contagiarse del problema ajeno pero con analgesia para poder proceder a socorrerle. Los neurólogos tienen migraña, los fisios dolor “músculoesquelético”… ¿y los Psiquiatras?

    Saludos

  3. Félix dijo:

    He tenido varios pacientes que han acabado su peregrinaje en la consulta del psiquiatra. Me contaba uno de ellos que mientras él se quejaba de dolor dorsal el psiquiatra le preguntaba por la relación con su madre. Según el médico el dolor era fruto de un trauma infantil a lo que el paciente se negaba y, ¡la negación era la afirmación del diagnóstico de neurosis!.
    Tras someterse a tratamiento con un enfoque biopsicosocial (bendito Moseley) en mi consulta, el paciente afortunadamente experimentó una gran mejoría. Y me pidió un informe que llevarle al psiquiatra para que le quitara la medicación y le diera alta. La sorpresa es que el médico le dijo que el hecho de que mejorara el dolor no significaba que estuviera mejor. “Oiga, si yo acabé aquí porque tenía un dolor en la espalda que prácticamente se me ha quitado”. “Sí, pero tu problema subyace. Si te dan masaje y te alivian las contracturas puedes mejorar un poco pero no es la solución”.
    Es una historia que se repite y cuento esto porque no sé hasta qué punto el nivel de empatía en psiquiatría es equiparable al de otras profesiones médicas (soy totalmente lego). Pero si atendemos a la analogía imagino que acabaran con dolores en el alma.

    Un saludo

  4. Sin intención de ser ofensivo para nadie, recordaré que al dicho popular “El que anda con cojo al año cojea” no se le mencionan excepciones.
    Lo de la ‘sensibilización central’ recuerda al funcionamineto de las neuronas espejo, pero no sobre algo que se percibe sino sobre algo que se recuerda o se infiere a partir de recuerdos. Me pregunto si está relacionado con el hecho bastante comprobado de que tendemos a ver aquello que esperamos ver.
    Saludos,

  5. Mar dijo:

    Creo que la profesión de psiquiatra tiene un alto índice de suicidios. Ahí queda eso.

  6. carmem dijo:

    Muy bueno Mar!!!

  7. Pere: algo, bastante, de eso hay. No todas las realidades son contagiosas. No todo es infeccioso pero el mundo de la percepción somática sí que está sometido a dinámicas de imitación y se modula por lo que tememos y creemos.

  8. Mar: creo que sí, que los Psiquiatras, junto a los anestesistas y médicos generales, ofrecen los índices de suicidio más elevados

  9. Carola dijo:

    Maldita sea, con perdón. Es todo cabal y simple. Lo entiendo a la perfección. Pero después de tiempo, ahí tienes una espalda doliente, como la del compañero, dando por… molestando en la misma zona.

    Hace días encargué mi primer libro en inglés tras leer las primeras 30 páginas en Google, de Lorimer Moseley. A ver si mi cabeza se entera de que no es el fin del mundo. Disculpad mi vehemencia pero es peor tener un cerebro miedoso que un hijo tonto. No sabe una ya qué hacer. Porque yo verdaderamente lo entiendo, lo acepto, pero a veces el cuerpo no sigue bien el baile. El cerebro me pisa y se equivoca de paso. Y volvemos a empezar.

    Saludos a todos y paciencia (para mí, más que nada).

  10. Cristina dijo:

    Carola: me suena la historia, para mí tampoco fue un camino fácil a pesar de que comprendía la información y me parecía totalmente razonable, coherente y bien fundamentada desde la biología y la neurociencia. Pero si te lo crees con firmeza no hay vuelta atrás, sabes que es el único camino posible a largo plazo, así que sólo puedo recomendarte paciencia y perseverancia.

    Si el libro que has encargado es Explain Pain, te comento que hay versión española, “Explicando el dolor”, traducido por Rafael Torres. Por experiencia propia y ajena, no por leer más cambian los esquemas antes, creo que la clave está en el grado de convicción pero a mí personalmente sí me ha ayudado mucho leer y organizar por escrito toda la información que iba recopilando.

    El cerebro miedoso convierte la vida en un infierno, hacerle entrar en razón no siempre es sencillo pero el conocimiento y la racionalidad es la única vía. En los cursos de migraña una de las alumnas comentaba que a ella le parecía que lidiar con su cerebro era igual que lidiar con un adolescente…

  11. Carola dijo:

    Cristina, lo del adolescente es totalmente entendible, lo comparto. Esta manaña tenía que dejar mi coche en el mecánico, caminar un par de kilómetros, coger un autobús y llegar al trabajo. A medio camino, me he tomado las dichosas pastillas que “me funcionaban” antes, y lo he hecho todo. Supongo que si no entiendo lo que leo o el diálogo literal interior, los hechos hablarán mejor que las palabras.

    El libro no está en español, es una recopilación de anécdotas que me pareció a la vez entretenido e interesante. Me gusta mucho leer literatura divulgativa de corte científico que además, sea accesible para alguien como yo, sin formación científica reglada, pero interesada. Por compartir que no quede:
    Painful Yarns. Metaphors & stories to help understand the biology of pain.
    Por G. Lorimer Moseley. Lo encargué en Lulu.com

    Mi cerebro es miedoso y lo soy yo, a causa de una serie de catastróficas desdichas, como el título de la película, me he acostumbrado en estos años a esperar siempre lo peor para estar preparada. Ahora que todo no es tan terrible, sigo en el parapeto. Así que es mucho lo que tengo que cambiar, pero espero que alimentándome de ideas válidas e interesantes, y haciendo lo que yo quisiera poder hacer, aunque a veces parezca que no es posible, pueda enderezar mi cerebro miedoso y adolescente.

    Muchas gracias por tu comentario, Cristina, y claro a Don Arturo por mantener este blog.

  12. Jose Miguel dijo:

    “Síndrome de irracionalidad central”. Arturo, lo registras y te “forras” jjajaj. Quiere decir entonces, que la “promoción de la supervivencia por parte del cerebro = irracional”?
    Saludos coridales

  13. marite dijo:

    Saludos! Hace tiempo que no pasaba por aquí!
    (he llegado esta vez desde una búsqueda del libro “Explicando el dolor” Dr. David S. Butler y Prof. G. Lorimer Moseley)
    Y después de leer esta entrada me pregunto que coincidencias tienen para ustedes las palabras
    “sensibilización” e “irracionalidad”.
    Para el diccionario de la RAE la primera sería: “Mecanismo por el que la respuesta inmunitaria provocada por un antígeno aparece con mayor intensidad tras una administración inicial de este” y la segunda: “Comportamiento o expresión descabellados, faltos de racionalidad”.
    Y llegados a este punto, decir que soy “padeciente” desde “mi más tierna infancia” y que desde hace una década estoy diagnósticada de FM y que no sé si debe ser debido a esa “neblina mental” que también figura dentro de los muchos síntomas del síndrome me es díficil entender sus explicaciones, aportaciones-soluciones de y para nuestro mal.
    A pesar de todo agradezco mucho el trabajo, esfuerzo e interés que “profesionalmente” hacen para intentar aliviar a tanto “padeciente” (sapiens ma non tropo) y por el entretenimiento y curiosidad que me siguen despertando y que me ayudan a continuar viviendo “aprendiendo-desaprendiendo”………
    Animo y adelante en busca de la “razón”.
    Un abrazo de todo co”razón”.

  14. Marite: el cerebro no viene al mundo con la racionalidad (o sentido común, como quieras) escrita en sus programas. Algunos de ellos sí son racionales: sentir dolor con una quemadura, apartar la mano de un pincho… Gran parte de la racionalidad debe aprenderse, sin ninguna garantía de éxito, a través del arriesgado camino del ensayo-error.

    La alergia y las enfermedades autoinmunes son la expresión de la irracionalidad del sistema inmune. La migraña, fibromialgia y el resto de síndromes de sensibilización central corresponden a acciones irracionales del cerebro en la gestión de los programas defensivos de alerta.

    Te aconsejo la lectura de mi libro “Migraña, una pesadilla cerebral”. La estructura de la migraña y la fibromialgia es la misma, con alguna variante. El organismo y el cerebro son normales en la fibromialgia. El fibrofog (neblina mental) no es mas que la expresión de un estado atencional dirigido hacia el interior somático: es el componente cognitivo del programa “respuesta de enfermedad”, que es el programa que se activa cuando, por ejemplo, cogemos una gripe. La fibro sería el síndrome gripal sin gripe. Una falsa alarma, una falsa evaluación de enfermedad. Desgraciadamente desde las asociaciones se lucha por la consideración de enfermedad cuando no existe tal enfermedad sino un cerebro equivocado, igual que sucede con el sistema inmune, por ejemplo en la artritis reumatoide: las articulaciones serían normales si el sistema inmune no estuviera empeñado en defenderlas (inflamación) sin necesidad.

    Saludos

  15. marite dijo:

    Bueno Arturo, hoy que “creo” estoy sin fibrofog (en este momento el cerebro debe estar en un momento racional; no siento mucho dolor) y desde mi humilde capacidad de entendimiento a tu respuesta te pregunto:
    ¿que diferencia encuentras entre La migraña, fibromialgia y el resto de síndromes de sensibilización central y La alergia y las enfermedades autoinmunes (según la descripción que haces de todas ellas se deben a acciones-expresiones irracionales, las primeras del cerebro y las segundas del sistema inmune) que expliquen que, de las que tienen que ver con el sistema inmune se pueda hablar de enfermedades -supongo que hay asociaciones de enfermedades autoinmunes, pero tienen suerte si ya no se tienen que preocuparse por “la consideración de de las mismas”- y que de las que tienen que ver con la hipersensibilidad del sistema nervioso central no se pueda hablar de enfermedad?
    Te estoy entendiendo mal al interpretar que la irracionalidad no es enfermedad cuando se trata del cerebro y si cuando se trata del sistema autoinmune?

    De cualquier manera insisto en agradecer tu dedicación y estudio al conocimiento del dolor crónico. Esperamos que más pronto que tarde se encuentren explicaciones y sobre todo soluciones que lo eviten o minimicen. Sigo y seguiremos buscando luz y racionalidad en este y en otros ámbitos de la vida.
    De cualquier manera entre tanto no encontremos la forma de acabar con ese “cerebro irracional”
    al menos pediría se nos considere enfermos-discapacitados-irracionales-cómolesdelaganallamarnos…y se nos reconozcan los derechos que como tales deberíamos tener (para ello luchan las asociaciones que muchas veces mencionas para cuestionar sus actuaciones, minusvalorando el papel tan importante que desarrollan apoyando a personas que no cuentan con el apoyo que no recibimos desde dónde en justicia corresponde y quizás también tenga algo que ver esto con la irracionalidad)

    Un vez más recibe un cordial abrazo.
    (en la medida que me lo permita el tiempo y el “fibrofog” te seguiré leyendo)

  16. marite dijo:

    Gracias Cristina, en cuanto pueda leeré las entradas que me dejas. Seguro que aprendo-desaprendo algo. Cómo le decía a Arturo, seguimos buscando luz entre tanta oscuridad.

    Un abrazo para ti también.
    (Ahora me voy a hacer las alubias que también de pan vivimos las mujeres)

  17. Carola dijo:

    Apreciados todos, estoy leyendo el último comentario de Marité, a quien saludo con cariño. Yo he sufrido de dolor crónico de espalda contínuo durante años después de una lumbalgia aguda que me postró en la cama. Lo diré apoyándome en mi experiencia para evitar ofenderte de cualquier modo y buscando con mi comentario ayudarte con todo mi cariño.

    Considerarme una enferma crónica iba contra mi recuperación.

    En el momento en que después de leer varios libros dedicados a estas tesis (que puedes encontrar en este blog) empecé a dejar de compadecerme de “mi enfermedad” y empecé a considerarme una persona cualquiera, sin estatus de enferma, empecé a moverme con más normalidad. Dentro de lo que podía, empecé a cambiar mi actitud y dejar de considerarme una pobre enferma. Empecé a comprender cómo funcionaba el dolor al margen del daño que nadie encontraba. Entendí muchas cosas y a día de hoy el dolor es tan poco, que por fin puedo decir que he comprendido en todo su alcance lo que aquí se debate. A veces incluso machaconamente, pero es que no hay otra.

    Nadie tenemos derecho a nada en cuanto al dolor. Y lo que menos tenemos es derecho a exigir el estatus de enfermo, pues es lo que nos condena a repetir el círculo vicioso de los dolores inexplicables. Exigir el estatus de la normalidad, cuando no hay lesión, a eso sí que tenemos derecho e incluso digo más, tenemos el deber de exigirlo, defenderlo, practicarlo y ser libres del miedo al dolor, del dolor mismo y de la “enfermedad”. Las enfermedades del sistema inmunitario no pueden combatirse a través de la educación y la pedagogía del dolor, qué duda cabe. Pero el dolor crónico cuando ya no hay lesión ni daño en el tejido SÍ.

    Espero que se haya entendido mi comentario. Es fácil leerlo, pero comprenderlo en profundidad, a mí me está llevando mucho tiempo, del que no me arrepiento 🙂

    Un abrazo y suerte en este viaje a todos y todas.

  18. Carola dijo:

    ¡Me he extendido y por “el último” me refiero al que ahora es penúltimo! Un saludo de nuevo a todos.

  19. Marite: siempre he defendido el derecho de las padecientes a ser atendidas “como si fueran enfermas”. Negar la realidad del padecimiento y, por tanto las prestaciones derivadas de la invalidez es inmoral. No tengo problema en que se llame enfermedad a lo que yo llamo “disfunción evaluativa cerebral” (el equivalente a la disfunción evaluativa inmune). Las asociaciones defienden los derechos a prestación como enfermedad, en sentido tradicional (“disease”) pero, en mi experiencia con ellas, no han aceptado mis propuestas de enfermedad como padecimiento (“illnes”) surgido de una valoración cerebral errónea. Reclamar con convicción el status de enfermo cierra la solución. Saber que el organismo está razonablemente sano y que está gestionado por un cerebro equivocado en su valoración abre la vía a la solución. En este blog hay testimonios que así lo demuestran.

    Saludos

  20. Cristina dijo:

    Marite: el punto de partida, el derecho básico que deberíamos tener todos los pacientes, es el acceso a la información actualizada sobre dolor en base a los avances de la neurociencia, conocer qué hay detrás de un estado de dolor crónico (un cerebro sensibilizado e irracional en sus respuestas), pero el segundo punto de partida, igual de importante que la información, es adquirir la convicción de salud a pesar de percibir enfermedad. Una idea muy importante es la de saber que lo que percibimos no siempre se corresponde con la realidad del estado del organismo, percibir dolor, cansancio, niebla mental, enfermedad… no significa que haya algo en el organismo que lo justifique, por eso no lo encuentran y por eso los síndromes de sensibilización central, si bien invalidantes a más no poder para quien los sufre, incluso en mayor medida que otros males en “apariencia” más graves, generan tantas susceptibilidades entre el colectivo médico (y en toda la sociedad en general) que no encuentra pruebas orgánicas para reconocerlos como enfermedades “clásicas”.

    Una cosa es que se reconozca el sufrimiento y la veracidad de lo que el paciente relata y otra cosa distinta entrar en el bucle de la pelea por el reconocimiento de enfermedad e invalidez, lo cual es comprensible si uno no tiene a su alcance la información adecuada. Pero si se adquiere la convicción de cuerpo sano-cerebro equivocado, no tiene ningún sentido pelear por el derecho a ser reconocido como enfermo, y también te lo digo desde el cariño y la completa comprensión de tu punto de vista y de lo que supone convivir con ese conjunto de síntomas invalidantes. Yo, al igual que Carola, dejé de considerarme enferma cuando accedí a esta información y dejé de comportarme como tal, no fue nada fácil pero es un paso fundamental.

    Hay que coger el toro por los cuernos y no funciona creérselo a medias, aunque es entendible, no hay que refugiarse en el derecho a ser considerado enfermo al menos hasta que uno no perciba síntomas… se trata de cambiar la creencia errónea de organismo enfermo e incapaz por la firme convicción de salud a pesar de las percepciones engañosas sobre enfermedad (los síntomas). Lo que se percibe es real pero se trata de un error del sistema nervioso central, y se le puede dar la vuelta, y como bien señala Carola, a la alergia y a las enfermedades autoinmunes no…

    https://arturogoicoechea.wordpress.com/2009/07/24/me-lo-creo-a-medias/

  21. Estimado Arturo, estoy leyendo cada entrada a tu blog que puedo. Yo tengo SQM y mi cerebro trata de hacer una simbiosis del dolor crónico con la SQM y me saltan muchas dudas. Si bien es cierto en la migraña y quizás en le fibromialgia (no estoy muy segura, porque se que hay investigaciones ahora que hablan sobre el origen físico del dolor) no hay daño que de origen a los síntomas, en el caso de la SQM funciona igual? es decir no hay origen físico para la sensibilización? algo escuché de una doctora española (yo soy peruana) que hablaba sobre la teoría de las mitocondrias como origen de la sensibilización que pasamos los afectados. Estas dudas hacen que no pueda avanzar como quisiera con el aprendizaje. Voy leyendo todo y voy entendiendo muchas cosas, sin embargo sale esa vocecita en mi cabeza que dice: “pero… hay teorías, aquí solo se habla de dolor, de migraña, de fibromialgia (que también la tengo).. pero no a ciencia cierta de SQM y sensibilidad electromagnética (que es lo que más afecta mi calidad de vida) y al estar tan bombardeada de síntomas ilógicos, porque así los siento que no tienen sentido, ya que no poder ponerse ropa, ni zapatos me parece de lo más irracional; hace más ardua la labro de educar a mi cerebro irracional.
    Y otra pregunta más, ¿por qué el sistema inmune no puede ser educado, en el caso de las alergias (que tengo muchas también)? ¿por qué el cerebro si respondería a esta educación y no el sistema inmune? ¿qué diferencia hay?. Quizás mi pregunta sea muy primariosa, pero necesito comprender, si mi cerebro no recibe respuestas, se queda como en un limbo lleno de dudas.
    Muchísimas gracias a ti y todos por sus aportes!!

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