Pedagogía con cerebro

…si los pequeños hilos (filets), que componen la médula de los nervios, son tirados con una fuerza tal que se rompen y se separan de la parte en la cual están unidos, de suerte que la estructura de toda la máquina sea de alguna manera menos acabada (accomplie): el movimiento que causarán en el cerebro dará ocasión en el alma, a quien importa que el lugar de su residencia se conserve (à qui il importe que le lieu de sa demeure se conserve), de tener el sentimiento del dolor (d’avoir le sentiment de la doleur)…

A estas alturas del siglo XXI debiera saber todo el mundo, profesionales y ciudadanos, que el dolor es un producto cerebral. Sin cerebro no hay dolor.

Sin riñón no hay orina. Sin hígado no hay bilis.

Ya que sale el tema de la bilis, hubo un tiempo en el que, dado que la migraña cursaba con vómitos y en lo vomitado había bilis, se consideraba “lógicamente” que la migraña era cosa biliar. Se buscaban y encontraban piedras y arenillas en la vesícula y si las crisis apretaban, “a pesar del tratamiento”, se procedía a cortar por lo sano: se quitaba la vesícula. Algunos mejoraban. También se extraían muelas, cuñas de ovarios con quistes (como corresponde a un ovario normal), apéndices supuestamente inflamados, arterias prominentes de las sienes (también supuestamente inflamadas). Se ponían gafas para descansar la vista, se autidaban estreses, ánimos y dietas.

Se buscaban las causas del dolor en lo físico y si no se daba con ellas se revolvía en lo psicológico.

Por aquél entonces no se sabía que el dolor era cosa del cerebro.

Descartes ya lo sugirió: el dolor era para él cosa del alma; exclusiva, por tanto, de los humanos y no de los des-almados animales. Cometió el error de acoplar el famoso dibujo del niño con el pie en el fuego. La tropa se quedó con la imagen e ignoró el texto (la imagen apetece más que el texto).

– Dice Descartes que el dolor surge del pie y se conduce por los nervios al cerebro haciéndose allí consciente… en el alma exclusiva de los humanos.

Lo que no dijo Descartes, lo contrario de lo que realmente dijo, por obra de la fuerza de creernos lo aparente, se aceptó como válido y en esas anduvimos hasta finales del siglo pasado.

La década del cerebro que cerró el siglo XX fue una década de las moléculas, es decir, de los fármacos. Todo era Química. Todo sería explicado por malas y buenas moléculas. A Farmaindustria le pareció bien. A los profesionales y ciudadanos, también. Una pastilla y a correr.

Ahora andamos en los tiempos de la Neurociencia. Hay cerebro por todas partes. Todas las contrariedades se explican por algún trastorno en algún rincón de la mollera. Hemos conseguido localizar el cerebro doliente, conocido como “neuromatriz del dolor”. Si duele la neuromatriz está activa, más cuanto más intenso sea el dolor.

Las imágenes del cerebro doliente van inclinando la fuerza de la prueba de los tejidos a “la mente”. Descartes tenía razón. El le llamaba alma pero se refería a lo mismo. Un cerebro compungido por el sufrimiento de los tejidos del pie en la llama, segregaba dolor como consecuencia de la aflicción por perder la integridad física.

Vale. Se acepta que sea el cerebro… pero es un cerebro anómalo, un cerebro que procesa mal las señales de dolor que llegan de los tejidos, las amplifica… Incluso… puede que la cosa venga mal dada antes. Serían los nervios de los tejidos o el asta posterior de la médula… El cerebro se limitaría a dar paso a la conciencia a los dolores amplificados que provienen de unos tejidos antaño mortificados por una lesión, marcados a fuego en la memoria… de la médula espinal. Si no hay antecedente de lesión física vale también la mortificación del alma por un suceso anímicamente doloroso que no encuentra su salida a la conciencia.

Sensibilización central (medular) para los sucesos físicos y somatización para los psicológicos.

A pesar de todo lo que parezca, a pesar de todo el revuelo mediático, de cerebro y dolor se habla poco. Lo que es más grave: de cerebro y dolor se sigue sin explicar nada en la Universidad. Los profesionales siguen aplicando lo aprendido en las aulas: el dolor surge de los tejidos y si no hay causa en tejidos habrá causa psicológica.

Se llevan las escuelas, “el paciente experto”. Los doloridos se asocian y saben lo que les cuentan. Conocen la sustancia P, la CGRP, los polimorfismos de la COMT, la serotonina, la endorfina, la histamina, la aminodioxidasa, el wind-up, el glutamato, los estrógenos…

En las escuelas del dolor no se quería ni oír hablar del cerebro hasta que se ha visto, en las imágenes, que el dolor crónico acaba encogiendo la corteza.

¡El dolor afecta al cerebro! ¡El dolor afecta al cerebro!

¡El dolor es una enfermedad cerebral, crónica… degenerativa..!

Todo apunta a que lo que Descartes nunca dijo siga vivo: el dolor es cosa que viene ya dada desde los tejidos y que si se le permite entrar crónicamente a las delicadas telas de la corteza cerebral acaba con ellas. El cerebro se cría mal con el dolor bañando sus circuitos…

Realmente la Neurociencia lo que pretende decir es que

El cerebro afecta al dolor… ¡LO CONSTRUYE!

Un cerebro empecinado en la secreción crónica de dolor se pasa factura a sí mismo. Le salen telarañas y atrofias. Basta descorrer las cortinas y dejar que entre la luz y el aire fresco para que una corteza en los huesos por el tedio recupere conexiones y volumen en las resonancias.

Pedagogía del dolor… Por supuesto…

¿Quién controla los programas?

 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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Una respuesta a Pedagogía con cerebro

  1. Lidya dijo:

    A mi me da la impresión de que, cuanto más se ignora sobre algo, más posibilidades hay de confundir el rigor cientifico con el rigor mortis. ¿Quizás es que nos olvidamos de que a la verdad hay ponerle un apellido que es el de vigente? Recordemos a Newton y a Darwin. Eso debiera bastarnos para ponernos en nuestro sitio, pero, en nuestra limitación, no nos damos cuenta.
    Un saludo
    Lidya

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