Implicación (II)

Sobre Neurobiología del dolor hemos sabido más bien poco hasta finales del siglo pasado. No sólo no se sabía gran cosa sino que lo que se afirmaba era falso. Por ejemplo, se decía que el cerebro no intervenía en la génesis del dolor ya que al estimularlo con el paciente despierto no se conseguía generar esa percepción. Más adelante se demostró que no se estimulaba la zona correcta, el lóbulo de la ínsula, oculto en las profundidades de la cisura de Silvio. Hoy sabemos que el dolor necesariamente surge del cerebro, de la activación conjunta de múltiples áreas.

Profesionales y padecientes sitúan el origen del dolor allí donde se siente. Surgiría de la mortificación de los tejidos, lesionados o sometidos a múltiples y variopintas condiciones de adversidad. Así, la humedad ambiente generaría dolor articular por alguna acción negativa sobre las articulaciones. Elemental.

– Yo sólo sé que si sale el día húmedo me duele la rodilla. La humedad le afecta.

Desde las Neurociencias se ha vertido conocimiento nuevo. Sabemos que no hay receptores que detectan el supuesto dolor que rezuma de los tejidos, ya que no puede existir dolor mas que en el universo de la consciencia, un universo cerebral. El único receptor del dolor es el individuo. Sabemos que el dolor contiene una evaluación de amenaza por parte del cerebro. También sabemos que esa evaluación puede ser correcta o errónea y que, por tanto, hay dolores justificados, beneficiosos aunque mortificadores y otros que no aportan ninguna ventaja. Sólo sufrimiento.

Cuando el dolor procede de una evaluación errónea cerebral es lógico plantear la solución tratando de corregir ese error evaluativo. Teóricamente se puede conseguir con información, una información moderna, actualizada, neurobiológica. La explicación exige implicación del padeciente para aceptar lo que resulta extraño y contrario a lo creído hasta ese momento pero también exige actualización del profesional.


Lamentablemente, no se ha producido hasta este momento esa actualización necesaria. Los programas de formación no están actualizados. Siguen conteniendo errores de bulto. Los textos siguen hablando de receptores de dolor, y, por tanto sitúan el origen del dolor en los tejidos. No contemplan la función evaluativa cerebral. Al cerebro sólo le conceden toques emocionales e interpretativos añadidos. El dolor llega al cerebro y este lo valora y decide qué hacer para librarse de él.

No es fácil implicar a los compañeros en el cambio de paradigmas. Están instalados en la doctrina políticamente correcta y desde esa doctrina expenden diagnósticos y terapias según los cánones pre-neurocientíficos.

La negativa al cambio o, aún peor, a actualizar conocimientos puede ser entendible pero no aceptable. Ojos que no ven, corazón que no siente… Somos humanos…

Los protocolos consensuados por los líderes de opinión protegen la práctica tópica aun cuando, de hecho, sea contraria a lo debido (según puede deducirse de lo que ahora sabemos).

Hay compañeros que pueden estar de acuerdo en los nuevos paradigmas pero no quieren complicaciones y siguen recetando actuando en contra de lo que dicen creer.

No hay asomo de cambio entre los médicos. Puede que sea mucho pedir: renunciar a lo aprendido, cambiar esquemas y convencer a los padecientes de que los supuestos remedios son pan incierto para hoy y hambre cierta para mañana…

Los padecientes tienen derecho a que los profesionales actualicen el conocimiento, se impliquen. Esperemos que así sea…

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a Implicación (II)

  1. Fisiograná dijo:

    No hay asomo de cambio entre los fisios tampoco. Todavia siguen siendo muy pocos los fisios que asumen las nuevas tendencias en el tratamiento del dolor en general, y especialmente del dolor crónico (la mayoria de los usuarios del sistema sanitario). Las motivaciones por la que se estudia fisioterapia estan lejos de estos enfoques, por lo que existe un rechazo instintivo a un cambio tan radical. Además pienso que actualmente existe un letargo en el gremio que hastia al mas pintado.
    Recomiendo a todos los fisios que leais la editorial del último número de la revista Cuestiones de Fisioterapia: “La Fisioterapia y el Dolor-un cambio de modelo necesario y urgente”-Cuest Fisiot 40-2011, donde Rafael Torres Cueco hace un análisis muy acertado en este sentido.
    Todos los esfuerzos los hemos dirigido a defender la autonomía profesional frente a médicos, frente a intrusos….ya que se hacia necesario salir de la dependencia en la que se desarrollaba nuestra asistencia; pero, ¿acaso no hacemos lo mismo ahora nosotros con los pacientes privándoles del control activo de su proceso y haciéndoles dependientes de nosotros?……la educación da un criterio a nuestros pacientes, da libertad de elección, esto es complicarnos la vida, perder clientes, perder protagonismo…..Es necesaria mas implicación con el conocimiento, con la actualidad científica, con la sensatez y la eficiencia, para no malgastar esfuerzos en lo que no produce salud.
    Un saludo,

  2. fisiograna: al menos en el colectivo de fisios existe un grupo que promueve el cambio. No conozco otro colectivo en el que exista ese germen renovador.

    Saludos

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