Implicación (I)

La pedagogía es fundamental en el afrontamiento del dolor no asociado a daño relevante. Los padecientes deben conocer el proceso de generación neuronal de la percepción dolorosa, su sentido y propósito biológico /evolutivo).
La propuesta pedagógica es contrapuesta, de sentido contrario, a lo que habitualmente se ofrece. Considera las terapias como parte del problema y defiende la participación activa del padeciente en la gestión de su organismo.

Como individuos conscientes formamos parte del organismo en el que residimos y disponemos de cierto margen de decisión  a la hora de modular percepciones, emociones, pensamientos y acciones.
La percepción somática surge de un diálogo más o menos consciente entre las propuestas cerebrales y su recepción en la consciencia (el YO). El diálogo existe siempre. No podemos desactivarlo. Sólo el cerebro lo hace cada día, apagando la función consciente (sueño) para proceder al procesamiento del material vivido cada día por el organismo sin la perturbación del individuo consciente.
La propuesta neuropedagógica pilla al padeciente por sorpresa. Acostumbrado a solicitar ayuda en forma de diagnóstico y tratamiento se encuentra con que se le niega la etiqueta de enfermedad y el remedio externo y se le ofrece la oportunidad de recuperar la convicción de salud y librarse de terapias.
¿Cómo?
Ayudando al cerebro a reinterpretar los síntomas.
El dolor emerge a la conciencia por obra y gracia de las evaluaciones cerebrales de amenaza. Si la evaluación cerebral es adecuada una valoración también adecuada del profesional pondrá en evidencia una causa relevante que explica y justifica la proyección dolorosa a la consciencia.
– Tiene usted un infarto. Por eso le dolía el pecho…
La evaluación cerebral errónea de amenaza debiera producir una evaluación adecuada del profesional.
– No tiene usted nada relevante. Su cerebro está equivocado. Vamos a ver qué podemos hacer. Necesitamos su colaboración.
– ¿Qué hago?
– Le explico. Escuche. Atienda. Ponga su cerebro a cero. No prejuzgue. Permita que pueda ser verdad lo que le digo. Permita que pueda ser falso lo que le han enseñado a creer.
No todos los padecientes cumplen con los requisitos. Hacen agua por algún lado. No se implican.
– Sigo igual. Ya me parecía que esto no podía ser verdad…
Cuesta creer que una crisis de migraña surja de un error de valoración de amenaza facilitado por información y que se pueda disolver disolviendo creencias. Resulta más fácil conceder superpoderes a las terapias. Un ibuprofeno es un “calmante”. Una explicación no es nada. Las palabras se las lleva el viento.
– ¿Cree usted que sólo hablando se puede disolver la migraña o la fibromialgia?
– La verdad, NO.
– Mal asunto. Usted está implicado, lo quiera o no lo quiera reconocer. El problema es que comparte el error de su cerebro. Tiene que implicarse en reconocer el error y contribuir a modificar las convicciones de la red neuronal.
– Es muy complicado. No va a funcionar. No sirvo. No puede ser. Necesito una solución…
La desimplicación proviene de la necesidad de simplificar el proceso sometiéndolo a las reglas de la cultura de enfermedad: etiqueta y terapia. Lo explicado tiene que ser consonante con la educación recibida.
– No es complicado. Simplifique. Implíquese. Cambie el marco de interpretación. Cambie la conducta. Piense y haga lo contrario de lo que piensa y hace.
– No me convence…
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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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3 respuestas a Implicación (I)

  1. LOURDES dijo:

    Me encanta la explicación de cómo emerge el dolor del diálogo cerebro-yo. Como ya sabéis los seguidores de este blog yo conseguí librarme de una migraña crónica. Hace falta implicación, pero creo que el mayor obstáculo no está en el padeciente sino en el profesional, que a mi parecer es el que realmente no está implicado. Hay un gran desconocimiento sobre el funcionamiento del cerebro, y por ende, de la génesis del dolor. En ciertos casos se identifica con ignorancia consciente- culpa consciente-y por tanto, con menosprecio hacia todo lo que cambie ese mundo “seguro”. Sigo siendo muy crítica con el sector médico, con su acomodo.
    Un abrazo Arturo.

  2. LOURDES: tienes toda la razón del mundo. De hecho la siguiente entrada irá dirigida a la falta de implicación de los profesionales.

    Saludos

  3. Océano Mar dijo:

    Me temo que la falta de la implicación de los profesionales es una cuestión tanto o más importante que la falta de implicación de los pacientes.
    No obstante, a veces no basta con la implicación propia ni la del paciente: sino la de la familia.

    Hoy me ha dado puerta una paciente (terriblemente fóbica) con dolor no asociado a daño relevante (en serio, de libro) que no le convenció mi discurso. Incluso después de comprobar cómo su brazo ganaba unos ¡50º! de flexión anterior de golpe, sólo en el momento en que comprendió que no se iba a destrozar en el camino. ¿Sabes? porque su marido, médico, le ha dicho que esto son paparruchas de los fisios.

    No pasa nada. No arrojamos la toalla. Es que no hay vuelta atrás.

    Me alegro de verte por aquí, Dr Arturo. Al final me creé yo también una cuenta, aún estoy medio perdido. No prometo muchas entradas, pero sí seguir leyéndote.

    Un abrazo grande!

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