Tendones

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Los tendones son cordones fibrosos, resistentes, que unen los músculos a las palancas óseas permitiendo su desplazamiento. No son mas que un conjunto de fibras, sin vida, sin sangre, sin nervio. Cuando se rompen tardan en curarse y reorganizarse. Hay que proteger el tórpido, vulnerable, incierto y lento proceso, inmovilizando, combatiendo la inflamación, evitando el estrés mecánico. A veces hay que abrir y suturar los cabos.

Eso dicen de los tendones y esa idea nos hacemos… pero no es cierto. En los tendones hay más vida de la que parece. En Biología todo es más complicado (o más sencillo, según se mire) de lo que aparenta. La Medicina con sus prácticas aparentemente sensatas nos cambia la idea que nos hacemos de lo que acontece en el cuerpo.

Hasta hace pocos años cuando dolía en la zona de inserción tendinosa bastaba apretar allí y provocar un exquisito dolor para sentenciar: «tendinitis». ¿La causa? Elemental: el microtrauma repetido, la sobreutilización, el estrés mecánico. ¿La solución? También elemental: reposo, infiltración con corticoides, antiinflamatorios. Si no iba bien, también elemental: abrir y quitar los tejidos anormales.

Homo sapiens (ma non troppo) nunca se da por satisfecho. Algunos de sus miembros temen pasarse de listos y prefieren ignorar y hacerse preguntas. Gracias a ellos vamos sabiendo que la tierra no es plana y el sol no gira a su alrededor… y que los tendones son más complejos y competentes de lo que parecen. Tienen vasos, nervios, células, orgullo, capacidad de reparación, resiliencia. No siempre están inflamados cuando duele a su nivel. No les gusta que les inmovilicen ni que les infiltren con corticoides ni les manden antiinflamatorios. No está claro que suturarlos sea una buena idea. Se está en ello.

Las células tendinosas, los  tenocitos, están especializadas, como todas, en una tarea. Producen fibras de colágeno y las organizan en una arquitectura adaptada a las resistencias que deben asumir. La inmovilidad les desconcierta y desbarata. Un complejo proceso de señalización guía la adaptación del proceso de remodelación de un tendón lesionado. Mejor evitar corticoides y, probablemente, antiinflamatorios. Mejor permitir el movimiento guiado, regulado, que el tedio muscular.

En los tendones hay mucha vida y en torno a ellos hay, también, muchos vivos que, dotados de superpoderes, detectan nudos, atrapamientos y montamientos, resolviéndolos con ágiles y misteriosos gestos terapéuticos a cambio de «la voluntad».

A las «tendinitis» de antaño ahora les llaman «tendinopatías», término más honesto que reconoce nuestra limitación para encontrar causas y remedios a los males tendinosos. Las neuronas también andan por medio en los tendones. Faltaría más. Todo está interrelacionado.

No soy experto en tendones ni fascias, ni matriz extracelular, ni músculos… pero intento conocer su biología, su compleja biología, llena de sentido común evolutivo. Me asombra tanto la complejidad como la ignorancia atrevida y arrogante con la que muchos sanadores aplican sus creencias y soluciones.

Tendones… Un respeto.

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

2 comentarios sobre “Tendones

  1. Hola Arturo

    Tu razonamiento es muy lógico, como decimos en mexico, ni tanto que queme al santo ni tampoco que no lo alumbre

    Por otra parte se me hace interesante lo que mencionas sobre suturar los tendones, pero no se me ocurre otra forma para volver a unir esas «ligas» sin recurrir a una manipulación fisica e invasiva.

  2. Punkoatl Rasposo: hasta hace poco actuábamos por intuición por motivos aparentemente sensatos. No sabíamos mucho de biología, de señalización, de complejos procesos de reparación tisular. El conocimiento nos abre nuevas vías a la vez que descalifica prácticas terapéuticas de antaño que ahora sabemos pueden ser perjudiciales. La intervención profesional debe estar exquisitamente basada en la Ciencia y no en el instinto, a veces ciego, de ayudar. El equilibrio siempre es complicado. El conocimiento sobre el que basarlo, también. Nos cuestiona a todos.

    Saludos

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