Habituarse o sufrir

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La supervivencia surge del recelo. Mientras no se demuestre lo contrario todo puede resultar perjudicial.

Hay seres vivos que escogen cuidadosamente un entorno garantista, libre de peligros y rebosante de alimento y se adhieren a él. Renuncian a moverse.

Otros escogen la estrategia de la movilidad, la exploración, el aprovechamiento de cualquier hábitat. Homo sapiens (ma non troppo) es uno de ellos.

Para vivir sin mucho cambio se necesitan pocas neuronas: las justas para escoger el lugar. Los vegetales no tienen neuronas. Los herbívoros sedentarios tienen pocas. Se conforman con comer hierba. Se defienden de los predadores con su volumen, con cuernos o agregándose en rebaños e invierten mucha energía en el complicado procesamiento digestivo del verde. Tienen más tripas que cerebro. Rumian lo que comen sin pensárselo dos veces.

Homo sapiens (m.n.t.) es explorador, pura inquietud: culo-inquieto, óculo-inquieto, mano-inquieto, pierno-inquieto y mente-inquieto. Todo le inquieta. Lo que sucede fuera y dentro de sí. Rumia poco lo que come pero no da sosiego a lo que teme.

Para los sapiens (m.n.t.) todo es posible. No hay nada increíble ¿Por qué no?

La estrategia del ¿por qué no? es complicada. Todo puede contener relevancia, probabilidad en un momento, lugar y circunstancia… ¿por qué no?

Algunos sapiens (m.n.t.) complementan el ¿por qué no? con el ¿por qué sí? y exigen que lo rumiado en la mente como posible encuentre el respaldo de las comprobaciones. De este modo van descubriendo el universo de la irrelevancia, rebosante de estados y sucesos que no merecen ninguna inversión de recursos (motores o mentales).

Los circuitos neuronales se organizan sobre la base de asignar a los estímulos (reales o virtuales) relevancia o irrelevancia. No todo contiene o señala peligro. No todos los cambios generarán daño por el mero hecho de cambiar (somos una especie bien dotada para el cambio) pero puede que todo lo que cambia alimente el recelo, la sospecha, el temor al nuevo estado.

– Los cambios me afectan…

Los organismos pluricelulares complejos se defienden con sistemas defensivos (inmune y neuronal) capaces de aprender del error.

Hay dos formas extremas de protegerse del error:

1) estrategia del párpado: todo lo que se aproxima inesperada o rápidamente al ojo puede afectarlo: ¡cierre inmediato!

2) estrategia del mirón: todo lo que aparece ante la vista puede ser interesante: ¡no se pierda ojo! ¡evítese el parpadeo!

Hay cerebros parpadeantes ante la duda ¿Por qué no? Alerta… dolor… evitación… amparo…

Hay cerebros osados, exploradores… El ¿por qué no? no está referido al peligro sino al beneficio. Para la justificación del temor activan el ¿por qué si?

Se supone, en este caso de que los dos extremos están viciados, que la virtud reside en los términos medios. Cierto es… pero ello indica que habremos acertado a la hora de separar el grano de la paja, lo relevante de cada momento, lugar y circunstancia de lo que no lo es.

Hay mucha irrelevancia respecto a lo peligroso presentada como relevante. El cerebro debiera habituarse a lo que no tiene trascendencia, negarle atención cognitiva y emoción. De otro modo cualquier momento, lugar o circunstancia puede activar la duda… ¿por qué no?

Habituarse a lo irrelevante.. o sufrir… habituarse a sufrir… sin saber muy bien por qué… ¿por qué si?

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

9 comentarios sobre “Habituarse o sufrir

  1. >"La supervivencia surge del recelo" nunca lo he visto así, pero es bien cierto. Yo creo que soy un cerebro que parpadea.

  2. >Ahora sí:fantástica la entrada de: habituarse a sufrir,a ver si cuando me duela algo (siempre sin daño naturalmente)pongo en práctica lo que estoy aprendiendo con sus entradas tan ilustradas, el aguantarme sin tomar ningun calmante en un tiempo prudencial!!.gracias Dor.saludos cordiales.domi

  3. >Fantástica entrada! El tema del temor y la fobia es muy relevante: con el tiempo, estoy adquiriendo la convicción de que los padecientes más miedosos/fóbicos, son los que desarrollan más dolor en ausencia de daño (relevante).En otras palabras, el componente evaluativo del dolor bien podría ser, en una distribución normal, un fenómeno miedo-dependiente…un abrazo

  4. >Oceano mar: no andas descabellado. El miedo al daño es biológicamente poderoso y su interacción con la cultura alarmista produce efectos lógicos de promoción innecesaria del dolor.Saludos

  5. >Etiquetada: todos tenemos la potencialidad de ser parpadeantes o mirones. El problema reside en la oportunidad o inoportunidad de la condición, de acertar en el cuándo, cuánto, dónde, por qué y para qué… una vez superado el arduo problema de saber que nos están mirando…Saludos

  6. >Gracias Dor.estoy en ello,haber si encontramos un poco de equilibrio,desde luego estoy mas tranquila desde que sé que nuestras neuronas tienen tanto que ver en todo lo que rodea al mundo del dolor (sin daño,parece que la buena racha se impone,que dure!!!!!En cada entrada se supera,me tiene enganchada.saludos y que pase un buen fin de semana,Domi

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