>Los correlatos neuronales del dolor

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La conciencia y todo cuanto se contiene en ella es un misterio. Desconocemos cómo se produce la generación de lo que sentimos. Sabemos que para ello es necesaria la activación sincronizada de determinadas poblaciones neuronales pero nos supera el enigma de la conversión de esas pequeñas y necesarias señales eléctricas en sentimientos, percepciones, percataciones. ¿Por qué sentimos dolor cuando las señales surgen de unas, frío cuando brotan de otras, picor, miedo, angustia..? Todo es cuestión de muchas diminutas señales eléctricas, puntos de microconsciencias, que se agrupan de modo variable en el tiempo-espacio para generar ese cambiante universo de lo percibido.

Vemos, oimos, olemos, degustamos… Sólo señales como sustrato físico…

Duele… Sólo señales. Sólo sabemos que cuando sufrimos esa peculiar y desagradable percepción hay un conjunto de zonas cerebrales que en ese momento han chisporroteado. 
El dolor brota de la valoración de la red neuronal de amenaza, consumada, inminente o futura, de daño relevante (necrótico, violento, agudo) en ese momento, lugar y circunstancia. No es necesario el daño, la lesión. Basta la valoración, el temor a que se produzca. Sucede lo mismo con la inflamación. No es necesario el daño. Basta con que exista la valoración de amenaza. La alergia al polen contiene una valoración errónea de amenaza atribuida a unas señales moleculares del aire (polen). No es necesario que el polen dañe, aunque sea un poquito, las fosas nasales para que el sistema inmune active la respuesta defensiva. No hace falta que la bolsa de deportes sospechosa contenga una bomba, aunque sólo sea diminuta, para que se produzca el despliegue policial. Basta la sospecha, la posibilidad.

La tendencia general en las reflexiones y doctrinas sobre dolor es que duele en un momento y lugar… luego (necesariamente) allí y entonces debe haber un correlato neuronal de daño, unas “señales de dolor”, una incidencia de agresión a los tejidos. Si duele, es porque las “neuronas del dolor” de los tejidos, sus “receptores de dolor”, lo han captado.

Duele la cabeza. El cerebro es insensible cuando lo perturbamos. Los “estímulos dolorosos”, suficientes para generar dolor cuando se aplican a otros tejidos, no lo producen cuando inciden sobre las neuronas cerebrales. Sólo si los aplicamos sobre las meninges y grandes vasos. Como esto es así, parece poder deducirse que es necesaria y suficiente la presencia de señales de dolor nacidas en las terminales de las neuronas del trigémino, las únicas capaces de detectarlas.

La teoría trigéminovascular de la migraña da por sentado que si duele hay señales de dolor provenientes de las terminales de ese nervio. Su zona de influencia, la zona a su cargo, abarca cara, meninges y vasos y parte alta del cuello. Allí hay que buscar las señales, los grandes o pequeños sucesos agresivos, dañinos, perturbadores y allí hay que aplicar los remedios. Hay que destruir la bolsa de deportes sospechosa con su bomba necesaria, grande o pequeña. Sólo es una bolsa sospechosa pero necesariamente tiene que contener algo perjudicial para justificar el despliegue de efectivos…

En la migraña, se dice (sin más argumentos que el de dar por sentado que si duele allí y entonces, allí y entonces tiene que estar sucediendo algo que explique la génesis de “señales de dolor”) que de las tierras trigeminales surgen esas insistentes, crecientes y desgarradas señales dolorosas y que tales señales acaban poniendo en danza todos los perros centrales, los “centros de procesamiento del dolor”. A esos centros no llega ninguna notificación de daño celular consumado ni presencia comprobada de agresores pero actúan como si algo terrible estuviera a punto de suceder allí y ahora. Sólo hay una bolsa de deportes, la misma bolsa de deportes de siempre, desde hace muchos años, los mismos días, a las mismas horas, en el mismo lugar. Los efectivos policiales se despliegan con la misma contundencia una y otra vez en torno a la bolsa de deportes. Nunca ha sucedido nada.

Para los neurólogos los correlatos neuronales fundamentales, necesarios, del dolor están en el trigémino. Los calmantes necesarios para silenciar las “señales del dolor” deben actuar necesariamente allí para explicar por qué después de ser aplicados se produce el alivio. 

-YO sólo sé que… 

Duele la cabeza. Tomo el calmante. El dolor se calma. Si no tomo el calmante, el dolor arrecia, se acumula… luego…

Todo sucede allí donde duele. Allí está la madre del cordero.

– ¿El cerebro? El cerebro no duele, ¡por Dios! No tiene terminales del trigémino…

En el cerebro, por lo visto, no hay correlatos neuronales del dolor. Allí sólo hay consciencia, mente, alma, espíritu, emoción, sentimiento, percatación, individuo sufriente. Si cuando duele registramos actividad neuronal cerebral, señales eléctricas, no quiere decir que el dolor surja de allí. Eso ya se sabe que no es así, sólo el trigémino y nada más que el trigémino tiene “receptores del dolor”… Elemental. La bulla cerebral del dolor es la bulla del impacto de las señales desgarradas de dolor que llegan a unos centros lógicamente impresionados por lo que esas señales expresan… daño por las meninges y grandes vasos o las cervicales… Es comprensible la conmoción cerebral.

Dicen algunos notables expertos (Ianetti) en correlatos neuronales, cerebrales, del dolor que lo registrado como actividad cerebral cuando duele no corresponde al procesamiento de señales nociceptivas, de daño, las famosas e inexistentes “señales de dolor”, los gritos desgarradores e histriónicos del trigémino, sino a los centros de la relevancia.

Los correlatos neuronales del dolor serían los del estado de alerta del cerebro por valorar relevancia como amenaza, a veces con fundamento (daño consumado o inminente) y otras sin él (presunción irracional de peligro por desencadenantes, el equivalente a los alergenos del sistema inmune).

Duele. No sucede nada. Hurgue, por tanto, en los correlatos neuronales de la relevancia e investigue por qué en los centros de inteligencia responsables de atribuir trascendencia a cuanto sucede o pudiera suceder se concede el label de peligrosidad al chocolate, el viento sur, los cacahuetes, el descenso de estrógenos, una carga mecánica cervical, un contratiempo, la carta astral, los fines de semana o cualquiera de los más de cientocincuenta desencadenantes descritos como objetos que pueden contener una bomba en su interior y justificar el recelo policial.

Hay veces que las bolsas de deportes deben centrar nuestra atención. Otras debieran ser la (supuesta) inteligencia de los servicios de inteligencia…


Para gustos y creencias…

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a >Los correlatos neuronales del dolor

  1. Dani dijo:

    >Leer estos artículos tan bien escritos es toda una estimulación neuronal. Una buena aclaración sobre el trigénimo; me ha gustado. Un gran artículo, Arturo.

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