>Decidir una acción

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Tomar decisiones es la actividad fundamental de los seres vivos. Cada momento, lugar y contexto contiene una incertidumbre variable que exige una acción adecuada.

Generalmente todo transcurre según el guión previsto y funcionamos con el automático pero en el momento menos pensado surge el contratiempo y debemos analizarlo, darle un significado y optar por una respuesta.

Cada organismo atribuye una probabilidad distinta a lo teóricamente posible. Aun cuando no esté sucediendo nada ni vaya a suceder, cada cerebro considerará el mismo momento, lugar y contexto de un modo distinto, no por diferencias objetivas sino porque interpreta la realidad potencial de modo diferente. 

El cuerpo virtual puede imponer su ley sobre el cuerpo real. Lo imaginado puede desbordar los límites de los sucesos. Para el cerebro defensivo el peligro imaginado debe ser considerado y atendido. 

La percepción contiene las cualidades necesarias para transmitir por sí misma los requerimientos cerebrales.

Picor…. =  ¡ráscate!

Hambre… =  ¡come!

Mareo… =   ¡agárrate!

Cansancio… =  ¡descansa!

El cerebro no nos transmite su incertidumbre en forma de comunicados verbales nítidos. Sólo hay percepción y un ronroneo mental confuso. Al individuo puede llegarle el síntoma en cualquier momento, lugar y circunstancia de su mundo, de sus objetivos y tareas.

– Estando tan tranquilo… empezó a dolerme la cabeza…

El dolor contiene la incitación a la acción defensiva, a la suspensión de lo programado en nombre de la certeza, de la seguridad.

Los padres también aplican, como el cerebro, la ley de lo imaginado…

– ¡Bájate de ahí que te puedes matar!

No es posible proyectar el temor paterno en forma de una percepción infantil. No hay un mando a distancia con un teclado perceptivo. Si lo hubiera, accionarían la tecla “mareo” y el niño sentiría en ese momento, lugar y circunstancia “mareo”

– ¿Qué te pasa?

– Estoy mareado…

La memoria humana es una memoria contextual, probabilística. Cada escenario contiene un estímulo, un dato, que permite reconstruir, rememorar, todas las sospechas. Basta una fecha, una actividad, algo comido o bebido, el tiempo, un viaje… para reconstruir toda la arquitectura de conexiones que dan lugar a la percepción.

El individuo es apercibido con la percepción a atender el miedo cerebral. Si no lo hace el síntoma será cada vez más apremiante hasta que el individuo “decida” doblegarse, actuar según lo exige el programa.

La percepción que surge del organismo virtual no tiene los límites de la realidad. El dolor por daño imaginado acostumbra a ser intenso, frecuente y persistente. El surgido de un hecho real tiene la contención de lo limitado del suceso. Un chichón duele vivamente en el momento del impacto pero el dolor amaina rápidamente y nos respeta mientras no toquemos la zona lesionada.

La percepción de dolor es una acción cerebral, producto del miedo somático que pretende una acción del individuo de efecto calmante.

Cualquier acción puede resultar analgésica si consigue disolver la incertidumbre cerebral. El cerebro tiene ya catalogadas las acciones que eliminan su desasosiego. Hasta que se ejecuten el programa seguirá activo hasta completarse.

El dolor, en ausencia de daño, tiene la condición del berrinche, el pataleo por conseguir algo, aquí y ahora.

Ceder, en estas condiciones, es un error, muchas veces comprensible. La victoria del momento, el sosiego, hipoteca el medio y largo plazo.

El cerebro propone y dispone perceptivamente y el individuo debe decidir argumentadamente que nada de lo propuesto tiene sentido.

El diálogo cerebro-individuo existe. Es inevitable. El miedo cerebral al daño y el del individuo al dolor generan una espiral, una pescadilla que se muerde la cola y engorda…

El cerebro ha decidido… El individuo debe decidir…

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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6 respuestas a >Decidir una acción

  1. LOURDES dijo:

    >Me encanta Arturo; reconforta en una mañana tan gris leer ciencia a disposición de los letrados, sobre todo cuando se expone algo tan importante como es el funcionamiento diario del cerebro y organismo.En cuanto a los registros que se repiten en determinados momentos y lugares y que generan la necesidad de actuación, de la toma de decisión, es algo que todo el que ha padecido de migrañas se lo podrá corroborar. Ya no digo mi caso. Mi marido ha sido migrañoso desde pequeñito, y dependiendo de la época ha tenido 4 o 5 migrañas al año. Se tomaba su pastilla y se acostaba. Y ya después de nuevo a la actividad normal. Su cerebro se conformaba con esa recompensa y no le exigía más a largo plazo. Pero las circunstancias van cambiando, y quería comentarte que con ocasión de determinados acontecimientos sociales le solía venir una gran crisis de migraña. En una boda le dio de tal forma que al no tomarse la pastilla de siempre y acostarse, el sistema de aversión-recompensa le seguía apretando: estaba empapado en sudor y el dolor bestial. Nos fuimos a casa viendo que no cesaba para no dar el espectáculo, y condujo él el coche. Se relajó, se concentró en lo aprendido con ud y conmigo, y la hora ya estábamos de vuelta a la boda -y hasta las 8.00 de la mañana-.Creo que su cerebro aprendió bien y tomó buena nota.Como siempre te volvemos a dar las gracias.

  2. >LOURDES: una vez más, gracias por tu inestimable colaboración con el relato de vuestras experiencias y afrontamientos valientes con la migraña. Estoy seguro de que ayudan a otros padecientes a modificar sus recelos.Un abrazo

  3. Sol del Val dijo:

    >Cuando en la segunda década de mi vida las migrañas comenzaron a presentarse con toda su intensidad recuerdo que tenía un ritual muy claro, eso sí, tenía que hacer todo al pie de la letra para que mi ritual funcionase. La cosa consistía fundamentalmente en cama, calmante ,oscuridad, pero lo importante era hacerlo en el orden , en la forma y con el calmante X . Cuando el dolor cesaba reforzaba el valor que el ritual tenía para mí y para la consecución de mi objetivo. Un buen día, sin motivo aparente el ritual dejó de funcionar, algo fallaba (está claro que dejó de ser suficiente para el cerebro)y se apoderó de mí una sensación de descontrol y vulnerabilidad muy intensas.Como toda la información que yo atesoraba sobre migrañas me hacía responsable de las mismas me afané buscando qué hacía mal, qué había cambiado en mis hábitos, qué había pasado en mi vida o qué estaba pasando de nuevo (malo )en mi cabeza.Probé entonces mil cosas , mil rituales nuevos, cientos de terapias, ungüentos y pócimas hasta que me tope con tu libro.Tome la decisión de leerlo, de entenderlo, de llevarlo a la práctica, de tirar a la basura toda la información que no me servía, de llevar a reciclar a la farmacia toda la medicación que encontré por mi casa que tenía que ver con la migraña, de contarle a mi cerebro lo aprendido, de hacer nuevas conexiones. Tomé la desición de no seguir culpabilizándome ni limitando mi vida. Me doy cuenta que tomé muchas decisiones que me llevaron a ver la migraña con otros ojos.Os animo a todos desde aquí a tomar decisiones conscientes y responsables basadas en una buena información sobre el mecanismo del dolor sin daño; produce miedo al principio, vértigo, dudas, pero merece la pena.Un abrazo.

  4. Perchel dijo:

    >Doctor, me mantuve sin encender el cigarrillo (creo que ayuda el ser exfumador). Finalmente, según lo esperado, el dolor cedió y el berrinche desapareció. Las grandes batallas se libran con pequeñas victorias, a por otra.Saludos

  5. >Sol del Val: en ocasiones las exigencias del guión cerebral son así de puntillosas. Todo debe hacerse según la secuencia del programa. Gracias, como siempre, por el testimonio y por los ánimos a los padecientes.Saludos

  6. >Perchel: enhorabuena. Nada debe caer en saco roto.

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