>Verlo claro

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Dice Lurdes en su escrito (“Cómo hice para dar la vuelta a la tortilla”):

“… me atrapó el mensaje claro, directo y científico

Se trata del efecto ¡ajá!, una percepción contundente de que uno acaba de acceder a un conocimiento novedoso que clarifica una cuestión previamente confusa.

Al efecto ¡ajá! se llega por muchos caminos potenciales. Los niños descubren la falacia de los Reyes Magos a través de diversas circunstancias…

Para beneficiarse del efecto ¡ajá! hay que estar preparado, disponer de una mente abierta, concederse oportunidades, explorar nuevos marcos, probar otros bocados.

Los padecientes prueban todas las terapias para ver si suena la flauta del remedio ¡ajá! y, en muchas ocasiones creen haber dado con lo que buscaban. Vuelven de la peregrinación a Suiza con un poco menos de colágeno, varias cicatrices en la piel, menos dolor y unos pocos miles de euros menos.

– Es el dinero mejor invertido… Estoy encantada…

Las padecientes redimidas por terapias-terapéuticas, creibles, tangibles, cuentan sus bondades en los foros sin que aparezca un ápice de reticencia. Se bendice cualquier terapia eficaz independientemente de su nulo soporte biológico y su condición manifiesta de impostura. Las terapias dan carta de enfermedad a los padecimientos. Algo que se beneficia de fármacos, agujas, cirugías o recuerdos de moléculas en agua (homeopatía) obtiene de esa mejoría la certificación de patología.

Las terapias fascinan, encantan, atrapan. No exigen más esfuerzo del individuo que el económico. El organismo presta sus vísceras solidariamente para soportar las heridas de guerra de los efectos secundarios y el cerebro sus circuitos para acoger cándidamente, acríticamente, la expectativa, la necesidad de curación…

– Sólo sé que me ha funcionado. Fui sin mucha fe pero…

No conocemos las creencias del cerebro (y, mucho menos, el proceso de su gestación) hasta que se muestran a través de los resultados. En el universo de los síndromes sin daño en los tejidos, si uno mejora tras una terapia, cualquiera que sea, quiere decir que el cerebro ha creído en ella, no que se ha corregido un disturbio interno que ni siquiera se sabe cuál es.

La fascinación por el conocimiento no es fácil. El esfuerzo exigido al padeciente es considerable. Disolver las creencias cuesta. El conocimiento no tiene tangibilidad, materia. El cerebro se resiste a admitir la información como algo que pueda disolver las incertidumbres, especialmente si es una información no aceptada en el grupo.

Las creencias tienen el sello de la pertenencia, la identidad del grupo. El cerebro rechaza el papel de “oveja negra”. Aborrece la disidencia, la disonancia…

El disidente acaba en el destierro tras un período de esfuerzo infructuoso e hiriente en el que trata, vanamente, de relatar su efecto ¡ajá!

Las enfermedades misteriosas se desvanecen cuando se desvela el truco, se descorre la cortina y se muestra el verdadero mecanismo que explica por qué sale una paloma de una chistera. 

Las terapias milagrosas no disuelven ningún misterio, lo complican aun más.

El conocimiento ayuda a aproximarnos al mundo de las neuronas, a su complejidad. Aprendemos a saber que sabemos poco pero nos habremos librado de las gafas con óptica equivocada que nos hacían verlo todo distorsionado.

Al quitarnos las gafas de la distorsión veremos que estamos sanos y que el cerebro estaba equivocado.

Habremos aprendido a desaprender…

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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4 respuestas a >Verlo claro

  1. >Hola Arturo. Lo de claro y directo muchísma gente lo agradece por comprensible y honesto. Kelly decía que cada persona es un científico que interactua con la realidad poniendo a prueba continuamente las hipótesis y teorías que tiene sobre él mismo y sobre el mundo. Ponemos a prueba, actuamos sobre la realidad, y según como salga el experimento tomamos decisiones. En algunos casos el experimento sale bien, al menos durante un tiempo, y no por las razones que creemos. Cuando falla la explicación la descartamos y ponemos a prueba otra.El valor de tu teoría, bajo mi modestísima opinión, es que explica mas, predice mejor, y ofrece un nuevo campo de pruebas, nuevas posibilidades.Saludos.

  2. Anonymous dijo:

    >Hola Doctor: conozco una chica a la que acaban de operar en Suiza y le han quitado colageno de un brazo, la chica ha estado sin poder mover el brazo un monton de tiempo, y tiene que volver 3 veces mas para el otro brazo y las piernas……a mi cuando me lo contaba se me ponian los pelos como escarpias pero no le doje nada, estaba tan ilusionada…..Un abrazoJose Luis

  3. >Hola Jesús. Gracias por el cumplido. Comparto la metáfora del sapiens (m.n.t.) como científico constructor de hipótesis. Lo malo es que el proceso está tutelado (controlado) y las hipótesis no son libres, están preparadas de antemano. Siempre pregunto en la consulta: ¿cuál es su teoría? Invariablemente contestan con una de las que forman parte del adoctrinamiento cultural.Saludos

  4. >Jose Luis: "lo" de Suiza demuestra la potencia del efecto placebo cuando contiene los ingredientes de máxima eficacia (Suiza, precio, cirugía, refuerzo de expectativa…). Saludos

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