>Placebos puros (más o menos) e impuros

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El modelo pedagógico propuesto en este blog (fisioterapia cognitivo-conductual referida a organismo) afronta el problema del dolor, en ausencia de daño necrótico potencial, corrigiendo falsas creencias sobre vulnerabilidad de los tejidos y conductas protectoras innecesarias, arraigadas y exigidas en los centros de decisión cerebrales. El objetivo del trabajo conjunto del tutor y el padeciente es el de recuperar una gestión racional de la defensa de la integridad y funcionalidad del organismo.

– Su organismo está razonablemente sano y soporta adecuadamente la actividad diaria. No son sus huesos, músculos, articulaciones, tendones ni nervios los que debe proteger sino su cerebro: está equivocado.

– ¿Vale pero cómo podemos cambiar el chip?

– A través de la pedagogía, desaprendiendo tópicos y falacias y adquiriendo unos pocos y sólidos conceptos sobre biología del sistema nociceptivo, el sistema encargado de detectar agentes y estados potencialmente nocivos y promover conductas de evitación de daño.

– ¿Sólo así… hablando…? ¿ No va a hacer nada más que explicarme…?

Los padecientes, acuciados por el dolor y enculturizados en la idea de que el sanador tiene una caja de herramientas terapéuticas que contiene diversos y variopintos bálsamos para aplicar a sus afligidos tejidos, quedan algo aturdidos y desconfiados con la propuesta de «sólo pedagogía». Preferirían una acción terapéutica tangible, además de palabras…

Realmente lo que se pretende con la propuesta pedagógica se corresponde con el efecto placebo-nocebo. Disolver el impacto negativo de las falsas creencias alarmistas y reponer el efecto positivo de la convicción de salud… pero sin engaño, educando en los principios básicos de la nocicepción.

En este caso estaríamos aplicando una acción placébica pura… más o menos…

Es inevitable que, además de la corrección cognitiva teórica pura, intervengan también elementos de expectativa, empatía, regresión a la media… No existe la posibilidad de un efecto puro cognitivo… pero se intenta no echar mano del «engaño» (más o menos consciente) de una acción terapéutica (fármaco, aguja, producto homeopático, remedios «naturales», masajes, ejercicios, meditaciones, relajaciones…).

– Lo que quiero es encontrarme bien. Me da lo mismo lo que haga con tal de que funcione…

– No debiera darle lo mismo. Sabemos cosas sobre el dolor que desconocíamos hace unas décadas y que debieran modificar radicalmente y a su favor cuanto interviene como creencia y expectativa. Los terapeutas defienden sus acciones supuestamente necesarias para reponer la normalidad de los tejidos justificándolas sin demasiada base biológica y sin un mínimo ejercicio de autocrítica y actualización de conceptos. 

Entre la verdad «verdadera» (más o menos) y la verdad «operativa» los padecientes pueden optar por la operatividad, por la eficacia… aparente. 

La eficacia (aparente) no sale gratis. El sistema de recompensa tomará nota de todo lo sucedido y fortalecerá conductas de adicción a las terapias a base de solicitarlas periódica o continuadamente a través del dolor. La cronificación está servida.

– Los medicamentos no me hacen nada…

– ¿Por qué los toma? Son tóxicos…

– No lo sé. Supongo que sin medicamentos sería aún peor…

A los padecientes les angustia no tener «un tratamiento». La pedagogía no lo es. No tiene materialidad…

No hay muchos estudios que comparen el efecto placebo puro (más o menos) con los placebos impuros (terapias). La mayoría de los trabajos hacen comparaciones entre eficacias de terapias. Puede que lo que evaluen sea la eficacia del efecto placebo (impuro) que contienen.

Independientemente de los resultados (a corto, medio y largo plazo) que obtengamos con nuestros esfuerzos      
existe un problema ético:

¿Tienen los ciudadanos derecho a ser informados de todo lo que vamos conociendo sobre biología del sufrimiento, en ausencia de daño?

¿ Tiene la obligación el profesional de adquirir esos nuevos conocimientos?

¿Puede elegir cada profesional su credo?

¿Qué o quién garantiza el label de máxima credibilidad de cuanto se dice?

¿Qué es placebo-nocebo y qué una acción reparadora real?

Yo tengo mis convicciones y principios. Si no le convencen… lo siento pero no tengo otras… 

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

5 comentarios sobre “>Placebos puros (más o menos) e impuros

  1. >Que cada profesonal deba elegir su credo está muy bien y es un derecho constitucionalmente protegido cuando se trata de la educación, como es la libertad de cátedra, la libertad de expresión y de información. Hasta estos últimos tienen sus límites cuando puedan entrar en conflicto con otros derechos- fundamentales-.Pero en el caso de la medicina, lo siento, está en juego la salud y el sufrimiento humanos. No se debe elegir un credo sino el demostrado como válido, eficaz y verdadero en cada momento. No se le puede exigir al profesional clarividencia divina pero sí que se instruya. La biología del dolor, y la neurobiología, debe ser estudiada por cada profesional de la medicina. Creo que es básico.Si por ejemplo llevas atendiendo a pacientes con migraña durante años, y la mayoría de ellos no se curan ni tan siquiera mejoran, ¿no deben plantearse que algo está fallando? ¿que están haciendo oidos sordos a algo?Es mi humilde opinión.Saludos

  2. >"Dispondré para el enfermo el régimen de vida que,de acuerdo con mi capacidad y juicio,repercuta en su provecho,alejandole del que le perjudique o hiera""Con diligencias seguiré al día los avances de la Medicina" Extraido del Juramento Hipocrático

  3. >Lourdes: el problema viene de más atrás. La necesaria alfabetización en neurobiología debiera iniciarse desde los colegios y continuar, por supuesto, en las Facultades. Los residentes que acuden al Servicio a hacer sus rotaciones siguen estando instruidos en la doctrina cartesiana (el dolor se genera donde duele, receptores de dolor, dolor psicógeno, cefalea vascular, genes migrañosos… etc)Comparto tus reflexiones plenamente.Saludos

  4. >Hola Arturo soy Ismael el compañero de villovi, yo tambien soy suscriptor de tu blog pero de momento debo tener una buena base para escribir.Sea como fuere, debo decir que has plasmado de lleno las preocupaciones que me asaltan en nuestro trabajo como fisioterapeuta, despúes de leer el libro de Ramachandran tengo muchas ideas y teorias flotando en mi cabeza que podrían en más de una ocasión solucionar muchos y farragosos problemas. Coincido contigo en que lo principal de todo, y lo necesario es establecer estos preceptos y paradigmas en el lugar donde se forjan los pilares de los médicos del futuro; es hora de apostar por un nuevo enfoque y por enseñar la humiladad también como dice Lourdes, porque muchas veces no hay más ciego que el que no quiere ver.

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