>Los cerebros

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Me gusta confundir a los residentes con preguntas aparentemente absurdas..

– ¿Cuántos cerebros tenemos?

El residente intuye que la pregunta tiene trampa y bloquea cualquier intento de respuesta.

– ¿ ?

Hay quien gusta de considerar que tenemos dos cerebros: el izquierdo y el derecho. También pudiera ser el cerebro de la cabeza y el de las tripas (cerebro intestinal).

La sugerencia del cerebro uno y trino ha hecho fortuna: el cerebro reptiliano, el de los primeros mamíferos y el de los modernos… formando capas de cebolla según íbamos evolucionando.

Realmente la respuesta correcta es: 

– Depende…

“Dios (y el diablo) está en los detalles…”

Lo importante es que existen, ante un momento, lugar y circunstancia, múltiples ofertas de decisión en la red neuronal. Nuestros múltiples “cerebros”: el de izquierdas, el de derechas, el emocional, el analítico, el intuitivo, el reflexivo, el reflejo, el automático, el consciente, el del pasado, el del futuro, el del presente, el egoísta, el altruista, el de corto plazo, el de medio y largo, el miedica, el osado… proponen y aparece una salida (output) o respuesta con la apariencia engañosa de que hay un ámbito final de consideración en el que se escoge lo más adecuado. 

– YO…

Todo lo que percibimos está influido por el procesamiento aparentemente caótico de todas y cada una de las capas neuronales.

El dolor no es una excepción. En cada punto de espacio-tiempo de percepción dolorosa confluyen todas las sugerencias de múltiples ámbitos de decisión.

La complejidad no gusta. Preferimos “las cuentas claras” y dejamos las espesuras para el chocolate.

– El dolor es un estímulo que se produce donde duele… Los nervios lo detectan y conducen hasta la superficie del cerebro donde está la consciencia. Una vez ha llegado allí, lo sentimos.

Según esta propuesta, aparentemente clara y defendible, el programa de televisión se genera en las cámaras del estudio… o… en la pantalla del televisor. 

Lo que vemos en la pantalla es, siempre, la retransmisión, en tiempo real, de lo que está sucediendo.

Duele sobre la zona lumbar… luego se está produciendo dolor allí. Las cámaras neuronales lo recogen y lo retransmiten hasta la pantalla de la consciencia del padeciente.

En el dolor, para los partidarios de las cuentas claras, el cerebro sólo existe como objeto pasivo cuya única misión es la de facilitar el paso a la consciencia del sufrimiento generado en los tejidos.

“El tálamo es una estación de relevo sensorial…”

El tálamo es una estructura ovoide alojada en el centro de cada cerebro (izquierdo y derecho). A él confluyen los flujos de información de los sentidos en su viaje a los cerebros (reptiliano, protomamífero, neomamífero, analítico, emocional, automático, prospectivo, realista, imaginativo…). Estos flujos de información apenas llegan a cubrir un diez por ciento de las entradas talámicas. Sólo un 10% de la función talámica pudiera corresponder a la sencilla y clara descripción de la razón de existir del tálamo:

“El tálamo es una estación de relevo sensorial”

“Las señales de dolor llegan al tálamo y de allí parten al cerebro…”

En realidad el tálamo es una estación de integración de todos los flujos de información, horizontales y verticales, de dentro afuera, de fuera adentro, de la periferia al centro, del centro a la periferia, de un barrio del centro a otro…

En el tálamo se integra ante cada estímulo la función “depende”:

– Recibido. Puede que, pero como, recuerdo, creo, temo, me gustaría, prefiero, me han dicho, necesito, en este momento…

Las “señales de dolor” pueden encontrarse con un tálamo abierto, facilitador del tráfico hacia el “centro del dolor” cerebral, es decir, como una “simple estación de relevo sensorial” o con un tálamo distraído, cerrado, más atento a lo que se dice en el bullicio reflexivo de las esferas (bajas, medias y altas). 

“El tálamo es una estación de relevo especulativo. Allí llegan copias de las decisiones tomadas en todas y cada una de las capas y se pasa la información a todas ellas para que la decisión final de cada punto del espacio-tiempo de la decisión esté integrado y cada punto del organismo no tire cada uno para un lado”.

El chocolate espeso del dolor no interesa. Apetece más el agua clara…

– No sé…YO sólo sé que me duele. Necesito algo que me alivie, al menos…   

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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