>Supongamos…

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Supongamos, sólo supongamos, que el cerebro de Homo sapiens (ma non troppo) puede representar la realidad interna de forma imaginada, soñar con articulaciones desgastadas, nervios pinzados, huesos comprimidos, cabezas tensionadas, músculos contracturados…
 
Supongamos, sólo supongamos, que el cerebro de Homo sapiens (m.n.t.) puede soñar-temer que habita el organismo una enfermedad misteriosa que abate energías y vuelve los músculos doloridos como si estuvieran atacados de reuma…
 
Supongamos, sólo supongamos, que imaginar una acción o una percepción, propia o ajena, activa las mismas áreas del cerebro que generan esa acción y percepción en la realidad…
 
Supongamos, sólo supongamos, que el cerebro de Homo sapiens (m.n.t.) es congénitamente, genéticamente, biológicamente, molecularmente, sensible a lo que sus sentidos captan de cuanto sucede y se dice de cuerpos propios y ajenos…
 
Supongamos, sólo supongamos, que las neuronas del cerebro de Homo sapiens (m.n.t.) se conectan a golpe de sucesos pero también a golpe de creencias y expectativas…
 
Supongamos, sólo supongamos, que cuanto sentimos está influido por el modo como construimos la narración de nuestro pasado-presente y futuro…
 
Supongamos, sólo supongamos, que gran parte de nuestros padecimientos surgen de lo creido y temido…
 
Supongamos, sólo supongamos, que bastaría con cambiar nuestras creencias y expectativas para cambiar nuestros dolores y adinamias…
 
Supongamos, sólo supongamos, que la cultura ha construido un organismo virtual, vulnerable, hipersensible, hipervigilante, amedrentado, alarmista, imaginado enfermo…
 
Supongamos, sólo supongamos, que nuestro cerebro empático hace suyo el sufrimiento de los allegados…
 
Supongamos, sólo supongamos de que de cuanto se cree se cría, que los síntomas nacen de lo creído…
 
Supongamos, sólo supongamos, que no es cierto todo lo que se nos asegura sobre migrañas, fibromialgias, fatigas y otras miserias físicas…
 
Supongamos, sólo supongamos… que las Medicinas oficiales y alternativas empiezan a pensar con cerebro en el cerebro y comunican a la ciudadanía padeciente la buena nueva de que habitan un organismo sano gestionado por un cerebro equivocado y que el yerro es debido no a genes ni chocolates sino a la escolarización tutelada por expertos creyentes en mil y un credos alarmistas…
 
Bastaría con impartir un cursillo breve de Neurociencia a profesionales y padecientes para que las escandalosas cifras del sufrimiento y del gasto sanitario sufrieran un sustancial recorte…
 
Aun resonantes los ecos mediáticos del «Manifiesto de Madrid» y de la concesión esperanzada del Premio Príncipes de Asturias a los investigadores de las moléculas «del dolor», me ha parecido oportuno dar humilde testimonio de otras cuestiones que, supongamos, pueden ser también interesantes. 


Vivo en un diminuto pueblo alavés, Oiardo, de apenas cien habitantes y escribo desde mi despacho doméstico… «El Manifiesto de Oiardo» tiene justo el vuelo para llegar a mi propio blog… Así que sólo supongo que hago un manifiesto y que todo esto que digo son sólo suposiciones… aunque estoy convencido de que algo hay de cierto en lo que supongo.  
 
Supongamos, sólo supongamos, que los neurólogos empiezan a mostrar interés en el trabajo cotidiano de las neuronas en la gestión de la percepción de organismo…
 
Dejémoslo… es demasiado suponer… Los neurólogos sueñan con la farmacogenómica… son científicos…
 
Dicen que soñar no cuesta dinero… El sueño de enfermedad resulta carísimo en euros y penurias. El sueño de salud resultaría barato… demasiado barato…

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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