>Mi cerebro y su YO

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La percepción del YO es poderosa y nos hace dar por sentado que somos los agentes voluntarios de cuanto hacemos. 

Debajo de esa percepción siempre hay un cerebro que proyecta al individuo cuanto sentimos  con la intención de hacernos propuestas de conducta. 

La percepción es como una película que contiene el modo cerebral de valorar cada momento y lugar.

El cerebro expresa su opinión y su preferencia a través de lo que nosotros nos atribuimos ilusoriamente como voluntad.

A un ritmo de algo más de diez flashes por segundo nuestra conciencia es bombardeada por el proceso evaluativo cerebral. El mundo se nos muestra a través del color del cristal con que lo mira “nuestro cerebro”. 

YO es algo que emerge de la compleja actividad cerebral.

Nadie tiene explicaciones satisfactorias para definir la conciencia. Nos limitamos a identificarnos con su contenido, a sentirnos decidiendo en libertad, con soberanía…

Los pacientes que consiguen librarse de las crisis de migraña comentan que hablan con su cerebro para calmarlo como a un niño pequeño atemorizado por miedos irracionales.

– Hablo con mi cerebro…

Realmente estamos dialogando con el cerebro siempre que estamos despiertos y atentos a lo que sucede. A veces el cerebro nos apaga y habla sólo consigo mismo, trasvasando episodios recientes desde el hipocampo a la corteza prefrontal. Otras veces la mente vagabundea, repasa el pasado y el futuro, hace cábalas sobre lo que los demás opinan u opinarán sobre nuestras acciones y reflexiones.

El cerebro migrañoso siempre proyecta la misma interpretación alarmista de lo que puede suceder en la cabeza. Lo que se percibe en una crisis no es la consecuencia de una perturbación misteriosa química sino algo más sencillo: es el modo en el que el cerebro valora la amenaza de ese momento.

El hambre expresa el miedo cerebral ancestral a la incertidumbre sobre disponibilidad de alimentos, el picor el  de la presencia de parásitos sobre la piel… y el dolor la posibilidad de que en ese preciso momento se produzca un estado de destrucción violenta de células, necrosis.

Tengo miedo. Has trabajado mucho esta semana. He oído que no es bueno. Produce algo muy malo que llaman estrés. Me preocupa que incluso te guste tu trabajo. Es una costumbre peligrosa.

El padeciente recibirá estas reflexiones cerebrales en forma de un dolor creciente, siempre los sábados por la mañana. El dolor estará proyectado sobre la cabeza el fin de semana y el lunes, misteriosamente, habrá desaparecido. El cerebro habrá apagado las alarmas para permitir que el individuo consiga comida.

– No seas borde y déjate de alarmas. La actividad mental no hace que hiervan las neuronas, aumente la presión, se dilaten arterias ni nada que suponga un peligro. Me han dicho que incluso puede ser saludable. Me gusta lo que hago.

A los pacientes que cuentan este cambio en el afrontamiento de la resolución de las crisis, los que cambian el calmante químico por el calmante reflexivo, dialogante, los toman a veces por chiflados.

– ¿Hablar con el cerebro? Se te ha ido la olla. 

Los padecientes “cuerdos” se dejan de excentricidades y se toman el calmante. Hacen lo que el cerebro les pide pero se sienten dueños de esa decisión. 

– YO…

Independientemente de cómo nos veamos como YOes no podremos evitar el parloteo continuo con nuestro cerebro. Es ley de vida, de conciencia…

Más nos valdría adquirir conocimiento racional, biológico, fiable, sobre dolor para ir cambiando los chips de la publicidad cultural a través de ese diálogo inevitable, oculto, inaparente entre nuestro cerebro y su YO.
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Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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7 respuestas a >Mi cerebro y su YO

  1. >Me ha gustado especialmente esta entrada.Me ha recordado algo que leí acerca de la enorme utilidad de la intuición a la hora de tomar decisiones. No recuerdo el autor, pero mantenía que las decisiones más acertadas se tomaban desde la intuición, y no exprimiendo conscientemente el raciocinio.Al parecer, al no tener que presentar a la consciencia toda la información, las decisiones por intuición valoran mejor el transfondo cognitivo de que disponemos antes de elegir.No se si es demasiado científico, creo que el autor era un humanista, pero la idea despertó mi interés.Un saludo.

  2. >Carlos: es bueno dejar que se expresen nuestras intuiciones sin ser pasadas constantemente por los filtros racionalistas analíticos del individuo consciente, reflexivo, calculador de pros y contras.Con la intuición el cerebro nos está aconsejando evaluando todo cuanto almacena como conocimiento. El problema es que en el tema que nos ocupa en este blog la cultura inyecta información alarmista que enciende innecesariamente todas las intuiciones derivadas de esa información.En este caso es necesario racionalizar para disolver toda la memoria nociceptiva o, al menos, quitarle peso.Saludos

  3. Anonymous dijo:

    >Me ha parecido muy interesante y útil esta entrada. Muchas gracias

  4. Rubén Bravo dijo:

    >Prof. Goicoechea, enhorabuena por su blog. Lo acabo de descubrir y me parece extremadamente interesante. Leyendo esta entrada, entiendo que nuestra conciencia sería el resultado de determinados procesos físico-químicos en el cerebro, y a causa de ello no somos libres, sino que sólo lo aparentamos. Si esto es así, ¿cree usted que quizá en un futuro podríamos descubrir una especie de algoritmo que nos mostrase que a determinados procesos neuronales le corresponderían determinados estados mentales? Es decir, que mediante una manipulación de los procesos neuronales tendríamos como respuesta automática unas determinadas sensaciones. Sería una especie de tesis a favor de la inteligencia artificial "fuerte".Y repito, enhorabuena por su blog, es de lo mejor que se puede leer hoy en día.

  5. NdrX A.R dijo:

    >Recomiendo leer "El mito del yo" de Rodolfo Llinás.

  6. >Ruben: planteas cuestiones espinosas más allá de mi capacidad para dar respuestas. Creo que todo es química pero es una química con historia, vivida, organizada en una red celular de una complejidad apabullante. Teoricamente todo es posible y podrían desarrollarse algoritmos apara aproximarse desde registros de activiadad cerebral, eléctrica o química, a la detección de estados mentales. Ya existen hoy en dsía herramientas para ello con resultados inciertos.Gracias por la visita y el comentario

  7. >NdrX A R: suscribo la recomendación de leer el libro de Llinás aunbque cre que está agotado

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