>¡Qué está pasando ahí dentro!

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Podemos tener noticias de los objetos y sujetos externos gracias a los sentidos. Los estímulos creados por la luz reflejada en ellos, las vibraciones aéreas, sus moléculas olorosas y gustosas, su impacto mecánico y térmico sobre la piel… nos permiten dar sentido a la realidad externa, organizarla en forma comprensible y funcional a base de aprendizaje.

De piel para adentro es otra cosa. También hay sensores que extraen información de lo que sucede pero no podemos como individuos conscientes ver, oir, oler, palpar ni degustar las entrañas. Nos hacemos una idea de la realidad interior a golpe de hipótesis, especulaciones… guiadas en parte por los sucesos y estados detectados por los sentidos internos y en parte por lo que hemos ido aprendiendo sobre generalidades del organismo.

El interior habitualmente es silencioso y aburrido. No sucede nada noticiable… salvo algunos días en los que parece que algo terrible está sucediendo.

Comienza la cosa con una especie de mal presagio. El individuo pre-siente la tormenta. Por fin empieza el dolor, siempre lo mismo, en la misma zona, con la misma cualidad… La cosa va animándose por momentos y acaba en un dolor insufrible, desesperante.

¿Qué puede estar ocurriendo ahí dentro…?

Hasta hace pocos años los neurólogos hicieron creer a los padecientes que sus arterias se habían vuelto chifladas. Primero se contraían impidiendo el flujo de sangre y generando pérdidas de visión, lenguaje y/o sensibilidad para poco después dilatarse con violencia a golpe de furiosos latidos.

Ahora ya sabemos que no es cosa de arterias sino del trigémino, un honrado nervio que se gana el sustento recogiendo datos de lo que sucede en la piel de la cara y en las cubiertas meníngeas y transmitiendo órdenes a los músculos de la masticación.

Sostienen los neurólogos que las terminales sensitivas del trigémino vigilante de cuanto sucede en las meninges, se activan porque sí, sin que nada haya perturbado previamente la más que garantizada paz de los exclusivos lugares intracraneales.

Sin mediar ningún estímulo mecánico, térmico, químico ni infeccioso, sin un mísero pellizco al que echar las culpas, los sensores trigeminales de nocividad comienzan a largar trenes angustiados de señales de peligro, como si se estuviera consumando o estuviera a punto de hacerlo, un suceso de destrucción violenta (necrosis).

Es como si a una de las retinas le diera por empezar a disparar señales ópticas por su cuenta, sin recibir primero ningún estímulo luminoso… o a una fosa nasal… o una hemilengua… o a un oido…

Los trenes de señal de nocividad irían in crescendo hasta desembocar en la vorágine de dolor típica de las crisis migrañosas. Todo ello complementado con nauseas, vómitos y una especial intolerancia a cualquier estímulo, a cualquier noticia del mundo externo.

¿De dónde surge esa locura furiosa trigeminal? No se sabe… pero la cosa viene de los genes y de una larga lista de irrelevancias llamadas desencadenantes…

¿Solución? Apagarse como individuo, autoarrestarse en la habitación a oscuras, con una palangana a pie de cama y tomar pronto el calmante, la molécula que contiene con su química la furia de los receptores de nocividad trigeminal…

Una migraña sería para los neurólogos algo así como una crisis epiléptica trigeminal, algo realmente increíble y no contemplado como posibilidad.

El furor «epiléptico» de los sensores iría contagiando de abajo arriba a todos los centros que procesan las señales y el paroxismo de dolor se alcanzaría cuando todo el circuito estuviera resonando, algo parecido a lo que sucede cuando un micro se acopla porque está demasiado cerca del amplificador y este está a demasiado volumen.

Para la Neurología al uso, la información sólo va de la periferia al centro, del trigémino al cerebro. El cerebro sólo da órdenes a músculos, glándulas, vasos… En lo que sentimos y padecemos el cerebro es, para los neurólogos, algo pasivo. Se limita a recibir informes sobre el dolor que se está generando allá donde duele. Primero percibe, luego se lo piensa y finalmente actúa…

La realidad neurobiológica es bien distinta. Hay flujos de información por el trigémino en las dos direcciones. Noticias de lo que sucede de abajo arriba y noticias sobre lo que se piensa que pudiera suceder de arriba abajo. Los sensores de daño del trigémino responden a lo que sucede y a lo que se teme. El dolor sale directamente del cerebro sin necesidad de que medie primero ninguna noticia ni confirmación del trigémino.

Lo que calma al cerebro es saber que no está pasando nada, que todo está en calma en los territorios vigilados por el trigémino, que comer queso curado o cacahuetes no es peligroso, que no tiene sentido que active los sensores de daño y amplifique las señales…

El calmante calma al cerebro y este restablece el estado de «todo ha pasado» se puede reanudar la actividad normal… «ya puede salir del refugio…»

El cerebro es un jeta. Deja que culpen a arterias y trigéminos de sus desvaríos alarmistas…    


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

6 comentarios sobre “>¡Qué está pasando ahí dentro!

  1. >Recuerdo que hace un tiempo , cuando mis migrañas se hicieron más intensas, a la vez que yo adquiría más y más conocimientos oficiales sobre ellas, cuando comenzaba el dolor y me encerraba a oscuras en mi cama me centraba en visualizar mis arterias para convencerlas de que debían volver a su estado "normal". Como puedes suponer no servía para nada, si acaso para que el dolor se intensificara.Tenía miedo de lo que pasaba dentro, era incontrolable y podía derivar algún día en algo más grave (las migrañas comenzaron a ocurrir con más frecuencia).Estaba convencida de que mi herencia genética era la responsable. Siempre vi a mi madre, mi padre y mi abuela paterna lamentarse por las migrañas, acostarse, vomitar y desaparecer del mundo y de toda actividad. Tuve buenos maestros.El conocimiento adquirido en los últimos meses (no sólo a través de tu libro y tu blog sino con la lectura de otros autores que recomendabas) me ha facilitado el desbloqueo, he perdido el miedo y ya nunca visualizo mis arterias , sólo cuando aparece el dolor me imagino una sala con 10 alarmas que han saltado y las voy apagando una a una , a la vez que le repito a mi cerebro : "todo está en orden, has disparado las alarmas sin motivo. No hay daño. Ya sabes lo que hemos aprendido." ¡Fantástico descubrimiento !

  2. >Dos imágenes hermosas, la del trigémino como un honrado nervio que se gana la vida haciendo su trabajo; y la de Sol del Val apagando sus diez alarmas. Me las guardo con el permiso de ambos para mis visualizaciones. Estoy muy bien Dr., el cambio en mi estado de ánimo generado por la certeza de habitar un cuerpo razonablemente sano, ha sido tan radical que voy haciendo una vida casi normal. Aprendiendo de a poco a ser menos temeraria para mi cuerpo, a ver si a mi cerebro se le termina de pasar el susto de una vez.Lo sigo estudiando Dr. Tengo algo menos de tiempo ahora que voy teniendo una vida cada vez más activa. Cómo agradecerle tanta ayuda..Le cuento que tiene Ud. gratamente intrigados a mis médicos, un neurologo, una clínica y una dermatologa a los que vi por controles y les conté mis progresos gracias a su blog. Creo que somos varios los que vamos a beber de su sabiduría. Gracias por todo.

  3. >Estimado Dr., he conocido este importante blog a través de una colega suya del Hospital Santiago. Me lo leo y releo todos los dias,sin embargo hay algo que me atormenta.Llevo unos 15 dias con un dolor más o menos intenso depende de mi estado de nervios,del famoso " trigemino". El Tac craneal y analisis han dado que todo es correcto pero esto no se pasa y me está machancando. Un ayuda de un experto como Vd. ¿ que hago? ¿ a quien recurro?? Un millón de gracias por su ayuda

  4. >Blanca: supongo que debe hacer lo normal: consultar a su médico y si él lo considera necvesario solicitar una consulta al neurólogo. Me resulta imposible y tampoco sería recomendable hacer juicios diagnósticos o recomendarle nada sin tener información suficiente.Saludos

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