>¡O tempora, o mores..!

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                                                         Jean Baptiste de Lamarck






Hay dolores “normales”, tolerables, “lógicos”… que remiten dócilmente tras la toma del “calmante”. La cabeza, las cervicales, las lumbares, las caderas, las rodillas, los músculos, “los huesos”, el alma… Todo ello puede doler a consecuencia de agobios, ajetreos, sobrecargas, estreses, desánimos, frustraciones, insommios, males de ojo, desarreglos, maleficios y todo tipo de inconveniencias que nos ha tocado soportar a los sapiens (m.n.t.) de estas  atormentadas épocas. 

El entorno ha ido degradando rápidamente los genes del sufrimiento consiguiendo en unas décadas que surja por vía lamarckiana una genética responsable de la miseria física y psicológica que atormenta a gran parte del colectivo sapiens (m.n.t.). 

Lamarck fué un biólogo francés predarwiniano que defendió la evolución de las especies a golpe de experiencia y oficio. Un padre herrero transmitiría a sus hijos la fortaleza de sus brazos, a las jirafas les crecia el cuello de tanto estirarlo y ese estiramiento era, naturalmente, transmisible. Cada generación iba legando a los suyos el valor añadido de su esfuerzo.  

La mayoría de los sapiens (m.n.t.) sufrimos en grado leve el impacto de los genes degradados y debiéramos dar gracias a algún cielo de nuestra condición llevadera, de nuestros dolores comprensibles y dóciles al calmante.

Un creciente e importante colectivo de sapiens (m.n.t.) sufren las consecuencias de la erosión lamarckiana de sus genes y están condenados a padecer crisis de dolor insufrible. Sus ancestros se empeñaron en meterse en camisas de once varas y sus neuronas fueron sufriendo las consecuencias de los malos estilos de vida haciendo que sus descendientes estuvieran cada vez más expuestos a sufrir las consecuencias de sus hábitos neuroinsalubres. 

A los herreros les salían hijos con brazos cada vez más vigorosos, a los de las jirafas con cuellos más largos y a los de los dolores normales con dolores cada vez más intensos y menos dóciles a los calmantes. 

Así nacieron migrañas, fibromialgias, depresiones y otros padecimientos, por obra y gracia de una presión evolutiva lamarckiana de unas pocas décadas de mala vida.

La migraña es una enfermedad cerebral genética… con previsibles anomalías bioquímicas que no deben preocupar a quienes padecen sus efectos pues disponemos ya de un antídoto específico (triptanita) y unos sosegadores neuronales preventivos. 

Podríamos decir algo parecido de la depresión… (son padecientes de genes productores de poca serotonina pero la Ciencia ha dado con el modo de neutralizar el déficit como lo ha hecho con la insulina de los diabéticos) y de la fibromialgia (ya hemos dado con indicios de la genética degradada y daremos pronto con los remedios…).

Como no se ponga remedio pronto a todo esto el genoma sapiens (m-n-t-) acabará expresando un prototipo dolorido, desanimado, insomme, catastrofista, desconcentrado, rumiativo y agotado ya desde el nacimiento. 

La industria farmacéutica no puede ir al mismo paso que marca la galopante degradación genética. Los cuerpos y las almas piden cada vez remedios más novedosos y potentes pues se hacen resistentes a los revivificadores disponibles. Desarrollan resistencias como lo hacen los gérmenes ante los antibióticos. Los genes reciben el impacto demoledor de tanto sufrimiento y van seleccionando los modelos más melindrosos, pusilánimes, quejicas e hipocondríacos, que van legando a sus descendientes.

Dicen los neurólogos que por eso es importante actuar con firmeza contra las crisis de migraña. Al menor indicio de dolor hay que darle duro con el calmante “normal” y si no se consigue el alivio atizarle con la triptanita. De otro modo los genes empiezan a sufrir la resaca de las crisis y se van degradando…

Realmente las neuronas del sapiens (más m.n.t.) son las mismas que las de los gusanos. El prototipo neuronal  expresado por los genes de todo bicho viviente neuronado es exactamente el mismo. Lo mismo sucede con la bioquímica. Hacen falta muchos millones de años de evolución para seleccionar un prototipo molecular y/o celular. Una vez estabilizada su prestación no hay mala vida que haga degradar su genética por vía natural por encima de la velocidad que marca el tiempo evolutivo (millones de años). Unos miserables milenios no son suficientes para generar un nicho ecológico que haga surgir la genética migrañosa.

– ¿La cultura migrañosa…? ¿Neuronas espejo, empatía, imitación, evolución cultural, adaptación, cognición social, aprendizaje…? No sé de qué me habla… Le recuerdo que los neurólogos somos científicos… ya sabe… biología fármacomolecular…

– Ya… 

Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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2 respuestas a >¡O tempora, o mores..!

  1. emejota dijo:

    >Un post muy interesante, dejas las ideas muy claritas. Un abrazo.

  2. >emejota: gracias por la visita y el comentario.La claridad es uno se mis objetivos.Saludos

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