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>Nocebo

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Piensa mal y …¿acertarás?

El organismo es un mal pensado. Teme lo peor, es decir, la necrosis, la muerte violenta celular.

El dolor es la expresión de ese miedo a la muerte necrótica.

Si duele, es que hay miedo a que algo terrible suceda. El individuo tiene miedo al dolor pero antes, el organismo ha evaluado, muchas veces sin ningún fundamento, amenaza sobre los tejidos.

El miedo se alimenta fácilmente, dada la condición alarmista biológica de los seres vivos. 

Los sapiens (m.n.t.)constatan la certeza del dolor y su aparición tras una serie de circunstancias (desencadenantes).

– YO lo que sé es que me duele. Los días de viento Sur es matemático…

Las matemáticas del dolor existen. Corresponden a las matemáticas de la probabilidad. El cerebro calcula constantemente probabilidades. Analiza momentos, lugares, agentes y estados y les atribuye consecuencias en base a lo que ha aprendido, a golpe de experiencia propia, observación de ajena e instrucción de expertos agoreros. Los padres también sopesan probabilidades. Temen que el niño se caiga y prefieren que eche el pie a tierra.

– ¡Bájate de ahí ahora mismo! Te puedes caer, abrirte la cabeza y matarte… ¡Obedece!

Los padres temerosos de la muerte violenta de las células de sus niños no pueden proyectar la percepción de dolor «como si» ya se hubiera producido lo que temen. El cerebro sí puede y lo hace cuando le puede la incertidumbre.

La mayoría de las percepciones negativas de interior corresponden al miedo somático. Son la consecuencia del temor del organismo a la necrosis, siempre posible. Si usted come una zanahoria y ello da lugar a una migraña ello indica que su cerebro probabilístico atribuye a esa acción peligro de infección meníngea o de alguna tragedia intracraneal de ese pelo.

Las creencias alarmistas, hipocondríacas, dan lugar al llamado efecto nocebo. Las contrarias, las que las disuelven, generan el efecto placebo.

Nocebo y placebo testifican el alarmismo y la candidez de nuestro cerebro, la dependencia de lo instruido en el período de crianza, es decir, de por vida. 

Los más de ciento cincuenta desencadenantes descritos para la migraña por los sesudos desencadenantólogos son el testigo vergonzante de la facilidad del cerebro sapiens (m.n.t.) de ser alarmado y engatusado con falsas amenazas y conjuros.

Seguimos siendo tan pichones con nuestros agoreros sanadores como siempre…

Seguimos picando el cebo del nocebo y del placebo…


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