>Esclavos de la cultura

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La cultura es el gran activo de Homo sapiens (ma non troppo), lo que le diferencia (cuantitativa y cualitativamente) de otras especies. 

La cultura impregna el ámbito de las decisiones en muchos terrenos. Aprendemos por experiencia propia, observación de ajena y por instrucción experta. Intercambiamos conocimiento y contribuimos a tejer el sistema informativo socializado en el que se configurarán los programas perceptivos, emocionales y motores.

La cultura contiene dosis variables de ciencia (conocimiento validado experimentalmente), mercado y rito. 

El cerebro promociona conductas derivadas de la presión conjunta del conocimiento, la oferta de mercado y la imitación ritualizada.

Los occidentales tenemos una cultura de organismo, de sus trastornos, sus orígenes y remedios. El dolor está impregnado profundamente por la cultura en la que estamos criados. El cerebro gestiona el complejo programa de la alerta nociceptiva (previsión probabilística fundada o infundada de daño necrótico) desde las creencias y expectativas contenidas en la información volcada por los sanadores, los ungidos por el don de saber lo que sucede en el interior, en las entrañas.

La cultura occidental del dolor señala orígenes en genes, vulnerabilidades y conductas inadecuadas y propone remedios en un estilo de vida cuasi monacal y fármacos: moléculas dotadas de poderes extraordinarios, capaces de ir al corazón del dolor y disolver el despropósito químico que lo genera.

El padeciente occidental confía en el poder de los fármacos, convencido de que todos ellos están tocados por la fiabilidad científica. Aplica el mismo rasero de eficacia a un antibiótico en una infección, una hormona en una deficiencia endocrina o un antinflamatorio en una inflamación. Basta colocar los prefijos anti y an a lo que se quiere eliminar para que la propuesta terapéutica parezca aceptable y llena de lógica. 

Si duele, Occidente propone un anti-algésico (anti-dolor) o, de forma más prepotente, un an-algésico (sin dolor). 

El padeciente occidental nota a veces dolor de cabeza pero no se inquieta. Sabe que puede tomarse un analgésico y olvidarse del asunto. El problema surge cuando el analgésico no cumple lo que promete y aquello coge cada vez peor pinta. 

El cerebro occidental es un cerebro alarmista, criado en el “todo puede doler”, desde el chocolate al viento Sur, y en el “tenemos solución para todo, consulte a su médico”.

El cerebro del padeciente occidental enciende las alarmas en la cabeza por mandato de la cultura que le ha criado y espera que el padeciente obedezca los mismos dictados: no coma chocolate, no se implique tanto en ese trabajo que en el fondo ¡le gusta! o que se quede en casa si sale viento Sur. Por supuesto: si duele… debe tomarse “el calmante”: la molécula mágica que elimina el peligro necrótico, las infecciones meníngeas, las roturas arteriales, las inflamaciones y cualquier otro incidente de muerte violenta en el interior del cráneo.

El cerebro occidentalizado se desespera si a pesar de los calmantes y la vida monacal el dolor sigue ahí. Deduce que algo no anda bien dentro de la mollera y que hay alerta roja, con previsión de alguna catástrofe. De ese pánico surge el dolor extremo, las nauseas, la intolerancia a los estímulos del exterior, de la vida corriente.

El cerebro occidental se viene abajo si el dolor de cabeza no se disuelve con el an-algésico. Pide otras soluciones, nuevos remedios. El mercado investiga sin desmayo la novedad. Debe aprobarse por los guardianes de la eficacia científicamente demostrada y ser amortizable. Quien consiga un producto nuevo con el label de la Oficina del “Nihil obstat, recetatur” habrá dado con la gallina de los huevos de oro. Los neurólogos recuperarán el sosiego perdido por la falta de nuevos fármacos y se afanarán en recetar el “ha salido una cosa nueva…” después de oír las prédicas de los líderes de opinión en un suntuoso y pomposo Congreso de diez mil expertos en una ciudad a diez mil kilómetros de la propia.

– Así, sólo hablando, ¿piensa usted que me va a quitar el dolor…?

– Ya me gustaría que así fuera pero creo que usted sigue confiando en la terapia, en la solución, en algo nuevo salido de mi manga de especialista…

El cerebro y el padeciente occidental se resiste a creer en las palabras. Está instruido a creer en fármacos o sus alternativos.

El cerebro y el padeciente occidental hacen tímidos  intentos de probar a no tomar nada y rezar para que no duela. Tienen el fármaco a mano y deshojan la margarita entre lo que dicta su cultura y lo que le han contado sobre el cerebro y sus decisiones erróneas, el aprendizaje, el placebo…

El padeciente occidental se dice a sí mismo: no me va a doler, no me va a doler… Es casi un rezo, una súplica. 

El cerebro occidental no atiende a súplicas ni rezos a la hora de activar las alarmas. Está influido por su miedo occidental a la necrosis y el sufrimiento del padeciente le tiene sin cuidado.

– Entonces ¿qué hago?

– Es sencillo. Líbrese de la cultura occidental del dolor, del mercado y el rito y ponga conocimiento… ciencia… neurociencia…

– Y eso ¿cómo se hace?

No lo sé. Yo le explico lo que sabemos, usted intenta entenderlo y creerlo y luego lo aplica sin miedo.


Acerca de arturo goicoechea

Born in Mondragón, Guipúzcoa, in 1946. Head of the Neurology Department at the Santiago Hospital in Vitoria (Álava), Spain. Published books: Jaqueca, 2004. Depresión y dolor, 2006. Cerebro y dolor (Esquemas en dolor neuropático) 2008. Migraña, una pesadilla cerebral, 2009.
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14 respuestas a >Esclavos de la cultura

  1. especies dijo:

    >Aprendo muchísimo en su blog, o a lo mejor no aprendo nada pero me provoca ganas de aprender o de olvidarme de lo que creo que sé. Es muy generoso al escribir tanto.Bárbara

  2. >Barbara: me encanta esa indefinición sobre aprender y desaprender pues contiene la necesidad de construir preguntas insaciables. También hay generosidad en los lectores. Gracias a ella puedo seguir escribiendo. Saludos

  3. legemcruz dijo:

    >Estimado D.Arturo,Por un complot informático, no pude dar las gracias a los ánimos que generosamente me brindaron el pasado viernes los blogueros, así como dárselas a usted por su articulo "los encadenantes migrañosos", ilustrado por una buena copita de vino tinto, que, osadamente, me tomé como un guiño hacia mi (ni se imagina que ilusión me hizo). Por cuestión de espacio, prefiero mandarle un mail con esas preguntas que me rondan desde que su libro me hizo ver el mundo "desde el otro lado", pero mientras tanto, y dado que sus articulos aqui generan otras muchas: ¿donde se puede aprender (o quizá mejor "aprehender") el mecanismo que lleva a que duelan otras partes del cuerpo? Es decir, igual de claro que me ha quedado cómo me genero el dolor "de cabeza", ¿quien me enseña que pasa con mi "espalda"? Lamentablemente no sé ingles y no puedo leer el "explain pain".Y mi cerebro necesita datos…Cruz

  4. maimai dijo:

    >Mcruz el explain pain está ya editado en castellano. En la SEFID (www.sefid.es) se puede conseguir siendo socio, no sé si estará disponible para no socios, pero igual te pueden orientar. Un saludo y ánimos!!!!

  5. ihs dijo:

    >(…)que el dolor surge de una evaluación errónea cerebral sobre peligro (…)Gracias por el blog. Llevo 20 años intentando luchar contra las señales erróneas que mi cerebro manda a mi organismo. Está siendo un aprendizaje lento, pero efectivo. Estoy ahora al final del camino, con el convencimiento de que la solución está dentro, no fuera pero… ¿cual es la tecla que debo tocar para erradicar para siempre la reacción exagerada del organismo a lo que considera ATAQUE? ¿ Y cual es ataque? Por que en mi caso se enmascara, y varía de disfraz. Creo que es algo más profundo que lo que viene de fuera. Porque lo de fuera varía y siempre el cuerpo reacciona igual: se defiende. La defensa tuvo nombre de colon irritable, dolor de cabeza, vómitos, quistes, fatiga crónica, taquicardia, paralisis facial ocasional, molestias gastrointestinales(naúseas, presion, nudo en la boca del estómago),y dolor en el pecho, dolor en la espalda (contracturas musculares), alergia ( acompañada de conjuntivitis, ojo seco, rinitis (pérdida de olfato asociado)), y finalmente procesos asmáticos:todas enfermedades psicosomáticas… y todas desaparecían a medida que tomaba conciencia de su origen. Algo me hace luchar, mi cuerpo me manda señales de que debo cambiar algo. Cuando veo que la enfermedad no tiene causa externa, curo. Al poco, surge de nuevo otra enfermedad.He decidido no enfermar más. También decidí en su día no medicarme de forma agresiva (evité intervenciones quirúrgicas y vacunas) y, sin embargo ( con extrañeza de los médicos que me trataban), sané.Busco el origen de todo, y lo busco dentro. Creo que mi cuerpo se pelea con mi mente. Mi mente de forma racional acepta cosas que, en el fondo repudia. Mi cuerpo lucha contra esa negación y se defiende. No permite que entre nada de fuera ( ¿no es la alergia defensa en exceso? ¿no impide la conjuntivitis ver y la rinitis oler?).Mi camino va a ser enfrentarme. A ver, a oler y luchar como sea de forma abierta, no encubierta y a través de mi cuerpo.Gracias otra vez. Me siento menos sola.Llegué a pensar que lo que experimentaba no tenía sentido. Enhorabuena por el apoyo inmenso que brinda el blog.

  6. legemcruz dijo:

    >Muchas gracias por la información! Corro a buscarlo…Cruz

  7. >legemcruz: el universo del dolor, en ausencia de daño, está alimentado por los mismos componentes (experiencia propia, experiencia ajena, instrución experta) dondequiera que el cerebro decida evaluar amenaza.El objetivo del dolor proyectado sobre aparato locomotor es el de evitar el movimiento local o global porque se considera que ello genera peligro. La cultura del dolor de cabeza alimenta el dolor de cabeza y la cultura "de la columna" alimenta el dolor "de columna". Hay mucha tela para cortar en este terreno, sobre lo que nos cuentan los expertos sobre artrosis, "hernias de disco", desgastes, contracturas, desviaciones, rectificaciones, sobrecargas, estreses y demás parafernalia del mundo del dolor erróneo. El libro de Moseley Explain pain abunda en esas cuestiones y ayuda a deshacerse de lo aprehendido.Si ya has trabajado el tema del dolor proyectado sobre la cabeza tienes mucho camino andado para sacudirte el de "la columna".Saludos

  8. maimai dijo:

    >Mcruz, en http://www.noigroup.com lo puedes pedir. Te metes en "products" y ahí lo tienes. Un saludo!

  9. Anonymous dijo:

    >Fernanda: Es muy interesante este articulo, muchas personas no se creen que se puede aliviar el dolor solo con inteligencia. Yo al principio también dudaba de la eficacia de esto pero ha resultado una buena experiencia y poco a poco ha ido desapareciendo el dolor, lejos de las pastillas y calmantes químicos que solo son tóxicos y adictivos para mi organismo. He comprobado que se puede vivir mucho mejor aprovechando las cosas buenas que nos brinda la cultura y alejando todos aquellos miedos infundados a lo largo de nuestra vida.

  10. legemcruz dijo:

    >Gracias, maimai! Ya está en camino…Cruz

  11. >Anonimo: es frustrante la dificultad para convencer a los pacientes de que la información vehiculada por la cultura es capaz por sí misma de encender y apagar programas defensivos como el dolor y promover el consumo crónico de "calmantes" para los que se conseguido una fe realmente sorprendente. Saludos

  12. especies dijo:

    >No sé, a mí me da la sensación de que recurrir todo el rato a calmantes es como una claudicación, como un deshaucio, como si "no hubiera ya nada que hacer por nosotros". Me sugiere la imagen del hidalgo empobrecido, metido en una casa estupenda (cada vez con más goteras)rodeado de cosas valiosas (que se van estropeando) que si vendiera podrían servirle para comer, pero empeñado en quedarse ahí comiendo lo que le quita a los ratones y viviendo del parche.

  13. >especies: pues sí, el disponer de todo nos empobrece, nos roba recursos. Vivimos en una cultura que promete todo sin esfuerzo y eso hace que el cerebro no pare de pedir: hambre para comer, sed para beber y dolor para tomar analgésicos…

  14. >ihs: no creo que exista una pelea entre cuerpo y mente. Realmente la mente representa la interacción del cuerpo con el entorno (incluida la cultura). Más bien se trata de una pelea entre intereses de garantía de integridad física desde la perspectiva de organismo y los del individuo. El cerebro debe especular sobre peligros en función de lo experimentado, lo observado en otros y lo que recibe como instrucción. Es un proceso de aprendizaje con riesgo de cometer errores de evaluación de peligro. La cultura es un arma de doble filo. Nos protege con el conocimiento pero nos mortifica con el miedo irracional. No hay claves ocultas para ganar la batalla contra el dolor erróneo, innecesario. Siempre habrá una tendencia al alarmismo obligando al individuo a oponerse a su propio cerebro cada vez que éste se pase de catastrofista.Saludos

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