>El miedo irracional somático a la necrosis

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La evitación de la necrosis (muerte violenta celular) es el objetivo fundamental de los seres vivos. Nada mejor para ello que evitar aquellas situaciones que generen esa probabilidad.


La necrosis puede producirse por diversos agentes y estados: temperaturas extremas, estirones, compresiones, falta de oxígeno, ácidos, gérmenes…


El organismo está sembrado de neuronas en cuya membrana existen sensores de dichos agentes y estados con poder destructivo. Cada vez que nos exponemos a ellos, los sensores detectan su presencia y ponen en marcha programas defensivos cuyo objetivo es evitar la exposición.


La llegada al cerebro de las señales de los sensores de peligro necrótico activa el programa de la percepción dolorosa, percepción que se proyecta allí donde se ha producido el peligro, creando la sensación (falsa) de que el dolor se produce donde lo sentimos.


El programa de la percepción de dolor implica a diversas áreas cerebrales, estrechamente vinculadas a la proyección hacia el individuo de que algo de importancia biológica está sucediendo.


El temor biológico a la necrosis tiende a expresarse de forma exagerada, especialmente en los primeros años. Generalmente la experiencia va templando el miedo y aprendemos a relacionarnos con lo potencialmente peligroso con cierta racionalidad.


La función del cerebro es la de evaluar los estados de peligro, su probabilidad, y tratar de que el individuo evite riesgos innecesarios.


Los sucesos necróticos pueden darse «en superficie»: quemaduras, traumatismos, desgarros… o en el interior.


La proximidad al peligro externo (fuego, precipicio, ascensores, tóxicos, gérmenes…) no genera dolor sino miedo, atención, cuidado, evitación. Todos somos conscientes de la posibilidad teórica de que existe un peligro pero confiamos en la escasa probabilidad de que se consume el daño.


La opacidad del interior hace que las especulaciones sobre sucesos necróticos sean más difíciles de controlar. Tienden a generarse estados de alarma cuya contención es siempre más complicada pues no disponemos de sentidos que nos ayudan a hacer comprobaciones internas.


Las especulaciones cerebrales sobre sucesos necróticos en los tejidos generan también estados de alerta vividos con más o menos consciencia por el individuo pero, además, activan el programa de dolor aun cuando no haya ningún peligro en ese momento y lugar. Es la forma de conseguir la implicación del individuo en la evitación de un daño, evaluado como posible-probable por el cerebro.


El viento sur no supone una amenaza de destrucción violenta de «la cabeza» pero si el cerebro le atribuye (por influencia cultural) capacidad necrótica, se disparará el programa dolor…


– El viento sur me produce migraña…


El viento es irrelevante respecto a la integridad física de la cabeza. El dolor aparece porque el cerebro ha cultivado un miedo exagerado, fóbico, supersticioso, al viento. Si abriéramos la cabeza en ese momento no encontraríamos nada anómalo, pero si la exploráramos con una Resonancia Magnética funcional comprobaríamos que las zonas cerebrales de la alerta necrótica están hiperactivas.


¿Qué sentido tiene el encendido preventivo de la alerta necrótica en la cabeza cuando ha salido viento sur? Ninguno. El mismo que puede tener el encendido inflamatorio por parte del sistema inmune porque el aire contiene moléculas del gato (inflamación alérgica).


El atribuir la capacidad de generar migrañas al viento sur es tan absurdo como justificar la inflamación alérgica al gato.


Si fuera posible debiéramos contradecir al sistema inmune y al cerebro, hacerles ver que sus decisiones defensivas son absurdas. Sus miedos, exagerados, infantiles, inmaduros…


– Debe evitar el viento sur. Es un «desencadenante».


Los desencadenantes de las respuestas alérgicas deben ser evitados pues no tiene sentido intentar que el sistema inmune se avenga a razones ni informaciones. Los desencadenantes de las respuestas cerebrales erróneas no deben ser evitados sino habituados. Podemos quitar el miedo cerebral irracional con argumentos, con pedagogía neuronal.


El miedo irracional a entrar a un ascensor (el desencadenante) no se quita evitándolo sino consiguiendo la tolerancia, la confianza en que nada va a suceder. Ello exige la exposición voluntaria, activa, al desencadenante.


– Debe aprovechar los días de viento sur para eliminar el miedo cerebral. Salga a la calle sin miedo. No va a suceder nada en la cabeza. La migraña es la expresión del miedo cerebral. Debe ayudar a su cerebro a quitar el miedo.


– Temo al viento sur.


– Así no hay manera… Tendrá que evitarlo… pero no deja de ser una derrota, un reforzamiento del miedo cerebral absurdo a lo que el viento sur pueda hacerle a su cabeza…¡nada!


– Yo sólo sé que el viento sur a mí me afecta… Se lo he oído también a otras personas…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

2 comentarios sobre “>El miedo irracional somático a la necrosis

  1. >A Zola, mi perra de 2 años, el viento del sur le aumenta en gran medida su nivel de nerviosismo. A mi simplemente me molesta y me reseca las mucosas. Un abrazo.

  2. >mjt: los perros son una especie olfato-dependiente y es lógico que los vientos les perturben su lectura y expectativas del mundo pero no creo que tenga migrañas por ello. Eso sólo le sucede al sapiens (ma non troppo).Saludos

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