>Sensibilidad biológica al contexto

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Los fundamentalistas del «todo está en los genes» sueñan con un mundo en el que todo esté descifrado de antemano y pueda ser corregido retocando bolitas-gen o su expresión molecular final.

Todos tendremos la genética que nos plazca (dentro de un orden previamente señalado-no se sabe bien por quién-) y un arsenal de complementos moleculares para neutralizar sobrantes y reponer escaseces.

– Buenos días. Migraña.

– ¿Me deja su tarjeta genómica?

Los neurólogos de la migraña son fervientes defensores del futuro plácido que se nos viene.

Necesitan que sea verdad lo que sueñan ya que sufren como nadie el azote de los malditos y escurridizos genes que crean la condición hiperexcitable del identificado «generador de migrañas».

El gen o genes de la migraña expresan su defecto (o exceso) sobre un pequeño grupo de neuronas (el generador) capaz de activar dolor, vómitos, intolerancia sensorial, auras… justamente lo que constituye una crisis.

La evolución ha seleccionado, al parecer, o bien una genética generadora de migraña (que contiene además una conmovedora pulsión a combatirla dedicándose a la Neurología) o una deficiencia en lo que la reprime.

Los fundamentalistas de la genética migrañosa conceden cierto papelillo a factores extranucleares. Un cerebro migrañoso debe ser exquisitamente cuidadoso en la evitación de los llamados «desencadenantes», agentes y estados sustancialmente triviales, cotidianos, inevitables, pero que tienen el poder de disparar el generador, no se sabe (ni preocupa) bien cómo.

Los fundamentalistas de genética y desencadenantes buscan en los ratones las claves de lo migrañoso.

Ha habido varios alborozos precipitados a cuenta de «hallazgos» prometedores. Primero fue el eje trigéminovascular, luego los triptanes, más adelante la genética de la migraña hemipléjica familiar, recientemente los ratones con genes que facilitan la onda de depresión cortical propagada, la neuroimagen… los antagonistas del CGRP.

Puede que con tanto «hallazgo» sea difícil decidirse y la abundancia ciegue.

Hay genetistas que recuerdan la necesidad de considerar el entorno como algo importante. Ni siquiera tienen claro qué es un gen. Piensan que la imagen de la bolita compacta ensartada en un hilo es una burla a lo que ellos intentan desentrañar.

Los genetistas prudentes hablan de sensibilidad biológica (en parte, genética) al contexto.

No hay una genética del jugador de baloncesto, expresada en un centro «generador de la afición a la canasta». Hay una biología de la talla y un entorno con baloncesto.

Previsiblemente hay una biología de la vigilancia al daño, una biología de la obediencia a los tutores, una biología de la imitación… y una cultura con múltiples ingredientes.

La interacción entre Biología y entorno es algo más complejo que una o varias bolitas-gen que expresan un supuesto «generador de migraña y vocación a la Neurología» y unos desencadenantes variopintos en los que cabe de todo.

Puede que ser monje predisponga al hábito pero puede que los hábitos también produzcan monjes. Puede, incluso que las dos cosas influyan…

Yo, por si las moscas, he colgado hace tiempo el hábito…



2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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