>Cervicales

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– Me duelen las cervicales…


Tengo un resorte mental que salta inevitablemente al oír esa afirmación. No puedo evitar exigir una rectificación al desconcertado paciente.

– ¿Cómo sabe que son sus vértebras las responsables? Limítese a decir que siente dolor por la zona del cuello…

– Vale. Me duele aquí.

– Eso está mejor.

Aun a riesgo de provocar la pérdida de la escasa confianza que queda después de mi puntillosa precisión es probable que siga desconcertando al pobre sufridor de cuello con una pregunta extraña:

– ¿Para qué sirve el cuello… o las «cervicales», como usted lo llama?

– Pues… no sé, para sostener la cabeza, supongo.

– Para algo más importante: para mirar…

Mirar con precisión es una función complicada. Algo así como ejecutar al piano una complicada partitura. Cada dedo debe caer nítidamente en una tecla y ello se consigue con una compleja integración de fuerzas elásticas, de fricción, gravitatorias y musculares que mueven raquis, brazos, antebrazos, manos, dedos y falanges.

Hay grandes y potentes músculos, grandes y pesados segmentos rígidos, resistentes y elásticas cuerdas… Organizan los grandes desplazamientos que aproximan los dedos a la zona del teclado para que los pequeños músculos, cápsulas articulares y tendones afinen la puntería y añadan esa expresión sutil de la música.

Los ojos son los dedos del pianista y el teclado es el mundo.

Para tocar el piano es necesaria una buena técnica. Una condición fundamental de esa técnica es que todas las articulaciones estén disponibles, libres, para que la programación motora resulte eficaz, expresiva, inofensiva (para el ejecutante y el oyente) y económica. Para ello el ejecutante debe interiorizar una idea de flexibilidad y relajación y fijar su atención en la música. El organismo irá seleccionando, con un aprendizaje adecuado, los mejores programas, sin riesgo para la integridad del aparato locomotor, sin dolor ni movimientos anormales, con poco gasto energético y una aceptable calidad interpretativa.

El miedo escénico, la incertidumbre sobre el resultado, el profe, los espectadores y uno mismo crearán una atmósfera de desasosiego que generará programas de baja calidad con demasiados músculos contraídos que se estorban entre sí y bloquean articulaciones. Probablemente no tarden en aparecer el dolor y los calambres.

Los músculos y tejido elástico de las órbitas precisan el trabajo de aproximación de los músculos del cuello, los grandes y pequeños. La articulación de la cabeza con el cuello permite los giros y balanceos y las articulaciones entre las vértebras de todo el raquis facilitan la posición de ataque visual más adecuada.

Mirar es una compleja acción motora que precisa articulaciones desbloqueadas, aprovechamiento óptimo de fuerzas elásticas y gravitatorias, deslizamiento fácil de tejidos blandos y, sobre todo, ausencia de miedo escénico: incertidumbre sobre los efectos del trabajo estático y dinámico cervical.

Si uno tiene «cervicales» está perdido. Mirará con una mala técnica, moviendo los ojos desde la pelvis. Se habrán ido al carajo todas las posibilidades de aplicar esos increíbles programas que puede generar la red neuronal si se le facilita… libertad de movimientos y garantías de integridad tisular.

– El dolor de «sus cervicales» es porque su cerebro no se atreve a mirar, no por timidez sino porque tiene miedo a que se dañen precisamente eso: sus «cervicales». Necesita un profesor de mirar. Alguien que infunda confianza al cerebro, para que sus ojos toquen la pantalla del ordenador, las caras y los árboles sin miedo…

– ¿Me va a mandar al «oculista?

– No exactamente. A alguien que vea algo más que vértebras, músculos y articulaciones en el quehacer del cuello. A alguien que sepa mirar su cuello, que mire cómo mira…

– ¿Qué especialista es ese?

– Tendría que ser un especialista en el movimiento, en las acciones, un «accionista». No es fácil encontrarlo…

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

3 comentarios sobre “>Cervicales

  1. >Jesús: hubo una época en que "las cervicales" eran el centro de todo. Tenía fortuna el síndrome de Barré Lieou, la distonía neurovegetativa, la falta de riego por la compresión de las arterias vertebrales. Si uno giraba la cabeza y aparecía el mareo, eran las "cervicales". Si no sabía dónde había dejado las llaves, también… Puede que la mente estuviera en las cervicales… ¡Qué tiempos aquéllos!

  2. >Me ha encantado el término "accionista". Siempre he querido tener relación con el mundo bursátil y gracias a ti veo la conexión…Como muy bien explicas en los esquemas en dolor neuropático, el esquema corporal es fundamental a la hora de entender e imaginar nuestro cuerpo. El concepto "cervicales" ciertamente es poco beneficioso.Podría ser verdad lo que planteas, que la mente estuviera en las cervicales, aunque todo apunta a que las cervicales estan en la mente…Un saludo.

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