>Arresto domiciliario

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Los seres vivos distribuyen su tiempo entre la «casa» y «la calle». La casa es un refugio, un lugar seguro, preservado de temperaturas extremas y depredadores. La calle es un lugar ambivalente: allí están los alimentos y los ligues pero el tiempo puede ser inclemente y los depredadores están al acecho.


El cerebro dispone de un programa que invita a quedarse en casa y otro que fuerza al individuo a salir de caza (comida y pareja).

El programa «no salgas» se activa cuando las condiciones externas son adversas (peligro o carencias) o el cuerpo no está para muchos trotes (lesión-enfermedad).

El programa «¿qué haces ahí tumbado?, muévete» se activa cuando hace falta reponer energía o cuando nos toca colaborar en el mantenimiento de la especie.

El programa «no salgas» se denomina «respuesta de enfermedad«. Se enciende, por ejemplo, con una gripe: el individuo se siente dolorido, cansado, desmotivado, sin interés por la interacción social. El pensamiento tiene tono catastrofista, con una autoestima baja. En esas condiciones, el individuo «decide» quedarse en casa.

El programa «qué haces ahí tumbado, muévete» corresponde a la conducta exploratoria impulsiva de alimento y pareja. Es el programa que nos hace trabajar por la supervivencia propia y de la especie.

Homo sapiens (m.n.t.) ha ideado una estrategia inteligente: poblar el exterior de comida fácil, librarlo de depredadores y proveerse de abanicos, refrescos, abrigos, gorros y paraguas para minimizar adversidades, carencias y peligros. Salir a la calle ya no es una aventura arriesgada.

Quedarse en casa tampoco es problema. Disponemos de frigoríficos, teléfonos, parientes y amigos que nos facilitan, al menos, el acceso a la comida.

El cerebro sapiens (m.n.t.) no tiene demasiados problemas para apretar el botón de entrar o salir. Ninguna de las dos opciones supone demasiados contratiempos biológicos.

El día ha salido frío y el cerebro puede considerar arriesgado salir a la calle, así que, no hay nada más fácil que activar el programa dolor-cansancio-desánimo, como si uno tuviera gripe.

– El frío me sienta fatal. Me duele todo y estoy agotada. El sol me da algo de vida.

En los países nórdicos, el programa «no salgas» se activa en invierno invitando a hibernar. Es la depresión estacional. En cualquier otro país, el mismo programa convierte el salir a la calle en una acción heroica. En este caso tenemos la famosa fibromialgia.

El cerebro concede altas y bajas, premia y penaliza el abandono del hogar.

A veces las bajas están justificadas. Lesiones, enfermedades, tempestades, guerras, precariedad externa… justifican la decisión cerebral de hacer sentirse al individuo cansado, desanimado, dolorido, pesimista y poco sociable.

Otras muchas no hay motivos objetivos que justifiquen la activación del programa enfermedad.

El cuerpo está razonablemente disponible y el exterior no contiene amenazas relevantes pero el cerebro ha decidido retener al individuo en casa.

El programa es el mismo, trátese de una decisión justificada o absurda. El dolor, desánimo y agotamiento son los mismos. Puede que, incluso, sean más insufribles cuando no existen condiciones objetivas de adversidad.

Hay cerebros sensatos que gestionan razonablemente el botón de salir o quedarse en casa. Abundan, sin embargo, los cerebros alarmistas que construyen una convicción de cuerpo vulnerable y prefieren penalizar el movimiento, la exploración.

– Me duelen los huesos, mis músculos están exhaustos, no me concentro, tengo artrosis, no tengo ánimos… Me dicen que tengo fibromialgia. Es una enfermedad misteriosa y sin curación…

– No hay misterio. Es el cerebro, que ha construido una convicción de enfermedad y tiene apretado el botón del programa «no salgas». No les pasa nada a huesos, músculos ni articulaciones.

Estás sometida a arresto domiciliario…



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Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

5 comentarios sobre “>Arresto domiciliario

  1. >Arturo:Llevo leídas varias entradas tuyas y, si me lo permites, resumo aquí tu idea principal. Lo hago solo para que me digas si es así o si te he entendido mal.El dolor es una señal de alarma, como la de humos en mi casa. Puede sonar la alarma porque haya fuego o porque se salte (porque esté mal calibrada, tenga un cortocircuito o lo que sea).Por supuesto, es importante saber por qué salta, si pensamos que siempre es real estaremos inundando en agua la casa sin necesidad y con perjuicio para ella y para nosotros.Por otra parte, si es una falsa alarma, podemos desconectar el aparato, a la espera de arreglarlo.En el caso del dolor, parece como que recomendaras que la manera de desconectar la alarma sea no haciéndole caso. La alarma de humos no se desconectará así, pero tal vez el cerebro funcione de otra manera.Así que la pregunta es ¿se desconecta del dolor por no hacerle caso? ¿qué otras cosas harían falta? Porque si no se desconecta, la molestia podrá no ser el fuego, pero será el ruido infernal de la alarma. No puedo no hacerle caso, quisiera leer, pero no puedo por el maldito ruido.

  2. >José Luis: olvidas la cuestión fundamental: es un sistema de alarma predictivo, probabilístico. Construye a prioris (creencias) apoyado en sucesos previos, observación de ajenos e información de expertos. Cuando los a prioris alcanzan un estado umbral de probabilidad alertan al individuo (dolor, por ejemplo). A partir de ese momento se produce una interacción entre ambos (el sistema y el YO) del que resulta la desactivación (retroalimentación negativa) o un efecto resonante (retroalimentación positiva). Hay que hacer caso de la alarma y argumentar con convicción que no hay fuego y, por tanto podemos y debemos entrar y hacer lo que teníamos pensado. Si el sistema impone una condición previa (un analgésico) el ruido irá aumentando hasta que no se cumpla la condición (efecto placebo). El cerebro opera sobre lógica bayesiana y eso le hace vulnerable a las creencias. En definitiva, no hace falta el cortocircuito ni nada parecido. O hay fuego, humos o condiciones objetivas de alta probabilidad de incendio en el bosque (temperatura elevada, sequía, viento…) o, en condiciones actuales normales el sistema activa probabilidad, cebado por la cultura sobre incendios.Espero haberme explicado. Es una idea sencilla pero cuesta a veces cogerla porque tiene que luchar contra la pedagogía previa.Saludos

  3. >Intentaba resumir la idea del argumento central. Los detalles de por qué suena la falsa alarma obviamente serán muy distintos en el cerebro y en el ejemplo de la alarma. Pero sigo con la duda. El sistema está activado ¿cómo se desactiva? ¿cómo se convence al cerebro? ¿haciendo como si nada, para que no se retroalimenten sus creencias? ¿funciona eso?

  4. >Jose Luis: la estrategia es la de modificar las creencias. La cultura sobre red neuronal y organismo es mala. En la consulta hacemos un trabajo pedagógico. Entregamos unos folios con conceptos básicos sobre cerebro y dolor, explicamos con imágenes, dibujos… y damos argumentos para derribar el esquema cognitivo responsable del encendido y modificar la conducta de afrontamiento. La estructura es la de una fobia, en estos casos referida a sucesos internos teóricamente posibles pero altamente improbables: el encendido de la función dolor,implícitamente, presupone que el cerebro evalúa peligro de muerte celular violenta (necrosis) allá donde proyecta la percepción dolorosa. La percepción contiene siempre una evaluación y una proposición a una conducta. El objetivo del individuo debe ser desactivar la evaluación de peligro y desobedecer la propuesta conductual defensiva.Si en un escenario fóbico externo, como un ascensor o un avión, se activa la evaluación: "peligro de muerte" uno tiene dos opciones: obedecer la propuesta del programa: es decir, evitar el ascensor y el avión, o, racionalizar la peligrosidad real del escenario.Cuando el sistema inmune comete el error evaluativo de peligro (alergia a la penicilina, por ejemplo) debemos obedecer el programa y evitar la reexposición. No vale racionalizar sobre el error. Los linfocitos no hacen caso de lo que les recomiendan las neuronas. Cuando el error evaluativo es neuronal lo correcto es desobedecer la propuesta cerebral, racionalizando sobre ausencia de peligro de muerte celular en la zona dolorida y defendiendo nuestra agenda (entrar al ascensor y al avión). La posición oficial médica sobre esta cuestión es que el cerebro procesa mal la información, que se le supone excelente). La propuesta mía y de algunos otros (por ejemplo Lorimer Moseley) es que el cerebro procesa hasta sus últimas consecuencias mala información.Conocer la biología del dolor racionaliza las decisiones cerebrales. La angustia por el sufrimiento del dolor (o el pánico del ascensor) impide a veces la resolución y hace que los pacientes obedezcan el programa (se queden en casa, en cama , y tomen un "calmante"). En la migraña los resultados son excelentes. En el dolor raquídeo, bastante buenos y en el la fibromialgia, más bien modestos. Creo que la estrategia deseable es acercarse al tema desde la perspectiva de adquirir conocimiento fiable (biológico) y deshacerse de la impronta cultural publicitaria disfrazada de ciencia.

  5. >hace poco tiempo que he descubierto su bloc y voy leyendo aquellos articulos que considero me interesan mas,aunque por supuesto sin despreciar ninguno ya que todos son interesantisimoscreo haber entendido que al dolor no hay que darle mucha entrada en el cerebro de lo contrario te puede,y es verdad que te enclaustra en casa y no eres capaz de dar un paso por la calle, se produce un arresto domiciliario como bien titula ud.en este articulo de hace un año.le felicito por su sabiduria y lucidez,con que realismo se expresa en todos los temas que toca,gracias

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