>Enfermedades misteriosas

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El conocimiento de nuestra especie es limitado. Muchas causas se nos resisten. Somos sapiens, ma non troppo (m.n.t.).

Podríamos confesar nuestra ignorancia simplemente con un «no sabemos nada» pero protegemos la autoestima añadiendo lo de «es un misterio». Algo oculto, extraño, de una dimensión desconocida, se burla de nosotros… de momento.

Algunos sapiens dicen haber atravesado la barrera de lo opaco con sextos, séptimos o eneavos sentidos. Han desvelado lo misterioso con un poder milenario atemporal, también misterioso, exclusivo, esotérico. Los demás no accedemos a su claridad porque nos negamos a quitarnos la venda. No hay ignorancia sino obcecación, inercias, resistencia, impureza, soberbia.

Los sapiens sapiens, los que se saben sabientes, confiesan el carácter misterioso del problema y su incapacidad para solucionarlo pero prometen grandes novedades en un futuro próximo confiados en el imparable avance de la Ciencia fiable, la suya, de la que se autonombran exclusivos guardianes.

Cualquier cosa menos el silencio, el inapreciable reconocimiento de la ignorancia.

La enfermedad siempre ha preservado su debida cuota de misterio. Homo sapiens (m.n.t.) ha ido descorriendo velos a medida que se ha acercado a lo pequeño con microscopios y tubos de ensayo. Las alcantarillas y los antibióticos aliviaron el azote de las infecciones y la bioquímica permitió desvelar el misterio de las vit-aminas y evitar escorbutos, beriberis, pelagras y raquitismos con sencillas previsiones dietéticas.

Sapiens sapiens (m.n.t.) no puede contener el optimismo de sus nuevas habilidades científicas y proclama precipitadamente el fin de todos los males con las nuevas armas. Todo será vencido cuando se resuelvan unos pocos detalles.

El misterio de las patologías indesveladas está centrado en nuestros días en los llamados «síndromes sin explicación médica». Sirvan como muestra la migraña y la fibromialgia, por citar las marcas más conocidas, pero hay muchas más.

Sapiens sapiens (m.n.t.) confirma el carácter misterioso de su origen a la vez que se pavonea mostrando su cola multicolor de últimos avances en genética, neuroimagen y alta costura quirúrgica.

Los del «sexto de sensoriología» siguen con sus ofertas milenarias.

Algo se nos escapa. Antes fueron los gérmenes y las moléculas. No nos va mal desde entonces. Disponemos de más puntos en la cartilla de supervivencia… pero andamos tristes y doloridos.

Hay quien achaca todo a los nuevos tóxicos ambientales. Renace, actualizada, la teoría de los «miasmas», que se sostuvo como causa de las muertes por gérmenes antes de que Pasteur desvelara el misterio.

Los seres vivos están hechos de materia, energía e historia (información). La medicina se ha beneficiado de los avances en el conocimiento de la materia y la energía pero limita el complejo universo de la información biológica a una versión estática y reducida del genoma.

Puede que haya llegado el momento de la biología de la información.

Hace falta más y mejor información sobre biología.

Tenemos que revisar la historia, el modo como el organismo se cuenta a sí mismo. Para ello necesitamos algo más que ADN, ARN, hormonas, proteinas, serotoninas, estrés, dietas y toxicidad ambiental.

Puede que así se desvelen algunos misterios… y den lugar a otros nuevos…

2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

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