>El derecho a la enfermedad

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Un gran porcentaje de ciudadanos que acuden a la consulta, quejosos de diversas dolencias, están sanos. La certificación profesional de integridad produce con frecuencia el sorprendente efecto de la decepción. 


El padeciente oficialmente sano y decepcionado por ello se convierte en un peregrino en busca de una oficina que le extienda una acreditación de enfermedad. Necesita el certificado para que su sufrimiento sea reconocido socialmente. 


Los padecientes sanos no tienen papeles de enfermedad. Los inspectores de enfermedad los exigen para conceder bajas y subsidios … derechos de enfermos. 


El sujeto sufriente debe aportar la debida certificación de que es un objeto enfermo. 


El padeciente sano se sabe enfermo porque se siente como tal y reclama su condición patológica. Envidia muchas veces a los padecientes con papeles, con análisis y radiografías que lo certifican, los que viven en organismos con infecciones, tumores y degeneraciones. Quiere ser enfermo como ellos. Necesita bajas, terapias y subsidios y, sobre todo, que sus allegados le traten como un enfermo y no como un parásito.  


Los padecientes sanos viven en tierra de nadie. Son invisibles y se les pide que sean también mudos pues perturban sus relatos no autorizados de sufrimiento.    


Los profesionales les conceden, a regañadientes, la condición de síndrome, una entidad confusa que no soluciona nada. Tener un síndrome no es lo mismo que tener una enfermedad pero al menos ya tienen un nombre, pueden salir al exterior con una etiqueta. 


La pertenencia a un colectivo afectado por un síndrome es la antesala del reconocimiento posible de enfermedad. Algo así como la beatificación como antesala de la santidad.


Muchos padecientes sanos están en esa condición de tránsito, en el síndrome. Luchan por conseguir el acceso al reconocimiento de enfermedad, la condición que les legitima y absuelve socialmente. 


De momento tienen, en el mejor de los casos, la opción de una posible enfermedad, misteriosa e incurable y unas vagas promesas de los avances científicos. 


Y… si… realmente no existe la «deseada» enfermedad… si realmente su organismo está sano? 


Dios ha muerto… Marx ha muerto… yo tampoco me encuentro nada bien… la enfermedad ha muerto… dicen que la tal enfermedad no existe…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

10 comentarios sobre “>El derecho a la enfermedad

  1. >Antes de nada, bienvenido.¿Que me cuentas Arturo?. ¿Lo que estás diciendo es que a base de salir en los informativos en unos años, el sindrome Post Vacacional se convertirá oficialmente en trastorno,y por tanto en enfermedad?.Yo estoy apuntándome a la beatificación, a ver si subo a los altares con el SPPV, una nueva enfermedad catalogada por mí y que voy a tratar de convertir en enfermedad. Y tengo la cura, oye.Mas información aquí: http://psicologos-tenerife.blogspot.com/2008/09/dejemos-en-paz-los-nios-ii.htmlUn saludo.

  2. >Hola Jesús. No había pensado en el síndrome postvacacional pero ya que lo mientas, pues… también podría ser. A mi no me afecta. Hago la transición sin problemas. Procuro no depender de las vacaciones para sentirme razonablemente bien, sin exageraciones. Iremos entrando en harinas. De momento quería dejar constancia del problema de los padecientes sin papeles. Saludos

  3. >Arturo, te quería felicitar por esta entrada especialmente, que comparto totalmente, por lo valiente y arriesgada, he intentado mandártelo antes pero soy un desatre con la informática,es cosa de la psiquiatría. Yo aquí incluiría a tantos padecientes sin título "oficial" que luchan por hacerse un hueco como los de la neurastenia, el trastorno somatomorfo indiferenciado, disfunción vegetativa somatomorfa, trastorno de somatización…sólo hay que coger las clasificacíones nosológicas al uso, y empezar a leer. También vienen algunas nuevas, como las adiciones a internet, que darán mucho juego…

  4. >Paco: me obligas a recrear mis confusos recuerdos sobre Filosofía. A Foucault lo tenía bastante olvidado pero Wikipedia es un gran invento. Pues sí, algo hay de Foucault en los contenidos de la entrada, el tema del biopoder y demás… y no hay mejor forma que controlarnos que a través de la administración del conocimiento sobre el cuerpo. Ya no es el estado el que se ocupa de ello sino los mismos profesionales. El poder está desmembrado. No sé si eso es bueno o malo: centralismo versus autonomía… ya se sabe.

  5. >Marga, no te preocupes. A mi edad ya no hay ese tipo de riesgos. Está abierta la caja de los diagnósticos y el tema no pinta bien viendo cómo se las gastan los neuroprofesionales, dedicados a una taxonomía desmedida. Creo que ya se han descrito más de cien tipos de dolor de cabeza en la Clasificación Internacional de Cefaleas. Todos aspiran a describir un nuevo sub-subtipo de un sub-subtipo previo. Todo esto da sentido a nuestra profesión. Tendríamos que empezar a emplearnos a fondo contra nosotros mismos…Saludos

  6. >Detrás de los síntomas en psiquiatría hay siempre una teoría implícita, no podemos enuclear los síntomas del contexto cultural e histórico. Ya es hora de que reconozcamos el límite de las clasificaciones que no nos ayudan a comprender a la persona que tenemos enfrente, sea en psiquiatría, psicología, neurología o dermatologíaComo veo que teneis interés en la filosofía os mando una página web de unas jornadas que estamos organizando de historia y filosofía de la psiquiatría por si os interesa con el título "los umbrales de la locura"www.shfp.esGracias

  7. >Gracias Gustavo por la referencia. Tenemos mucha tela para cortar en este tema de los síntomas sin explicación médica. Espero que la blogosfera propicie ámbitos de integración. Saludos

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