>¿Falta de concentración?

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– Ultimamente no me concentro. Se me olvida todo. He perdido mucha memoria.

– Por ejemplo…

– Sin ir más lejos… el mes pasado… Lo recuerdo perfectamente… Había ido con mi cuñada…

Los relatos sobre «pérdida de memoria y falta de concentración» sorprenden por su precisión. Los olvidos son recordados con todo detalle. Todas las circunstancias del marco en el que se producen son referidos sin titubeos, como si se estuviera produciendo el lapsus en ese momento. La rememoración minuciosa del olvido, sorprendentemente, aumenta la zozobra y la convicción de que la memoria no anda bien.

– Recuerda usted muy bien los olvidos, señora…

– No me los puedo quitar de la cabeza. Todos los días tengo alguno. Ayer mismo…

Es difícil hacerles ver que su relato es una exhibición de buena memoria y mejor concentración… en la retención de episodios de olvido.

– No me parece normal. Antes no se me olvidaba nada. Lo tenía todo en mi cabeza y sacaba las tareas sin problemas. Ahora no me concentro. Comienzo con una cuestión y se me va la cabeza…

– ¿A dónde?

– No lo sé pero tengo que esforzarme para mantener la atención en lo que estoy haciendo.

La mente es una facultad muy disputada. Dispone de menos recursos de los que pensamos y los concentra en una sola tarea. Los ámbitos de relevancia pelean entre sí para hacerse con la atención.

A veces lo que preocupa es la calidad de la mente y esta no hace mas que mirarse al espejo tratando de captar arrugas y defectos. Mientras tanto, la casa sin barrer.

Si lo que le preocupa a la mente es su calidad, fijará obsesivamente su foco atencional en la detección de olvidos y en la capacidad de concentrarse en una tarea imposible: trabajar en el ordenador vigilando angustiadamente por si se producen fallos. Es como tratar de dar un concierto pendiente de lo que hacen los dedos. El pianista cometerá cada vez más fallos, que recordará perfectamente.

– Ya no recuerdo las partituras. No me concentro en la ejecución. De repente me quedo en blanco. Ayer mismo… en un pasaje que nunca me había dado problemas, no sabía…

– Olvídese de las manos y piense en música. Usted no toca el piano. Es su cerebro. Deje que sea él el que dé el concierto.

La obsesión por los resultados, la incertidumbre sobre nuestro organismo, desvía nuestra atención del contenido de las tareas a una inspección angustiada sobre la calidad del rendimiento. Nos concentramos en captar nuestros fallos. Perdemos automatismo. Sustituimos a nuestro cerebro para hacernos cargo de cuestiones para las que no estamos capacitados.

– Se me olvidó bajarme del autobús en mi parada.

– ¿En qué iba pensando?

– No me acuerdo. Se me olvida todo, ya le he dicho…

Cuando surge la desconfianza en la capacidad, se reorganizan los focos de atención. El cerebro se concentra en contabilizar fallos y deja de facilitar recursos para las tareas que nos interesan. Vemos la botella medio vacía. El problema deriva de una excesiva concentración en la función de vigilancia y retención de olvidos.

Demasiada concentración y memoria.

– Tiene que concentrarse menos. Olvídese de sus olvidos y recordará normalmente, es decir, sólo lo justo para poder trabajar. Lo ideal es librarse de todo lo irrelevante. Contabilizar minuciosamente su rendimiento intelectual es irrelevante. Sabemos que su capacidad es normal. Confíe.

– No me convence… Yo antes recordaba todo y no se me iba el santo al cielo o al infierno…

– Tiene razón. Su memoria ha empeorado. Ha perdido confianza. Sin ella no chuta.

– ¿No me puede dar nada para la confianza?

– Hay cuestiones que se escapan a la química…


2019-07-25 11.12.31

Publicado por arturo goicoechea

Neurólogo. Nacido en Mondragón, Guipúzcoa, en 1946. Jefe del Servicio de Neurología en el Hospital Santiago de Vitoria (Álava), España, hasta 2011, en la actualidad jubilado. Permanece activo como enseñante y divulgador de la aplicación de la Neurociencia al ámbito de la Neurología, especialmente referida a la migraña y al dolor crónico sin daño, impartiendo cursos y charlas y, desde hace una decena larga de años, a través de su blog.

8 comentarios sobre “>¿Falta de concentración?

  1. >Muy certero desenlace. Una de las dialécticas esenciales a mi entender en el no tan alejado campo de la psicoterapia es esa distinción entre la búsqueda de seguridad (certeza, control, supervisión –> ansiedad etc) y el acto de confianza (creo que dijo Chesterton: la salud mental es un acto de fe).

  2. >Pues sí… la desconfianza, la baja autoestima somática (estructural y funcional) hace estragos. Lo malo es que abundan los profesionales que promocionan la incertidumbre o, directamente, cualifican a la baja la integridad física para luego aparecer como restauradores. Lo curioso es la resistencia que muestran los pacientes a ser aprobados en el chequeo de sus facultades cognitivas.

  3. >A mi me gusta la idea del exceso de memoria cuando relata pormenorizadamente lo que dice que se le ha olvidado.La falta de atención es lo que hay detrás de esos supuestos fallos de memoria,porque uno está preocupado por algo por ejemplo como cuando llegas a casa y no sabes dónde has puesto las llaves. Si las sueles dejar en un cajón, lo abrirás varias veces tratando de encontrarlas, aunque sepas que no están. Así somos las personas. La solución, cambiar de estrategia. Lo mismo ocurre en psicoterapia. Qué estrategias ha utilizado para resolver el problema y no han funcionado. Sobre todo para no repetirlas. Y tolerar un grado de incertidumbre en la vida es la vida misma. y los conflictos, que muchas veces no son para solucionarlos, sino para vivir con ellosGracias, un saludoMarga

  4. >Estoy de acuerdo en que se trata de un problema de atención, pero, quizás en el sentido de una derivación de los recursos atencionales hacia la supervisión angustiada de la tarea más que hacia la tarea misma.La incertidumbre, efectivamente, es un ingrediente inevitable, y potencialmente saludable de la vida. Depende cómo la interioricemos. Gracias por participar. Saludos

  5. >Mis lapsus de memoria empezaron hace ya unos veinte días, si me pongo a pensarlo, seguro que hasta recuerdo el día exacto, cuál fue el primer lapsus, qué ropa llevaba ese día y hasta qué tomé en la cena, 😉 También sé el día exacto en que empecé con problemas gastrointestinales, y también recuerdo el primer día que me levanté con la cabeza tan espesa que no era capaz de pensar ni de coordinar movimientos y se me caían las cosas… Y también el día en que empecé a sentirme mareada… Y también cuándo empezaron los dolores de cabeza… Así que sé que mi problema como paciente (o padeciente) no es la memoria, sino el cúmulo de alarmas encendidas que tengo en estos momentos (la de la falta o dificultad de atención es "nueva" junto con las otras tantas…) y me temo me ha desbordado tanto síntoma "raro" y me ha inundado de nuevo la incertidumbre sobre mi organismo, ¿sano o enfermo…? Me quedo con lo de organismo sano y mente sana (aunque un poco "alterada" últimamente), así que tengo mucha tarea por delante tranquilizándome y apagando alarmas… Gracias.

  6. >Yo que tambien he perdido memoria con la edad nunca he pensado en que me estoy haciendo viejo, sino que me adhiero al viejo proverbio:"Cuanto más se sabe menos se necesita recordar", y yo creo que eso debe ser verdad cuando se han tomado varias bifurcaciones y uno ya no recuerda lo banal.

  7. >Somos víctimas, a veces, del afán acaparador,y queremos retenerlo todo. No echo de menos a la memoria si me encuentro a gusto con mi conocimiento, con mi sistema de creencias, unas consolidadas y otras abiertas al cambio. Suscribo tu comentario, Paco.

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